Capítulo 153
La satisfacción recorrió el cuerpo de Isabel como una corriente eléctrica mientras observaba el resultado de su trampa. Carmen había caído, tal como lo había planeado. La había engañado para que firmara el acuerdo de desvinculación, y ahora que le había revelado la verdad sobre Andrea y Mathieu, el golpe era devastador.
El rostro de Carmen se tornó de un rojo intenso. Sus manos temblaban mientras intentaba señalar a Isabel.
-Tú… tú… -las palabras salían entrecortadas de su garganta-. No puedes… no puedes ser
tan…
Las piernas de Carmen fallaron. Su cuerpo se desplomó pesadamente sobre la alfombra persa, como una marioneta a la que le han cortado los hilos.
Isabel mantuvo su postura elegante mientras presionaba el intercomunicador. Su voz sonaba perfectamente controlada, casi aburrida.
-Marina, necesito una ambulancia. Parece que alguien se desmayó en mi oficina.
Al otro lado de la línea, la voz de Marina reveló su preocupación.
-¿Se desmayo? ¿La señora Ruiz? Con lo saludable que se ve… -hizo una pausa significativa-. ¿No será que está intentando sacar provecho, jefa?
Marina tomó el teléfono con determinación. No iba a permitir que nadie intentara aprovecharse de su jefa. En poco más de diez minutos, el sonido de las sirenas rompió la tranquilidad de la mañana. Los paramédicos entraron en una nube de movimiento y voces profesionales, llevándose a Carmen en la camilla.
Marina regresó a la oficina, limpiándose el sudor de la frente con un pañuelo.
-Jefa, parece ser un problema cardíaco -su voz denotaba preocupación genuina-. Mejor manténgase alejada de esta gente. Con lo manipuladores que son, seguro intentarán sacar provecho de la situación.
Isabel alzó una ceja, un gesto que Marina conocía bien.
-¿Problema cardíaco? -una sonrisa irónica se dibujó en sus labios-. Se desmayó de pura rabia.
-¿Qué? ¿De la rabia?
Marina parpadeó, desconcertada. “¿Qué tan despiadada puede ser la jefa?“, pensó, aunque recordando cómo los Galindo habían tratado a Isabel, una parte de ella sentía que se lo
merecían.
Isabel agitó la mano con desprecio.
-Ya, ya, no te alegres del mal ajeno -sus dedos tamborilearon sobre el escritorio mientras abría su correo-. Tengo trabajo para ti. Ya te envié la información.
16:51
Capítulo 153
Con movimientos precisos, Isabel anotó una dirección y un número telefónico en un post–it.
-Imprime esto y envíalo a esta dirección.
Una sonrisa sarcástica cruzó su rostro mientras pensaba en Valerio. El hombre había sido generoso con su amante, eso había que reconocerlo. Una villa en una zona exclusiva, chofer personal… prácticamente le había dado todo excepto el apellido Galindo.
Marina tomó los documentos, asintiendo con comprensión.
-Entendido, jefa.
El desmayo de Carmen tendría consecuencias. Isabel lo sabía bien. Sebastián y Valerio no tardarían en aparecer, echando fuego por la boca.
Como si sus pensamientos lo hubieran invocado, la voz de su asistente sonó por el intercomunicador.
-Jefa, el señor Galindo está aquí.
Isabel notó el desprecio en la voz de Marina. Claro, después de ver esos documentos, ¿quién no despreciaría a un hombre que jugaba en ambos lados? Había muchos así, pero ese tipo particular resultaba especialmente repugnante.
—Hazlo pasar -ordenó Isabel. Se giró hacia Marina-. Y tú, agrega a esa mujer en WhatsApp. Envíale parte de la información.
Marina asintió, comprendiendo perfectamente la estrategia. Si esa gente tenía tanto tiempo libre para causarle problemas, ella se encargaría de mantenerlos ocupados. Les daría suficientes preocupaciones propias para que la dejaran en paz.
La puerta se abrió para dar paso a Valerio. Su semblante oscuro contrastaba con la luminosidad de la oficina.
Isabel lo observó con interés clínico. Hacía días que no se veían, y aunque él aún no comprendía completamente la magnitud del poder que la respaldaba, ya había empezado a sentir sus efectos. El incidente con WanderLuxe Travels había sido particularmente revelador. “¿Su colaboración? No podemos ni queremos cortarla“, habían dicho, seguido de un desdeñoso “¿Y tú quién eres?”
Una empresa de ese calibre declarando abiertamente que no se atrevían a romper lazos con Isabel… ¿Quién lo hubiera pensado? La insinuación del poder detrás de ella era clara como el
agua.
Valerio se dejó caer en una silla, su rostro enrojecido por la furia apenas contenida.
-De verdad que te luciste–escupió las palabras-. Todos te habíamos subestimado.
La ironía de la situación no se le escapaba. Isabel había construido un imperio justo frente a sus narices, y ninguno había sido lo suficientemente perspicaz para notarlo.
16:51
Cactus 153
Isabel mantuvo su sonrisa serena.
-¿No dijiste que ibas a cerrar mi estudio? -su voz destilaba dulce veneno Ya pasaron varios días y sigo esperando ver que hagas algo al respecto