Capítulo 131
El corazón de Iris dio un vuelco violento. Sus dedos se crisparon sobre la sábana mientras intentaba mantener la compostura.
-Yo… ese dinero… ¡me lo robaron con una estafa!
-¿Qué? Tú… -Carmen se llevó una mano al pecho, atónita.
Una sombra cruzó por los ojos de Sebastián, su mirada volviéndose insondable. Nadie podía adivinar los pensamientos que se arremolinaban tras ese rostro impasible.
Valerio, por su parte, dejó escapar una risa seca.
-¿Te estafaron? Con razón estabas tan alterada. ¿Por eso querías mandar a alguien a la
cárcel?
El pulso de Iris se disparó. Sus manos temblaban mientras asentía frenéticamente.
-Si, me timaron cien mil pesos. Estaba furiosa.
Carmen exhaló con alivio, sus hombros relajándose visiblemente.
-Solo fueron cien mil. No vale la pena alterarse tanto por eso.
Valerio se acercó a Iris y le acarició el cabello con gesto protector.
-Exacto, solo fue una estafa. La próxima vez no contestes llamadas de números desconocidos.
La explicación pareció convencer tanto a Carmen como a Valerio, pero Sebastián permanecía en silencio, su mirada afilada clavada en Iris como un láser.
-Sebas, ¿qué pasa? -la voz de Iris tembló ligeramente.
La intensidad en los ojos de Sebastián la hacía dudar si realmente había creído su historia.
-Nada -Sebastián se pasó una mano por el rostro-. Tengo asuntos pendientes. Me voy, pero llámame si necesitas algo.
-Ah, está bien.
Iris asintió, conteniendo el aliento. No se atrevió a decir más, temiendo que cualquier palabra extra pudiera ser la gota que derramara el vaso.
En el pasillo del hospital, Isabel y Lorenzo se apartaron rápidamente al ver salir a Sebastián, pero no lo suficientemente rápido. Él los alcanzó en tres zançadas.
Los tres compartieron un incómodo viaje en ascensor. La presencia de Lorenzo junto a Isabel ensombreció aún más el semblante de Sebastián.
“Un hombre diferente cada día“, pensó con amargura. “Esta maldita mujer…”
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Capitulo 131
El timbre del ascensor rompió la tensión. Isabel y Lorenzo se apresuraron a salir, pero una mano se cerró como una garra alrededor de la muñeca de Isabel.
Sus ojos destellaron con furia mientras se giraba hacia Sebastián.
-¡Suéltame!
-¿De verdad vas a cortar todos los lazos con la familia Galindo?
Siempre había pensado que eran berrinches, palabras vacías arrojadas al aire en momentos de rabia. Pero ahora, con documentos legales en manos de Carmen y un abogado materializado como por arte de magia…
El abogado se acercó con una reverencia formal.
-Señorita.
-Proceda. Y que sea definitivo -la voz de Isabel fue contundente.
La mano de Sebastián se cerró con más fuerza.
-¿Por qué? ¿Todo esto es por Iris?
-¿El cubetazo de agua no fue suficiente para despertarte? -Isabel soltó una risa seca-. ¿Todavía necesitas que te explique?
Sebastián apretó la mandíbula, la mención del incidente del agua oscureciendo aún más su expresión.
“Esta maldita mujer… ¿Qué ven en ella?“, pensó con amargura.
Antes de que pudiera decir más, sintió una presión en su muñeca que amenazaba con triturarle los huesos.
-Señor Bernard, suéltela -la voz de Lorenzo era suave pero cargada de amenaza.
Sebastián le lanzó una mirada asesina.
-¿Qué, quieres pelear? -Isabel arqueó una ceja, su voz goteando desprecio.
Después de un momento que pareció eterno, Sebastián la soltó. Isabel se alejó junto a Lorenzo sin mirar atrás, su andar decidido y orgulloso.
Sebastián la observó marcharse, su figura recortándose contra la luz del pasillo. No había duda. ni vacilación en sus pasos, ni un solo momento de nostalgía o arrepentimiento. Se había ido, definitivamente.
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