La Heredera 127

La Heredera 127

Capítulo 127 

La fachada de serenidad de Iris se desmoronó, dejando al descubierto una ira cruda que le quemaba las entrañas. Sus dedos se crisparon alrededor del teléfono mientras las palabras brotaban de su garganta como veneno

-¿Te parece poco cien mil pesos? -sus.nudillos se tornaron blancos por la presión. ¿De dónde diablos quieres que saque un millón

¡Cien mil pesos!El pensamiento resonaba en su cabeza como un martillo. Ya era una cantidad considerable, y las cuentas entre ellos se habían saldado hace tiempo. Ahora esta persona regresaba como un fantasma del pasado para atormentarla cuando más vulnerable 

se sentía

-No me importa la voz al otro lado del teléfono destilaba una frialdad calculada-. Quiero un millón, y si no me lo das , se lo voy a pedir a Isabel. Estoy seguro de que ella estará más que dispuesta

El aire abandonó los pulmones de Iris. La sola mención de Isabel fue como un puñetazo en el estómago, dejándola sin aliento y con una sensación de pánico que le trepaba por la garganta. -Señorita Galindo, si no estuviera desesperado, no estaría haciendo esto

Sus uñas se clavaron en la palma de su mano libre

-¿Y eso qué? ¿Si no tienes salida, yo debo tenerla? -su voz se quebró con una mezcla de rabia y desesperación—. ¡Tengo cáncer, tres tipos! ¡Me estoy muriendo! ¿Y todavía tengo que aguantar tus amenazas

El grito resonó contra las paredes blancas de la habitación del hospital. Había regresado del extranjero buscando refugio bajo el amparo de la familia Galindo, anhelando estar cerca de Sebastián. Pero esta llamada había hecho añicos cualquier esperanza de paz

-Ya es bastante malo estar enferma como para que encima vengas a amenazarme

Su voz se suavizó, destilando una vulnerabilidad calculada que viajó a través de las ondas telefónicas. El silencio al otro lado de la línea le dio una pizca de esperanza

-Estoy al borde de la muerte -continuó, su voz apenas un susurro-. ¿Crees que me importan los errores del pasado

El peso de la autocompasión y la impotencia flotaba en el aire. Cualquier otra persona habría sucumbido ante semejante muestra de fragilidad, pero el hombre al otro lado de la línea permaneció impasible

-Entonces -respondió con voz gélida-, use el tiempo que le queda, señorita Galindo, paral conseguirme ese millón

Los ojos de Iris se dilataron por la sorpresa. Su máscara de víctima se agrietó por un instante, revelando el horror ante la crueldad de su interlocutor

Capítulo 127 

-¡Lo necesito de verdad

La frialdad en la voz del hombre pulverizó cualquier esperanza que pudiera quedarle. Sus tácticas, tan efectivas con los Galindo, habían fallado miserablemente

-¿Me quieres matar? -susurró, un último intento desesperado

-Si mueres, la familia Galindo podrá comprarte una buena tumba

Iris sintió que la sangre le hervía en las venas

-¡Eres un maldito desgraciado

Su grito resonó por todo el pasillo del hospital, cargado con toda la frustración y el odio que 

sentía

Sebastián emergió del ascensor justo a tiempo para presenciar una escena que le heló la sangre. Carmen sostenía su teléfono con manos temblorosas, su rostro contorsionado por la incredulidad y la rabia

-¿Quieres que firme un documento para desheredarme? -su voz se quebró-. Isabel, ¿cómo puedes ser tan cruel

Así que va en serio, pensó Sebastián, observando cómo Carmen temblaba de pies a cabeza. La amenaza de desheredación que había parecido una bravata vacía se materializaba ahora en documentos legales

-El abogado ya llevó los papeles al hospital -la voz de Isabel, cortante, surgió del altavoz-. Te está esperando

Carmen se tambaleó como si hubiera recibido un golpe físico. No había ni un rastro de emoción en la voz de su hija, ni una pizca de la conexión que alguna vez compartieron

Tantos años de amor y cuidados, pensó Carmen con amargura. ¿Su hija nunca la había querido realmente? La idea le oprimía el pecho como una garra helada

-Después de cortar lazos con la familia Galindo, ¿qué crees que vas a ser? -el veneno en la voz de Carmen goteaba con cada palabra-. Esos hombres te protegen ahora porque eres la novedad, pero cuando se les pase y vean que no estás a su nivel, te van a dejar botada

La relación madre e hija pendía de un hilo, y Carmen, inexplicablemente, se aferraba a él con desesperación

-Si me van a abandonar o no, eso ya no es asunto tuyo -la voz de Isabel cortó el aire tajante-. Lo mejor es que firmes esos documentos y acabemos con esto de una vez

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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