Capítulo 175
Ander observó a David como si contemplara a un completo idiota. La incredulidad dibujada en cada línea de su rostro.
David se inquietó bajo esa mirada.
-¿Por qué me ves así?
-¿De verdad crees que a alguien como él le importaría un anillo como el tuyo?
“Ni regalado lo querría“, pensó Ander con desprecio, mientras David seguía actuando como si le hubieran robado la corona de Inglaterra.
-Tienes razón -concedió David, frunciendo el ceño-. Entonces, ¿para qué me trajiste aquí?
-El anillo lo perdió su hermana.
-¿¿Qué…?
La confusión se instaló en el rostro de David mientras procesaba la información.
-Espérate, ¿cómo que su hermana? ¿De qué hermana estás hablando?
La palabra ‘hermana‘ pareció golpearlo como un rayo. Sus ojos se abrieron de par en par.
-A ver, ¿quién es la hermana del señor Allende?
“¿Cómo diablos terminó el anillo en manos de la hermana de Esteban?“, se preguntaba David. “¿En qué lío me metió Ander?”
-¿Conoces a Isabel?
-¿A quién?
-A Isabel.
David se quedó en silencio, su mente trabajando a toda velocidad. “Isabel… Isabel… ¿por qué me suena tanto ese nombre?”
De pronto, la conclusión lo golpeó como un tren.
-¿No es la hija de los Galindo? -casi gritó-. ¿La prometida que Sebastián dejó plantada?
El escándalo de la ruptura entre Isabel y Sebastián había sacudido a toda la alta sociedad. Había expuesto la cruel realidad: cómo la hija biológica de los Galindo valía menos que la adoptiva.
-Para que quede claro -interrumpió Ander con desprecio-, fue Isabel quien mandó a volar a Sebastián.
La verdad era el reverso exacto de los chismes que circulaban: no fue Sebastián quien la rechazó, sino ella quien lo pateó.
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Capítulo 175
David procesó esta información con los ojos como platos.
-Entonces… si ella es la hermana del señor Allende… -su voz temblaba de emoción
contenida. ¿Los Galindo y Sebastián están acabados?
La revelación era explosiva. Los Galindo habían tratado a Isabel como una don nadie desde su regreso. Ni siquiera la habían presentado oficialmente en sociedad. Carmen Galindo, en sus reuniones con otras damas, siempre presumía de Iris como si fuera su única hija.
Ni siquiera después del escándalo monumental entre Iris e Isabel, dos años atrás, el estatus de Iris se había visto afectado. El favoritismo era tan descarado que rayaba en el abuso.
Ander asintió con una sonrisa torcida.
-Probablemente ya están acabados.
Los ojos de David brillaron con malicia.
-O sea que Sebastián, que siempre ha querido hacer negocios con el señor Allende, ¿ya puede ir olvidándose de eso? Ni ha de saber cómo se apellida ahora.
La situación era especialmente deliciosa considerando que los yacimientos minerales de los Galindo estaban casi agotados. Los Bernard estaban desesperados por encontrar nuevas fuentes, y el único reemplazo viable estaba en manos de Esteban.
Ofender a Isabel había sido como patear un avispero.
-Y todavía sueña con hacer negocios -se burló Ander-. Que siga soñando. Apuesto a que ni siquiera sabe el apellido del señor Allende.
“Con lo obsesionado que anda con Iris últimamente“, pensó. “Si el presidente Bernard se entera, le va a dar algo“.
David arrugó la frente, pensativo.
-¿Dices que el señor Allende va a tomárselo personal? ¿Es de ese tipo?
La seriedad repentina en el rostro de Ander fue respuesta suficiente.
-Lo es.
Los ojos de David brillaron con anticipación malsana. Como Ander, también guardaba resentimiento hacia Sebastián.
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-Ni los conejos se comen la hierba que tienen al lado -murmuró-, y este tipo cambiando de prometida entre hermanas… ¿qué clase de basura hace eso?
-Esto se va a poner buenísimo -continuó David-. Pero hay algo que no entiendo… ¿por qué Isabel nunca dijo nada? Si hubiera hablado, no habría tenido que aguantar todo ese maltrato
de los Galindo.
Ander lo miró con condescendencia.
-¿De verdad crees que le importan las migajas que los Galindo le puedan dar?
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Capitulo 175
David guardó silencio, procesando la verdad de esas palabras. Teniendo al rey de la noche de París como hermano, ¿qué podían ofrecerle los demás?
-Y pensar que Iris armaba tanto drama con ella… cuando a Isabel ni le importaba.
Esa era la cruda verdad. También evidenciaba la estupidez de los Galindo. Cualquiera podía ver que Iris no era trigo limpio, pero ellos la trataban como un tesoro. Más ahora que estaba enferma.
…
Mientras tanto, Isabel acababa de enviar ese mensaje a Esteban. En realidad, era un tanteo sutil para ver si su hermano estaba molesto o no.