Capítulo 116
El tiempo se agotaba para Iris. La urgencia pesaba en el aire como una losa.
Carmen se hundió en su asiento, su rostro contraído por la culpa y la desesperación.
-Lo siento tanto… todo esto es mi culpa -Sus manos temblaban mientras se aferraba al reposabrazos-. Perdóname, Isabel.
No había rastro de su habitual arrogancia. Por primera vez, se rendía incondicionalmente. Todo
por Iris.
Isabel la observó con una mirada severa, su postura erguida y distante.
-Sí, te equivocaste -Su voz era afilada-. Mi abogado te contactará. Solo firma los documentos cuando lleguen.
“Documentos para cortar lazos“, pensó, sintiendo un peso liberarse de sus hombros. “Esta familia solo trae desgracia“.
Sin más palabras, dio media vuelta y se alejó con Lorenzo, sus tacones resonando en el pasillo del hospital.
Carmen sintió que el aire se volvía más denso con cada paso que Isabel se alejaba. El dolor en su pecho se intensificaba, como si una mano invisible le estrujara el corazón.
Valerio se incorporó lentamente del suelo, su rostro pálido por el dolor que aún pulsaba en su abdomen. Sus ojos seguían fijos en la dirección por donde había desaparecido la pareja.
-Ese tipo debe ser profesional -masculló entre dientes-. Se siente como si me hubiera reventado algo por dentro.
Una arruga profunda se formó en su frente.
-¿Qué documentos quiere que firmes?
Carmen permaneció en silencio, su mente repitiendo las palabras de Isabel sobre cortar lazos. La furia burbujeaba bajo su superficie aparentemente tranquila.
Valerio apretó los puños, su voz teñida de veneno.
-Mírenla ahora, rodeada de hombres poderosos y queriendo cortarnos de su vida -escupió las palabras-, Ya verá, Cuando todo se derrumbe, no habrá vuelta atrás.
Carmen asintió en silencio, compartiendo su amargura.
-¿Qué vamos a hacer? -Su voz apenas un susurro.
-Firma lo que sea. Lo importante es que Andrea y Mathieu vengan a ver a Iris -respondió Valerio sin dudar-. Ya encontraremos la manera de lidiar con Isabel cuando sepamos más
sobre sus nuevos… protectores.
Carmen asintió, derrotada.
Capítulo 116
-No nos queda otra opción.
…
El auto se deslizaba suavemente por las calles hacia la residencia de Montserrat. Lorenzo no podía evitar lanzar miradas furtivas a Isabel.
-Pregunta lo que quieras -dijo ella finalmente, sin apartar la vista de la ventana.
-No lo entiendo -Lorenzo frunció el ceño-. Tú no eres de las que se quedan calladas ante el abuso. ¿Por qué has aguantado tanto?
Lorenzo había pasado suficiente tiempo con Esteban para saber que Isabel había sido su princesa, protegida de cualquier injusticia.
-¿Aguantar? -Una sonrisa amarga curvó sus labios-. No he sufrido ninguna injusticia.
-Con tu carácter, deberías haberlos mandado al diablo hace años -insistió Lorenzo-. ¿Cómo llegaste incluso a comprometerte con Sebastián?
Isabel giró hacia él, sus ojos oscurecidos por recuerdos dolorosos.
-¿Te has preguntado por qué dejé a los Allende? ¿Por qué me alejé de mi hermano?
Su voz se quebró ligeramente al mencionar a la familia Allende. Aunque el tiempo había pasado, la herida seguía fresca.
“Fueron los días más oscuros de Esteban“, pensó, su corazón encogiéndose ante el recuerdo. “Quería estar a su lado, enfrentar todo juntos. Pero no podía…”
-¿Fue por la gente de los Méndez? -preguntó Lorenzo suavemente-. ¿Los que te vigilaban desde las sombras?
Isabel bajó la mirada hacia su palma, donde una delgada línea blanca marcaba su piel. Sus dedos trazaron inconscientemente la cicatriz mientras susurraba:
-Sí.
En ese simple monosílabo se escondía una historia de dolor y sacrificio que nunca había compartido completamente con nadie.
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