Capítulo 155
Al voltearse, Valerio se encontró con la mirada penetrante de Esteban, afilada como la de un halcón acechando a su presa. Un escalofrío le recorrió la espina dorsal, y el corazón comenzó a latirle con fuerza contra el pecho. La presencia de aquel hombre era aplastante, emanaba un aura de peligro que hacía que el aire se volviera denso y pesado.
Una sola mirada de Esteban bastaba para que las rodillas de Valerio amenazaran con traicionarlo. El sudor comenzó a perlarle la frente mientras observaba cómo los ojos de aquel hombre se entrecerraban peligrosamente.
-¿La estás amenazando? -la voz de Esteban fue un dardo afilado.
Valerio tragó saliva con dificultad, su mirada saltando nerviosamente entre Esteban e Isabel.
Isabel, con los brazos cruzados sobre el pecho y una sonrisa burlona en los labios, repitió la pregunta con un tono cargado de ironía.
-¿Amenazarme? ¿A mí?
Sus voces se entrelazaron en el aire, creando un eco amenazante. Valerio sintió que el aire se volvía más denso, mientras una revelación lo golpeaba: esta Isabel que tenía enfrente le era completamente ajena, como si la hermana que creía conocer nunca hubiera existido realmente.
La oficina, que ya de por sí desprendía un aire gélido, se transformó en una cámara de tortura. Las paredes parecían cerrarse sobre él.
Los puños de Valerio se cerraron con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. Su respiración se volvió irregular, entrecortada.
-Yo… -las palabras se le atoraron en la garganta.
“¿Yo qué?“, se preguntó, mientras sus ojos se desviaban involuntariamente hacia la imponente figura que bloqueaba la puerta. Nunca había visto a este hombre en Puerto San Rafael, pero su presencia era tan dominante que parecía llenar toda la habitación.
Con pasos felinos, Esteban se acercó a Isabel. La tomó del brazo con un movimiento posesivo pero gentil, atrayéndola hacia sí.
-¿Qué dijo que era tuyo? -su voz era engañosamente suave.
-Dice que es mi hermano.
La tensión en la oficina se multiplicó. A pesar del calefactor funcionando a toda potencia, Valerio sintió que se le congelaba la sangre en las venas. No entendía por qué la simple
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mención de la palabra “hermano” había hecho que la presencia de aquel hombre se volviera aún más amenazante.
Esteban clavó su mirada en Valerio como si fuera un insecto molesto.
-¿Tanto anhelas ser su hermano?
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Capítulo 155
Valerio se quedó mudo. “¡Ya lo soy!“, quería gritar, pero las palabras murieron en su garganta. No, ya no lo era. Isabel lo había dejado claro: su madre había firmado el acuerdo de desvinculación. Desde ese momento, él ya no tenía esa hermana. No importaba si terminaba en la calle o desaparecía sin dejar rastro, ya no tenía nada que ver con la familia Galindo.
Una risa amarga brotó de sus labios.
-Como si yo pudiera merecer tener una hermana como ella.
Las palabras salieron envenenadas de su boca antes de dar media vuelta y salir de la oficina hecho una furia. “¿Quieren romper lazos? Perfecto”, pensó mientras caminaba. Ya verían qué significaba Isabel para esas personas sin el respaldo de la familia Galindo.
La ira bullía en las venas de Valerio mientras recorría el trayecto desde la oficina hasta el elevador. Solo cuando las puertas metálicas se cerraron tras él, notó que su camisa estaba empapada de sudor frío. El recuerdo de aquel hombre le provocaba escalofríos.
“Debe ser él“, pensó. “El que dejó así a Sebastián. El verdadero poder detrás de Isabel“. Su presencia era mucho más intimidante que la de Mathieu y los hombres que había visto en los pasillos del hospital.
La furia crecía en su interior con cada pensamiento. ¿Cómo es que un hombre así se había fijado en Isabel?
Al salir del elevador, su teléfono comenzó a vibrar en su bolsillo. Al ver el número en la pantalla,
contestó de inmediato.
-¿Qué pasa?
-¿Es cierto que te vas a casar con otra? -el grito histérico de una mujer le perforó el tímpano.
Valerio sintió que se le helaba la sangre. ¿Cómo se había enterado ella de lo de Camila?
Antes de que pudiera articular una respuesta, la mujer volvió a la carga.
-¿Me estás engañando? ¡Me prometiste que antes de que el niño entrara a la escuela, le quitarías el estigma de ser ilegítimo! ¿Ya le hablaste a tu familia de nosotros o no?
Valerio se quedó mudo. Un dolor punzante comenzó a pulsarle en las sienes.
Claro que había hablado con su familia, ¿cómo no hacerlo? Pero nadie la aceptaba.
Se masajeó las sienes mientras respondía:
-¿Estás en tu casa? Voy para allá.
-Más te vale venir a explicarme todo esto la mujer colgó de golpe.
Parado junto a su auto en el estacionamiento, Valerio cerró los ojos y apretó el teléfono con fuerza. Antes de que pudiera subir al coche, el aparato volvió a sonar. Esta vez era Carmen.
-Valerio, ¿qué vamos a hacer? -la voz de su madre estaba cargada de dolor.
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Capítulo 155
A pesar de su propio dolor de cabeza, Valerio intentó suavizar su tono.
-¿Ya despertaste?
-Sí.
El recuerdo del desmayo reavivó la furia de Carmen hacia Isabel.
-El doctor de Iris acaba de decirme que si Mathieu y Andrea no intervienen pronto en su tratamiento… —la voz se le quebró— solo le quedan tres meses de vida.