Capítulo 16
Andrea partió temprano la mañana siguiente para asistir a una cumbre médica internacional. El sol apenas comenzaba a teñir el horizonte cuando su avión despegó.
El teléfono de Isabel vibró con una llamada de Paulina.
-Deja que tu primo se quede un rato más allá -murmuró Isabel, recostada contra el respaldo de su silla-. Andrea se fue al extranjero, dice que estará fuera como un mes.
-¿Y tú cómo sabes? ¿Te llamó Andrea?
-Me marcó a la una de la mañana.
Paulina soltó una risa incrédula.
-¿Te llamó a la una para avisarte de su viaje? ¿Qué le pasa? ¿Ahora quiere que todos vivamos en su zona horaria o qué?
-No era por el viaje -Isabel se mordió el labio inferior-. Era sobre Iris.
-¿Qué pasó con ella?
-La internaron anoche de emergencia. Dicen que tiene varias enfermedades.
-¿Varias? -La sorpresa era evidente en la voz de Paulina-. ¿Qué tantas? ¿Qué tiene?
El asombro de Paulina era comprensible. Apenas ayer la había visto con Sebastián en el área
de ginecología, y había asumido un embarazo. “¿Así que era enfermedad?”
-Cáncer de útero, problemas del corazón y parece que también tiene algo en el hígado.
Paulina inhaló bruscamente, el sonido agudo viajando a través del teléfono.
-¿Todo eso? No, espérate… ¿cómo que cáncer de útero?
Era evidente que para quienes no tenían formación médica, esto sonaba especialmente alarmante. Tanto Paulina como Isabel, al escuchar específicamente lo del cáncer de útero, sintieron que algo no cuadraba.
Isabel se encogió de hombros, aunque Paulina no podía verla.
-¿Y yo qué voy a saber? Andrea dice que tiene su ética profesional y no va a andar especulando. Mejor nosotras tampoco lo hacemos.
-Bueno, tienes razón -Paulina hizo una pausa significativa-. Entonces ella y Sebastián ya ni cómo, ¿verdad? ¿Qué familia va a querer a alguien con problemas en su… digamos, primer
inmueble?
Los Bernard ya miraban a Iris con desprecio por ser hija de una empleada doméstica. Ahora, con estas enfermedades, menos la aceptarían.
-Ten cuidado -advirtió Paulina-. Con todo esto de Iris, los viejos Bernard van a estar más
preocupados que nunca de que esos dos revivan su romance. Van a insistir en que tú y Sebastián se casen cuanto antes.
Era demasiado tarde para buscar a alguien más. De cualquier manera, necesitaban mantener a Isabel cerca. Y siendo de los Galindo, los Bernard la verían como el contrapeso perfecto contra Iris.
Paulina tenía razón. Los ancianos Bernard vigilaban a Iris de cerca; ya estaban enterados de su hospitalización y de todas sus enfermedades, especialmente ese cáncer de útero que tanto les preocupaba.
Isabel terminaba un desayuno ligero en su estudio cuando su teléfono sonó. Era Daniela Sánchez, la madre de Sebastián.
-Isa, ven a comer a la villa al mediodía. Voy a preparar tus platillos favoritos. Le digo a Sebastián que pase por ti.
-Gracias, señora, pero tengo compromisos para el mediodía. No voy a poder ir.
No era una excusa. El nuevo proyecto de WanderLuxe Travels era considerable, y no confiaba en dejarlo enteramente en manos de sus diseñadores. Necesitaba supervisarlo personalmente.
Daniela suspiró audiblemente.
-¿Es por el regreso de Iris? ¿Ya ni siquiera quieres verme?
Isabel guardó silencio, su mandíbula tensa.
-¿O prefieres que yo vaya a verte?
-No, está bien. Iré al mediodía.
Ante la insistencia de Daniela, Isabel cedió. Tal vez era mejor aclarar las cosas cara a cara. Las verdaderas intenciones siempre se revelan mejor en persona.
Apenas colgó, entró otra llamada de un número desconocido.
-¿Bueno?
-Soy yo.
La voz de Sebastián sonaba al otro lado de la línea. Isabel tuvo que resistir el impulso de colgar inmediatamente. Podía percibir la frustración en su voz; no era para menos, considerando que cada vez que llamaba, ella terminaba bloqueando el número. Ya había bloqueado a José Alejandro, y este nuevo número probablemente correría la misma suerte.
-Mi mamá me pidió que pase por ti. ¿Le dijiste que irías a la villa?
Su voz arrastraba un cansancio evidente. Era claro que había pasado la noche en el hospital con Iris.
Isabel respondió con un simple sonido afirmativo.
2/3
Capitulo 16
-¿Dónde te recojo?
-Ni te molestes, llego por mi cuenta. No quiero que contamines el aire que respiro.
Sebastián sintió el filo en sus palabras. Un dolor punzante le atravesó las sienes.
-Paso por ti. Espérame en los Petit.
Isabel cortó la llamada sin responder.
Del otro lado de la línea, Sebastián se frotó los ojos irritados. Tal como Isabel había adivinado, había pasado toda la noche en el hospital por Iris. Ahora, el continuo rechazo de Isabel lo tenía al borde de la explosión.
José Alejandro, al volante, intentó animarlo.
-Cuando una mujer está así de enojada, es porque realmente le importas.
-¿Tú crees? -La esperanza se filtró en la voz de Sebastián.
José Alejandro asintió sabiamente.
-Si no le importaras, ni siquiera se molestaría en enojarse.
Las palabras parecieron aliviar un poco la tensión en los hombros de Sebastián, aunque la irritación persistía en su ceño fruncido.
3/2