Capítulo 135
Isabel contempló la situación con una mezcla de hastío y resignación. No solo el cerebro de Sebastián parecía estar nublado por Iris, sino que toda la gente a su alrededor se había vuelto igual de inútil. Incluso habían involucrado a un anciano de 66 años, un dato que ella ni siquiera sabía cómo habían conseguido.
El sonido de pasos familiares interrumpió sus pensamientos. Esteban la observaba desde el marco de la puerta, sus ojos oscuros estudiándola con preocupación.
-¿No dijiste que volverías en dos horas? -Isabel alzó una ceja, genuinamente sorprendida-. ¿Por qué regresaste tan pronto?
Recordó la llamada donde él incluso le había insistido que se fuera a dormir temprano.
Esteban se acercó, su expresión una mezcla de diversión y preocupación.
-¿Has estado perdiendo el control por las noches últimamente?
Isabel parpadeó confundida.
-¿¿??
Una sonrisa apenas perceptible se dibujó en los labios de Esteban.
-Ya estás grandecita, ¿no te preocupa subir de peso por andar comiendo tanto en la noche?
Isabel se quedó boquiabierta al comprender que su hermano había vuelto corriendo solo porque estaba preocupado de que ella pudiera enfermarse por comer demasiado. Un calor familiar se expandió en su pecho.
Frunciendo el ceño, intentó mantener su fachada de molestia.
-¿Me estás diciendo que regresaste solo por eso?
-¿Te parece poco? ¿Qué otra razón necesitaría?
Isabel guardó silencio, abrumada por el gesto.
“¡Más que suficiente!“, pensó, mientras una oleada de emoción la invadía.
Sus hombros se relajaron y su voz se suavizó.
-Es que… antes no comía muy bien que digamos murmuró, casi inaudible.
-¿Mmm? -Esteban se inclinó para escucharla mejor.
-No, nada, olvídalo.
Rápidamente, Isabel se refugió en el pecho de su hermano, ocultando su rostro para que no viera su vulnerabilidad. Pero Esteban lo había escuchado todo. Sus dedos acariciaron con
ternura la delgada espalda de su hermana, consciente de que ella no se había estado alimentando bien durante años. No era coincidencia que ahora estuviera comiendo con tanto
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entusiasmo, pidiendo esto y aquello.
-Amor–murmuró Isabel contra su pecho.
-¿Mmm?
-¿Cuándo nos regresamos a París?
Su voz dejaba claro que Puerto San Rafael le resultaba insoportable.
La mandíbula de Esteban se tensó imperceptiblemente.
-Todavía tengo algunos pendientes que resolver -su voz se endureció. Pero si alguien te está molestando, Lorenzo se puede encargar de ellos.
El cambio en su tono era evidente. La pequeña que había criado en sus brazos… que se
atrevieran a molestarla…
Los días siguientes transcurrieron entre la rutina del taller para Isabel y Carmen esquivando a los abogados. Desde aquel día en el hospital, cuando Carmen simplemente se había escondido, el acuerdo de separación seguía sin firmar.
“No entiendo por qué siguen jugando al escondite“, pensó Isabel con fastidio.
Sin embargo, Lorenzo ya tenía pistas sobre el destino de esos cien mil pesos de Iris…
La mañana del tercer día, Isabel despertó con un mensaje en su celular:
“¡Me dan de alta en cuatro días!”
Isabel contempló la pantalla con hastío. Era Iris, desde otro número desconocido.
Ya llevaba días así, enviando mensajes obsesivamente para recordarle la fecha de su alta. Isabel encontraba la situación absurdamente cómica.
“¿Y a mí qué me importa cuándo sale del hospital?”
El número de ayer ya lo había bloqueado, y hoy utilizaba uno nuevo. Era increíble la cantidad de números que esta gente conseguía.
Isabel había adoptado una estrategia simple: ellos contactan, ella bloquea. ¡No iba a dejar ni un solo número sin bloquear!
Había considerado cambiar su propio número, pero luego reflexionó: si esta gente en realidad quería fastidiarla, probablemente terminarían presentándose en persona. No tenía ni el ánimo ni la energía para lidiar con ese escenario.
A diferencia de ayer, hoy Iris había agregado algo más:
“Me voy a mudar directo al Chalet Eco del Bosque cuando salga. ¿Sabías que a Sebas también le encanta ver el amanecer desde ahí?”
“Qué manera tan descarada de presumir“, pensó Isabel, “¡Y con tanta seguridad!”
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Capitulo 135
Por primera vez en días, decidió romper su silencio. Sus dedos volaron sobre la pantalla:
-El Chalet Eco del Bosque… háblame cuando de verdad puedas mudarte ahí.
La respuesta de Iris no se hizo esperar:
-Sebastián me lo prometió personalmente. Es un hecho.
Su mensaje rezumaba confianza ciega en Sebastián.
Isabel soltó una risa seca mientras tecleaba:
-¡Pues mucha suerte con eso!
Inmediatamente después, bloqueó el número. Siempre había sido así de tajante con esta gente, en cuanto identificaba sus números, los bloqueaba sin contemplaciones. No era sorpresa que ahora los Galindo y Sebastián tuvieran tantos problemas para contactarla.
Al bajar las escaleras, encontró a Esteban ya sentado a la mesa, dando instrucciones al mayordomo:
-De ahora en adelante, dile a la cocina que preparen porciones más pequeñas. No hace falta
tanto.
El mayordomo, que había servido a la familia por años, intervino con genuina preocupación:
-Que la señorita tenga buen apetito es algo positivo. Hay señoritas que, por cuidar la figura, ni siquiera quieren probar bocado.
La expresión de Esteban se suavizó levemente.
-Sí, pero si sube de peso y luego se esfuerza demasiado por recuperar su figura, eso tampoco es saludable.