Capítulo 115
El sonido de tacones sobre el piso del hospital resonó en el pasillo. Isabel apareció ante ellos, imponente en su abrigo beige, con una sonrisa irónica bailando en sus labios. Sus manos descansaban casualmente en los bolsillos, pero su postura era la de un depredador que acaba de acorralar a su presa.
Carmen, Sebastián y Valerio sintieron que el aire abandonaba sus pulmones. La sangre se les heló en las venas al ver a Isabel acercarse con paso despreocupado, seguida de Lorenzo, cuya palidez no ocultaba su evidente disposición a la violencia.
“Qué retorcido“, pensó Lorenzo, observando la escena. “Amenazar así a su propia sangre…”
Isabel se plantó frente a Carmen, alzando una ceja con desprecio.
-Así que planeando un secuestro, ¿eh? ¿Todo por Iris? -Su voz destilaba un veneno amargo.
Carmen sintió que el suelo se movía bajo sus pies. Sus dedos se crisparon, mientras su mente buscaba desesperadamente una salida. De todas las coincidencias posibles…
Tomó aire, intentando recuperar el control.
-Isabel, por favor. Solo haz que Andrea y Mathieu regresen.
Una risa seca escapó de los labios de Isabel.
-¿O qué? ¿Van a matarme? -Su mirada se endureció-. Porque eso es lo que estaban planeando, ¿no? Secuestrarme para forzarme a llamarlos.
El silencio que siguió fue ensordecedor. Carmen se encontró sin palabras ante la mirada glacial de Isabel. ¿Qué podía decir cuando acababan de descubrirla planeando algo tan atroz contra su propia hija?
Valerio, con el rostro contorsionado por la furia, dio un paso al frente.
-¡Ya basta! -rugió, empujando a Isabel-. ¿Así es como tratas a tus mayores?
En un parpadeo, Lorenzo atrapó a Isabel antes de que perdiera el equilibrio. Sin perder un segundo, su pierna se disparó como un resorte hacia el estómago de Valerio.
El impacto arrancó todo el aire de los pulmones de Valerio. Se dobló sobre sí mismo, el rostro ceniciento por el dolor.
-Tú…
… -apenas pudo balbucear.
Carmen corrió hacia él, sosteniéndolo antes de que cayera. Su máscara de autoridad se había desvanecido, reemplazada por puro pánico.
-¿Pero qué haces? -chilló.
La mirada de Sebastián se clavó en Lorenzo como un par de dagas envenenadas. Sus ojos brillaban con una mezcla de celos y furia asesina.
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Capítulo 115
“¿Otro más?“, pensó, apretando los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos. “¿Cuántos hombres más van a aparecer en su vida?”
-Isabel -Su voz cortó el aire como un látigo-.. Ven aquí. Ahora.
Lorenzo inclinó la cabeza, estudiando a Sebastián con la calma de un depredador evaluando a
su presa.
-¿Quieres que nos enfrentemos? -preguntó con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Sebastián se quedó sin palabras. ¿Enfrentarse? Primero golpea a Valerio, ¿y ahora lo amenaza a él? La ira le nubló la vista.
-¡ISABEL! -rugió, sus dientes rechinando.
La tensión en el aire era asfixiante. Isabel recorrió con la mirada el rostro amoratado de
Sebastián, deteniéndose en su muñeca enyesada.
-Mejor déjalo -dijo con voz suave, pero cargada de desprecio-. Ya ha recibido suficientes golpes estos días.
Sebastián sintió que la humillación le quemaba las entrañas.
-Vamos a ver a Montserrat Llorente -sugirió Lorenzo.
-De acuerdo.
Pasaron junto a Valerio y Carmen como si fueran invisibles, sus pasos resonando en el pasillo vacío.
-¡lsabel, detente! -La voz de Carmen sonaba al borde de la histeria.
Ver a Valerio retorciéndose de dolor en el suelo había sido la gota que derramó el vaso. Dos años de tensión y resentimiento estaban a punto de estallar.
Isabel se detuvo, girando lentamente.
-¿Qué quieres ahora?
-Haré lo que sea -La voz de Carmen temblaba-. Cualquier condición que pongas, la aceptaré. Solo haz que regresen.
Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Isabel.
-La señora Galindo sí que sabe cómo doblar la espalda cuando le conviene, ¿no? -Su voz goteaba sarcasmo-. Igualita a mi madre. Hace un momento planeaba secuestrar a su propia hija, y ahora… ¿ahora viene con súplicas?
Carmen se ahogó bajo el peso de esa mirada cargada de desprecio. El aire se volvió denso, irrespirable, mientras el silencio se extendía como una mancha oscura entre ellas.
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