Capítulo 197
Esteban descendió las escaleras con Isabel en brazos, el eco de sus pasos resonando suavemente contra la madera pulida. Su mirada se detuvo en el delgado camisón de seda que ella llevaba puesto. Sin mediar palabra, extendió el brazo hacia el sofá y tomó su chaqueta de casimir negro, lanzándosela con un movimiento fluido.
Isabel la atrapó al vuelo, envolviéndose en la prenda que aún conservaba el calor corporal de su hermano. El aroma familiar de su loción la envolvió como un abrazo reconfortante.
Esteban la observó con una mezcla de curiosidad y preocupación.
-¿Qué andas haciendo despierta a estas horas?
Isabel guardó silencio, mordiéndose el labio inferior. La idea de confesarle que tenía hambre la ponía nerviosa. Conocía demasiado bien la obsesión de Esteban por controlar sus horarios de comida, especialmente en la noche. Sin embargo, el vacío en su estómago era insoportable.
Sus ojos se encontraron con los de su hermano y, reuniendo valor, dejó escapar las palabras en
un susurro.
-Me estoy muriendo de hambre.
La mirada que le dirigió estaba cargada de súplica. Esteban arqueó una ceja, su expresión oscilando entre la diversión y el escepticismo.
-¿Cómo que hambre? Si ya cenaste bastante.
Isabel hizo un puchero. A pesar de haber comido varios guisos además del arroz, su estómago seguía protestando. Sus ojos comenzaron a brillar con lágrimas contenidas, sabiendo el efecto que esto tenía en su hermano.
El rostro de Esteban se suavizó casi imperceptiblemente. Ese gesto vulnerable de Isabel siempre conseguía desarmar sus defensas, provocándole una mezcla de ternura y deseo de provocarla.
-¿De verdad tienes tanta hambre, pequeña?
-Muchísima -Isabel asintió con énfasis, sus ojos grandes y suplicantes fijos en él.
Lorenzo, que había estado observando la escena en silencio, no pudo contenerse más.
-Deberíamos pedirle a la cocina que prepare algo ligero. No está bien que la niña se vaya a dormir con hambre.
La mirada asesina que Esteban le lanzó habría intimidado a cualquiera, pero Lorenzo simplemente se encogió de hombros.
-La pobrecita se está muriendo de hambre -insistió.
Isabel le dirigió una mirada de profundo agradecimiento a Lorenzo, gesto que no pasó desapercibido para Esteban. Con un movimiento posesivo, la estrechó contra su pecho.
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Capítulo 197
-Está bien, pero nada de andar con dietas locas después.
El recuerdo de Vanesa y su desastrosa experiencia con las dietas ensombreció su expresión. El diagnóstico del médico sobre su severa deficiencia nutricional aún lo perseguía.
-Te lo prometo -murmuró Isabel, acurrucándose contra él.
Lorenzo asintió con aprobación.
-La señorita tiene buen metabolismo, nunca ha batallado con su peso.
Era cierto. A pesar de sus mejillas redondas de bebé, Isabel siempre había mantenido la misma complexión, sin cambios notables.
Esteban pellizcó suavemente una de esas mejillas.
-Anda, dile a la cocinera que te prepare algo rico.
-¡Gracias! -Isabel prácticamente saltó de la emoción.
Se dirigió a la cocina casi corriendo, con el estómago rugiendo ante la perspectiva de un reconfortante caldo de res. Notó vagamente que había personal nuevo en la cocina, pero el hambre le impidió darle mayor importancia.
Al regresar, escuchó fragmentos de la conversación entre Esteban y Lorenzo sobre Marcelo. La
risa burlona de su hermano resonó en la sala.
-¡Qué interpretación tan absurda la de Marcelo! -La burla en su voz era evidente.
“¿Mandar a la enfermiza de Iris con él? ¿En qué estará pensando?” Lorenzo compartía su perplejidad.
Cuando recibieron la llamada confirmando que Sebastián no volvería a ver a Iris, Lorenzo comprendió el malentendido.
Esteban dio un sorbo a su agua, sus ojos oscuros brillando con un destello calculador.
-¿Qué hacemos nosotros, señor? -preguntó Lorenzo.
-Absolutamente nada -La respuesta de Esteban fue tajante.
Lorenzo asintió, comprendiendo perfectamente. Era ridículo pensar que su patrón pudiera interesarse en alguien como Iris, enferma o no.
-Aunque… Una sonrisa maliciosa se dibujó en los labios de Esteban-. Eso de mantener a Sebastián alejado de ella no suena nada mal.
-Los Bernard pensarán que usted está interesado en Iris.
-Si son tan ingenuos, ¡allá ellos! -Esteban soltó una risa seca. Lo importante es joder a
Sebastián.
Aunque el malentendido de Marcelo no había sido planeado, Esteban no podía dejar pasar la oportunidad de atormentar a Sebastián. Después de todo, si estaba tan obsesionado con Iris,
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¿qué mejor castigo que impedirle verla?