Capítulo 95
Aquella idea siempre había anidado en lo más profundo del corazón de Jimena, como una semilla venenosa que jamás se había atrevido a dejar germinar. Cada vez que Aurora presumía sus joyas costosas, ese pensamiento agitaba sus alas oscuras en la mente de Jimena, susurrándole promesas tentadoras.
Y ahora Anaís, con sus palabras certeras, había abierto esa compuerta prohibida, liberando un torrente de anhelos largamente reprimidos.
-Anais, ¿cómo puedes estar tan segura de que Benjamín va a caer? -la voz de Jimena tembló ligeramente al pronunciar el nombre del esposo de su hermana, el padre de Roberto.
Con un movimiento fluido, Anaís extrajo una pequeña botella de su bolso de diseñador.
-¿Has oído hablar de la trampa del amor? Hay un lugar exclusivo que se llama La Luna, donde la alta sociedad va a… divertirse. Puedo conseguir que entres y le des esto a Benjamín. Cuando despierte y te vea a su lado, ya será demasiado tarde -sus labios se curvaron en una sonrisa maliciosa-. Aunque también podrías aprovechar que Benjamín no es precisamente un santo; tiene un par de amantes a espaldas de Aurora.
“Aurora siempre ha sabido distinguir qué batallas pelear y cuáles dejar pasar“, pensó Jimena
con amargura.
“¿Y cómo podría un hombre infiel resistirse a una nueva aventura?”
La discreción de Aurora le había permitido mantener su posición intacta. Con Roberto ya siendo mayor y Anselmo vigilando cada movimiento, Benjamín no se atrevía a armar
escándalos con sus amantes.
Las palabras seductoras de Anaís encendieron una chispa en Jimena, quien tomó la botella con manos temblorosas y la guardó en su bolso como si fuera un tesoro.
-Anaís, más te vale cumplir tu palabra.
Una sonrisa enigmática se dibujó en el rostro de Anaís mientras se ponía de pie.
-Podemos actuar esta misma noche.
-Bien, esperaré tu aviso -respondió Jimena, intentando controlar el temblor de emoción que recorría su cuerpo.
Jimena se marchó primero, sus pasos resonando con determinación sobre el pavimento. Anaís permaneció sentada durante media hora más, saboreando su café ya frío. Al salir del establecimiento, una figura familiar bloqueó su camino: Aurora.
El semblante de Aurora se ensombreció al reconocerla.
-¿Anaís?
Todo lazo entre ellas se había roto hace tiempo, así que Anaís ni siquiera se molestó en fingir cortesía, girándose para marcharse.
1/3
14:23
Capitulo 95
-Anaís, estás por casarte con Víctor. ¿No sabes respetar a tus mayores? -la voz de Aurora vibraba de indignación.
Anaís se volvió, su mirada destilaba desprecio.
-¿Ese vino no te despertó? ¿Quién te crees para decidir sobre mi matrimonio?
La última vez que alguien se había atrevido a hablarle así a Aurora fue durante sus días como amante. Cuando alguien alcanza la cima, naturalmente prefiere olvidar sus días entre el fango, especialmente cuando esos recuerdos carecen de dignidad.
Pero Anaís, con sus dos actos de rebeldía, había tocado precisamente las fibras más sensibles
de Aurora.
-En unos días sabrás si tengo o no el poder para decidir sobre tu boda.
Una sonrisa apenas perceptible se dibujó en los labios de Anaís.
-En unos días, tú tampoco tendrás tiempo para ocuparte de mi boda.
Aurora no captó el significado oculto en aquellas palabras y, con un resoplido desdeñoso, decidió ignorarla.
Tras la partida de Anaís, Aurora marcó el número de su hermano.
-Víctor, asegúrate de enseñarle quién manda desde el primer día de matrimonio.
-Tranquila, hermana. La volveré muy obediente.
Víctor se pavoneaba por todos lados presumiendo que Anaís sería su futura esposa. Incluso le había dicho a Leopoldo que podrían compartirla.
-Cuando me aburra de ella, podrás tenerla cuando quieras.
Pero Leopoldo solo tenía ojos para Bárbara y Anaís no despertaba su interés.
Esa noche, Anaís contemplaba la posibilidad de pedirle ayuda a Fabiana para facilitar la entrada de Jimena. La Luna era un establecimiento sumamente exclusivo, con políticas de admisión estrictas. Aparte de Fabiana, no tenía a quién más recurrir.
Al teléfono, Fabiana se mostró dubitativa, y Anaís no quiso ponerla en una situación comprometedora.
Tras colgar, se quedó momentáneamente paralizada, sin opciones aparentes. Mientras deslizaba el dedo por la pantalla de su celular, se detuvo casualmente en el nombre de Efraín.
Como por arte de magia, en ese preciso instante, Efraín le envió una dirección: La Luna.
Los ojos de Anais brillaron con renovado interés mientras respondía de inmediato.
[De acuerdo.]
Supuso que Efrain probablemente estaba del otro lado, en alguna reunión social, quizás algo
14:23
Capitulo 95
pasado de copas. Con Lucas ausente, ella tenia la autoridad suficiente para ir a recogerlo.
Sin perder tiempo, llamó a Jimena para que la acompañara.
En La Luna, el acceso se manejaba mediante un sistema de membresía exclusiva. Aunque Anaís solía ser miembro, su reputación se había visto manchada por los constantes escándalos provocados por Roberto. Cada visita terminaba en conflicto, por lo que se le había prohibido llevar acompañantes.