Capítulo 133
Isabel había ido demasiado lejos esta vez con su lengua afilada. Del otro lado de la línea, Sebastián ni siquiera podía articular una respuesta coherente. Así era ella: le decían una cosa y ya tenía preparada una avalancha de respuestas mordaces.
La cabeza le daba vueltas, el dolor era insoportable. Sin embargo, Isabel no había terminado con él.
-Mejor vete con un doctor–su voz destilaba veneno puro-. Tener el cerebro así de revuelto… neta que es el colmo.
Sin esperar respuesta, cortó la llamada de golpe, dejando a Sebastián con la palabra en la boca.
Mientras tanto, Sebastián conducía hacia el hospital, sus nudillos blancos de tanto apretar el volante. El comentario de Isabel sobre su mente hecha un lío lo había enfurecido tanto que sentía la necesidad de golpear algo. Justo antes, Carmen le había llamado histérica para decirle que Iris se había escapado del hospital.
Se masajeó la sien con una mano, intentando aliviar la migraña que amenazaba con partirle la cabeza en dos. La simple idea de Iris, quien apenas podía mantenerse en pie, escapando del hospital, le revolvía el estómago. Era como si ella no valorara su propia vida.
-José Alejandro…
-¿Sí, señor?
Sebastián apretó la mandíbula, las palabras atoradas en su garganta.
-¿Tú crees que Isabel ella…?
No pudo terminar la frase. ¿Ella qué? Incluso mencionar su nombre en este momento solo aumentaba el caos en su mente. Los rostros de aquellos hombres no dejaban de atormentarlo. ¿Cuál de todos sería su verdadero amor? ¿Mathieu? ¿O ese otro que había ido a buscarla hoy? Todo era un remolino confuso de celos y dudas.
Al llegar al hospital, encontraron a Carmen hecha un mar de lágrimas, respirando entrecortadamente.
-¡Mira nada más cómo estás! -exclamó entre sollozos. ¿Y aun así te sales? ¿Ya no quieres vivir, o qué?
Iris bajó la mirada, sus delicadas manos retorciendo la sábana.
-Perdóname, mamá -murmuró con voz quebrada-. No quería preocuparte.
-Si te pasa algo, ¿qué vamos a hacer? -Carmen se llevó una mano al pecho-. ¡Ni siquiera puedes caminar bien!
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Capitulo 133
Cuando la encontraron, Iris estaba desplomada en el borde de una jardinera, jadeando por aire como un pez fuera del agua. Intentó explicarse, pero las palabras se le atoraron en la garganta. La frustración brillaba en sus ojos: quería ir tras ese hombre, acabar con él… pero había subestimado lo débil que estaba su cuerpo.
Carmen se volvió hacia Sebastián, sus ojos suplicantes.
-Sebas, por favor habla con ella -rogó-. Dile que no haga locuras. Hoy casi me mata del
susto.
Ver a Iris en ese estado era como una daga en el corazón para Carmen. Sebastián asintió en
silencio.
-Voy a ver si te traen algo de comer -dijo Carmen, poniéndose de pie-. Todo esto ya se enfrió. Cuando trajeron la comida y descubrieron la cama vacía, el hospital se había convertido en un caos de enfermeras y guardias buscándola.
Carmen salió, dejándolos solos. Las lágrimas brillaban en los ojos de Iris mientras miraba a
Sebastián.
-Perdóname -susurró-. No quería angustiarte.
Sebastián arrastró una silla junto a la cama y exhaló pesadamente.
-¿Por qué te escapaste así? -su voz sonaba cansada-. ¿No te das cuenta de que la señora Carmen y todos estamos preocupados por ti?
Iris agachó la cabeza, dejando que las lágrimas corrieran libremente por sus mejillas.
-Ya no aguanto este olor, Sebas -su voz temblaba-. No tienes idea de la desesperación que
siento cuando respiro este desinfectante.
Sus hombros se estremecieron con un sollozo contenido.
-Desde que entré aquí, me siento como si estuviera enterrada viva. Tengo miedo… miedo de no volver a sentir el sol en mi piel. Ya no quiero estar en el hospital, ya no puedo más…
Solo aquellos que han estado postrados en una cama de hospital por largo tiempo pueden entender esa clase de desesperación. Iris estaba atravesando su propio infierno. No quería que Isabel fuera feliz, pero la verdad era que ella misma estaba sumida en la miseria.
Sebastián frunció el ceño al escucharla hablar del olor del hospital, ese aroma artificial y estéril que parecía impregnarlo todo.
-Aun así, no debiste haberte escapado.
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