Capítulo 10
Un brillo de satisfacción cruzó los ojos de Iris al mencionar la cancelación de la tarjeta. Su rostro, sin embargo, mantenía esa máscara de preocupación que había perfeccionado con los años.
“No tienes ni un peso de los Galindo, Isa. Solo puede haber una hija en esta familia, y esa soy yo.” La amenaza flotaba bajo la superficie de sus palabras dulces.
Iris jugueteó con un mechón de su cabello, fingiendo preocupación.
-Pero si le cancelan la tarjeta a Isa, ¿cómo va a sobrevivir? -Su voz destilaba falsa compasión. Estos dos años ha vivido de la familia, ni siquiera tiene trabajo.
Valerio apretó la mandíbula con irritación.
-Ya déjalo, Iris. No la defiendas tanto, ya es hora de que aprenda.
Iris dirigió una mirada calculada hacia Carmen, como buscando aprobación.
Carmen asintió con firmeza.
-Hazle caso a tu hermano. Ya es hora de que aprenda a comportarse como una señorita de
sociedad.
El solo pensar en el carácter rebelde de Isabel le provocaba jaqueca. No creía que su hija pudiera superar tan fácilmente lo de Sebastián. Después de todo, el escándalo de hace dos años había sido por él.
Los rumores decían que el accidente había sido obra de Iris, todo por celos hacia Sebastián. La mirada de Iris se deslizó hacia él, estudiando su reacción.
Sebastián frunció el ceño pero permaneció en silencio, su postura evidenciando que estaba de
acuerdo con la decisión.
Carmen se inclinó hacia Iris con genuina preocupación maternal.
-¿Cómo sigue tu tobillo, mi amor? ¿Es grave?
Iris negó suavemente con la cabeza.
-No es nada serio. Sebastián insistió en venir al hospital -Su voz era un murmullo dulce.
-Más vale prevenir. Tu papá ya arregló que te vea el mejor especialista, van a hacerte un chequeo completo.
Los ojos de Iris se humedecieron con lágrimas contenidas.
-Gracias, mamá.
-No tienes que agradecer, mi niña.
La gratitud de Iris solo sirvió para enternecer más a Carmen. Mientras todos se desvivían por
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Capítulo 10
cuidar a Iris, planeaban el castigo perfecto para Isabel.
Acordaron cancelar su asignación mensual de veinte mil pesos, seguros de que esto la haría recapacitar sobre su enfrentamiento con Iris. Después de todo, estaban convencidos de que Isabel amaba profundamente a Sebastián y que todo esto era solo un berrinche pasajero.
Esta vez no le darían ni la oportunidad de salirse con la suya.
Isabel había pasado la tarde entera sumergida en una reunión en su estudio. El nuevo proyecto era monumental, un verdadero parteaguas en el mundo del diseño. Como siempre, se entregaba por completo a su trabajo.
Era crucial mantener satisfecho a su principal inversor.
Al salir del edificio a las seis, la voz sorprendida de Paulina cortó el bullicio de la hora pico.
-¿lsa? ¿Eres tú?
El lobby estaba atestado de gente saliendo de la oficina. Isabel se giró para encontrarse con su amiga, que ya estaba a su lado.
-¿Qué haces por aquí? -Los ojos de Paulina se entrecerraron con preocupación-. No me digas que andas buscando trabajo.
Los tres edificios albergaban principalmente oficinas corporativas y pequeñas empresas.
-Te ofrecí dinero y no lo aceptaste, ¿y ahora andas desesperada buscando chamba?
Isabel esbozó una sonrisa misteriosa.
-Vamos a cenar y te cuento todo.
No era algo que pudiera explicarse en dos palabras, considerando que Paulina no sabía nada sobre su estudio.
Eligieron un restaurante de barbacoa cercano. Media hora después, Paulina escuchaba boquiabierta la revelación de Isabel.
-¡Mira nada más qué guardadito te lo tenías! ¿Cómo es que yo no sabía nada?
Si ella, siendo su mejor amiga, no lo sabía, era obvio que ni los Galindo ni Sebastián tenían
idea.
Isabel se encogió de hombros con naturalidad.
-No era algo que tuviera que andar pregonando. Nunca salió el tema.
-Tiene lógica -reflexionó Paulina.
Después de todo, se habían conocido en el extranjero y sus conversaciones siempre giraban en torno a temas más personales. No solo Isabel; cuando Paulina hablaba de su trabajo, eran apenas comentarios al paso.
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Capítulo 10
-¿Y dices que lo abriste hace un año?
Isabel asintió mientras daba un sorbo a su bebida.
-¿Y qué tal te ha ido? -La pregunta más importante-. ¿Da para vivir?
Era crucial saber si Isabel tenía independencia económica. Con dinero propio, no tendría que agachar la cabeza ni ante los Allende ni ante Sebastián.
-Algunos millones, tal vez.
La mandíbula de Paulina casi toca la mesa.
-¿Un estudio de diseño turístico genera tanto? ¿Y apenas en el primer año?
La mayoría de los estudios pequeños consideraban un logro no perder dinero en su primer año, y aquí estaba Isabel, hablando de millones como si nada.
-Si lo haces bien, claro que deja -Isabel bajó la voz-. Pero ni una palabra de esto a nadie, ¿eh?
-Por supuesto.
Paulina asintió con complicidad. Conocía bien a Iris y su costumbre de querer arrebatarle todo a Isabel. Además, recordaba que Iris también se dedicaba a eso. Y Sebastián, con su carácter controlador, podría intentar algo ahora que estaban peleados.
-Entonces ya no tienes que hacerles tanto caso -concluyó Paulina-. Están tratando de presionarte con el dinero para que cedas.
¿Qué otra explicación había para cancelarle todas las tarjetas? Era obvio que querían obligar a
Isabel a olvidar el incidente con Iris.
Todo por una hija adoptiva. Esa familia realmente se estaba pasando de la raya.
-¿Y Andrea sabe algo del estudio?
-No, hace mucho que no la veo -Isabel negó con la cabeza-. Siempre que llamo está ocupada en el hospital.
Andrea era amiga cercana de ambas, una ginecóloga brillante con una carrera meteórica.
-Normal -Paulina asintió comprensiva-. Es la más ocupada de las tres. Yo tampoco la he
visto en un mes.
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