Capítulo 11
La mención de Andrea encendió una chispa en Paulina.
-Oye, ahora que me acuerdo -Sus ojos brillaron con interés. La última vez que hablé con Andrea me contó que en el hospital aprobaron unas pastillas nuevas para bajar de peso. ¿Me acompañas mañana a ver qué onda?
Isabel dio un sorbo a su Coca Cola mientras estudiaba la figura de su amiga con una ceja arqueada.
-¿Y tú para qué quieres eso? -Su tono destilaba incredulidad-. Si estás perfecta.
-No son para mí -Paulina hizo un gesto despreocupado con la mano-. Mi primo ya pesa como doscientos kilos, está que se muere por bajar de peso.
Isabel suspiró con resignación.
-Va, te acompaño.
En su opinión, la gente debería disfrutar más la vida y preocuparse menos por su apariencia, especialmente por el peso. Cuando empiezas con esa obsesión por adelgazar, todo se vuelve un martirio: no puedes comer bien, nada de ropa te queda, y terminas odiándote a ti mismo.
De vuelta en su apartamento, Isabel contempló con desgana el montón de bolsas de compras esparcidas sobre el sofá, que no había tenido tiempo de ordenar. Se dejó caer junto a ellas y sacó distraídamente un recibo, sus ojos fijos en el número de cuenta.
El zumbido de su celular interrumpió sus pensamientos. En la pantalla brillaba el nombre de la secretaria de Patricio Galindo. “Cuando esta gente llama, nunca es por nada bueno“, pensó mientras rechazaba la llamada sin contemplaciones.
Segundos después, el número personal de Patricio iluminó la pantalla. Isabel volvió a ignorar la llamada con la misma indiferencia.
En la mansión Galindo, Patricio fulminó a Carmen con la mirada cuando Isabel rechazó su segunda llamada.
-¿No habíamos quedado en que Iris debía mantenerse alejada de ella?
Carmen retorció nerviosa su pañuelo de seda.
-Esta vez no fue culpa de Iris, ella… -Su voz se apagó, incapaz de encontrar una justificación válida.
Patricio observó las fotos virales en su celular: Sebastián e Iris juntos en el hospital, las redes sociales ardiendo con especulaciones.
Capítulo 11
-¿El prometido de mi hermana llevándola al hospital? -Su voz cortaba como un cuchillo-. ¿En qué estaban pensando?
-Yo… -Carmen balbuceó.
-Le conseguí un especialista, ¿para qué necesita a Sebastián?
La furia de Patricio era palpable. Aunque compartía el resentimiento hacia los Bernard por su rechazo a Iris dos años atrás, al menos él mantenía la cabeza fría. Ahora que Sebastián era el prometido de Isabel, cualquier contacto con Iris era dinamita pura.
Carmen se defendió débilmente.
-Pero está tan malita… Solo quería hacerla sentir mejor -Sus ojos se humedecieron-. Han sido amigos desde la secundaria, es normal que se tengan cariño.
-¿Cariño? -Patricio soltó una risa seca-. ¿Me estás hablando de cariño ahora? ¿Te parece que deberían tener ese tipo de “cariño“?
Carmen guardó silencio, mordiendo su labio inferior. La lógica era clara, pero el corazón rara vez escucha razones.
Patricio se giró hacia su secretario.
-Prepara el auto.
-¿A dónde vas a estas horas? -Carmen consultó su reloj con preocupación.
-A los Apartamentos Petit.
-Voy contigo.
-Ni lo pienses -La cortó Patricio-. Solo vas a terminar peleando con ella.
El comentario hirió a Carmen.
-¿Yo soy la del problema? -Su voz tembló de indignación-. Ella es la que siempre me está retando. No has visto cómo se porta, como si viniera a cobrarnos algo.
-¿Y no tiene derecho? -Patricio la miró fijamente-. La abandonamos todos esos años, ¿qué esperabas?
A diferencia de Carmen, Patricio cargaba el peso de la culpa en su conciencia. Carmen se quedó sin palabras.
Antes de salir, Patricio se detuvo en seco.
-¿Le bloqueaste la tarjeta otra vez?
-Pues… sí -Carmen alzó la barbilla, desafiante.
-¿Te volviste loca? -Los ojos de Patricio echaban chispas-. ¿Justo cuando Iris regresa? ¿Quieres empeorar todo?
-¡Pero si vieras cómo me habló hoy! Yo solo…
2/3
Capítulo 11
-¡Desbloquéala ya!
La orden de Patricio no admitía discusión. Carmen cedió a regañadientes.
-Está bien, mañana en cuanto abra el banco les llamo.