Capítulo 196
Daniela y Marcelo intercambiaron una mirada cargada de tensión. Los ojos de Daniela se oscurecieron mientras una sospecha tomaba forma en su mente.
-¿Será por culpa de Iris? -Las palabras escaparon de sus labios antes de que pudiera contenerlas.
El silencio cayó como una losa sobre la habitación. Sebastián y Marcelo voltearon a verla, sus rostros transformándose ante la mención de ese nombre. La expresión de Sebastián, en particular, se ensombreció visiblemente.
Daniela se llevó una mano al mentón, pensativa.
-Si no mal recuerdo, el heredero de los Blanchet llegó a Puerto San Rafael casi al mismo tiempo que Iris.
El comentario flotó en el aire como una amenaza velada. No era coincidencia que poco después del regreso de Iris, el heredero de los Blanchet hubiera aparecido en la ciudad. La posibilidad de una conexión entre ambos eventos era demasiado conveniente para ignorarla.
Sebastián apretó la mandíbula con fuerza, sus nudillos blanqueándose al cerrar los puños. La mirada de Marcelo se endureció, el descontento emanando de cada uno de sus gestos.
-No tiene nada que ver con Iris -espetó Sebastián, su voz traicionando su nerviosismo.
-¡Cállate! -La orden de Marcelo resonó en la habitación, acompañada de una mirada
amenazante.
-De verdad, Iris… -insistió Sebastián, su voz quebrándose ligeramente.
Marcelo ni siquiera se molestó en escucharlo. Sus ojos se clavaron en el mayordomo.
-Ve y contacta al asistente de esa persona -ordenó con voz cortante.
La sospecha plantada por Daniela había echado raíces en su mente. Los Galindo habían criado una verdadera calamidad, y para colmo, una con tan mala suerte.
-Dile que yo personalmente llevaré a Iris -añadió, su mirada fija en el mayordomo.
-¡Padre! -La desesperación en la voz de Sebastián era palpable.
El mayordomo inclinó levemente la cabeza.
-Sí, señor.
Marcelo le dirigió una última mirada de advertencia a su hijo antes de dirigirse a las escaleras. Sebastián hizo ademán de seguirlo, pero Daniela lo detuvo, sujetándolo del brazo.
-Si quieres que Iris siga con vida, mejor mantén la calma -susurró con dureza.
El tiempo corría en su contra. Para los Bernard, esto era literalmente una cuestión de vida o muerte. Jamás habrían aceptado a Iris en circunstancias normales, y la obsesión reciente de
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Capítulo 196
Sebastián con ella ya tenía a Daniela al borde de la explosión. Ahora que Marcelo había tomado las riendas del asunto, si realmente estaba relacionado con esa persona, no les quedaba más remedio que cortar todos los lazos.
Daniela, con su perro en brazos, se encaminó hacia las escaleras.
-Mamá -La voz de Sebastián sonaba quebrada.
Ella se detuvo, girándose para mirarlo.
-Sebas, esa persona tiene en sus manos lo que podría destruirnos -Su voz era suave pero firme, dejando claro que no podían darse el lujo de ofender a esa parte.
-¿Y si no tiene nada que ver con Iris? -La desesperación en su voz era palpable.
El estado de Iris era demasiado delicado para soportar cualquier tipo de alteración. Daniela no respondió, probablemente demasiado agotada para seguir con la discusión. Simplemente se alejó con su perro, dejando a Sebastián solo con su frustración.
En un arrebato de ira, Sebastián pateó una mesa de bebidas. El crujido de la madera fue acompañado por un dolor agudo en su pierna.
Isabel apenas había probado bocado durante la cena. A las diez y media de la noche, daba vueltas en la cama, incapaz de conciliar el sueño debido al hambre. Finalmente, decidió bajar sigilosamente a la cocina en busca de algo que comer.
Para su sorpresa, Esteban se encontraba en la sala, acompañado por Lorenzo.
-Señor, el mayordomo de Marcelo acaba de llamar–La voz de Lorenzo resonó en la quietud de la noche-. Dicen que enviarán a Iris con usted.
Isabel, que estaba descendiendo las escaleras, sintió que el mundo se tambaleaba bajo sus pies. Si no hubiera sido por sus reflejos rápidos al aferrarse al pasamanos, habría rodado escaleras abajo.
Esteban, alertado por el ruido, se giró para encontrar a Isabel agarrada al pasamanos, el pánico dibujado en su rostro. Sus ojos se oscurecieron instantáneamente. Dejando su laptop a un lado, se levantó de inmediato y se dirigió hacia ella.
La tomó en brazos con facilidad.
-¿A tu edad y todavía te andas cayendo al caminar? -murmuró con suavidad.
Isabel hizo un puchero, su mente dando vueltas. Las palabras de Lorenzo la habían sacudido hasta la médula. ¿Qué se traían los Bernard enviando a Iris con Esteban? ¿También querían algo de él? ¿Era este algún tipo de juego de seducción por la puerta trasera?
“Si ese es su plan, ¿no pudieron elegir a alguien más presentable?” pensó con amargura. “Mandar a alguien enfermizo… ¿a quién están tratando de hacer quedar mal?”
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