Capítulo 157
Una sonrisa se dibujó lentamente en los labios de Esteban, pero no había nada de calidez en ella. Era el tipo de sonrisa que hacía que la atmósfera se tornara tensa.
Isabel sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sus dedos se aferraron instintivamente a la manga del saco de su hermano, como solía hacer cuando era niña y buscaba su protección.
-Por favor, no sonrías así -susurró, con un toque de súplica en su voz-. Me das miedo cuando te pones así.
La sonrisa se desvaneció del rostro de Esteban como si nunca hubiera existido. Con un
movimiento deliberadamente lento, apartó su brazo del agarre de Isabel. Sus ojos, ahora dos pozos oscuros, se clavaron en el anillo.
-¿Quién te lo dio?
La pregunta resonó en el aire como una acusación. Era evidente que un anillo de ese calibre no era un simple regalo; llevaba consigo intenciones que Esteban no estaba dispuesto a ignorar. La idea de que su hermana pudiera tener una vida en Puerto San Rafael que él desconocía hizo que su mirada se volviera impenetrable.
Isabel no dudó ni un segundo. Nunca le mentiría a Esteban, sin importar quién estuviera involucrado.
-Ander–respondió con firmeza.
Un destello de sorpresa cruzó el rostro de Esteban, tan breve que cualquier otra persona lo habría pasado por alto. Pero Isabel lo conocía demasiado bien.
-¿Ander? -La voz de Esteban destilaba incredulidad y algo más oscuro.
Isabel se mordió el labio inferior, un gesto involuntario que delataba su nerviosismo.
-Sí, dijo que era un regalo de disculpa.
La frustración se reflejaba claramente en su rostro mientras pronunciaba esas palabras. Ni siquiera ella misma creía esa excusa tan débil.
Esteban arqueó una ceja, en un gesto que Isabel conocía demasiado bien.
-¿Un regalo de disculpa? -El escepticismo en su voz era cortante.
-Si -Isabel se apresuró a explicar—. Camila, su hermana, y yo tuvimos un desacuerdo. Él dijo que era para disculparse por eso.
El sonido seco de la caja de terciopelo al cerrarse resonó en la habitación. En un movimiento fluido, Esteban la arrojó al bote de basura.
-¿Un anillo como regalo de disculpa? -Sus ojos se clavaron en ella. ¿Realmente esperas que crea eso?
Capitulo 157
Isabel hizo un puchero, adoptando esa expresión que solía ablandar a su hermano cuando era
niña.
-¡Lo sé! ¿No crees que está loco? -Sus ojos se abrieron con exagerada incredulidad-. Cuando vi que era un anillo, casi me da algo.
La mirada penetrante de Esteban no se suavizó. Isabel, incómoda bajo ese escrutinio, buscó su
mano nuevamente.
-Hermano… -susurró, su voz pequeña y vulnerable.
En un movimiento fluido, Esteban la atrajo hacia su pecho. Sus dedos, sorprendentemente cálidos, se posaron bajo su barbilla, obligándola a mirarlo. Los ojos de su hermano eran dos pozos profundos que amenazaban con absorberla.
-¿Y aun así lo aceptaste? -Su voz se suavizó, pero mantenía un filo peligroso.
Isabel sintió la necesidad de defenderse.
-No lo acepté -protestó. Él lo dejó y se fue antes de que pudiera rechazarlo. Cuando abrí la caja, ya había desaparecido.
-¿En serio? -La duda teñía cada sílaba.
-¡Por supuesto! -Isabel alzó la vista, sus ojos brillantes de sinceridad-. Te juro que antes de esto, en Puerto San Rafael, no había nada entre nosotros. Tú deberías saberlo mejor que nadie.
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