Capítulo 203
Isabel apretó la mandíbula, conteniendo su creciente irritación. El aire en el pasillo se sentía pesado, cargado de tensión.
-Ya lo dejé bien claro por teléfono -espetó, su voz firme y cortante-. ¿Cuántas veces
necesitan que se los repita para que entiendan?
Carmen, con el rostro enrojecido y la respiración agitada, apenas podía articular palabra. Sus manos temblaban mientras señalaba acusadoramente a Isabel.
—Tú… tú… —balbuceó, la furia distorsionando sus facciones.
Una sonrisa sarcástica se dibujó en los labios de Isabel.
-¿Otra vez con lo mismo? Ya usaste esa excusa por teléfono, ¿no te cansas?
La indignación de Carmen era palpable. Su rostro enrojeció aún más, las venas de su cuello pulsando visiblemente.
Isabel intentó pasar de largo, hastiada de la situación, pero Iris, con su característico aire de fragilidad estudiada, se interpuso en su camino. Sus ojos brillaban con fingida preocupación mientras se mordía el labio inferior.
-Isa… -su voz era suave, casi un susurro-. ¿Qué les dijiste a los Bernard? ¿Por qué se están portando así conmigo?
Isabel guardó silencio, su expresión impasible. Lorenzo, a su lado, tampoco dijo palabra.
Carmen dio un paso al frente, sus ojos escrutando el rostro de Isabel con intensidad.
-Sí, ¿qué mentiras les fuiste a contar? -demandó-. ¿Por qué mandaron a toda esta gente?
Isabel recorrió con la mirada a los hombres apostados en el pasillo, obviamente enviados para vigilar a Iris. Una risa seca escapó de sus labios mientras volvía su atención hacia Iris.
-¿De verdad te crees tan importante? -su tono destilaba desprecio-. No me digas que todavía piensas que me importan Sebastián y los Bernard.
Un músculo se tensó en la mandíbula de Iris.
-Si no fuiste tú, ¿entonces quién? -su voz tembló ligeramente, aunque Isabel no podía determinar si era por rabia o por su acostumbrada actuación de víctima.
Carmen hervía de furia. Los Bernard ya tenían sus dudas sobre Iris, pero que Marcelo Bernard, quien rara vez se inmiscuía en asuntos de los jóvenes, hubiera enviado personal de seguridad… Era demasiado.
-¿Todavía estás obsesionada con Sebastián? -Carmen escupió las palabras. ¿Por eso fuiste a envenenar a los Bernard contra Iris?
Isabel y Lorenzo intercambiaron una mirada de incredulidad. ¿Realmente podían ser tan
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Capitulo 203
obtusas?
Iris se acercó a Isabel, sus dedos aferrándose a la manga de su blusa.
-Isa, entiendo que estés molesta conmigo por haber regresado y arruinado lo tuyo con Sebas,
pero…
-¡No me toques!
Isabel se sacudió el agarre con un movimiento brusco, su rostro contorsionado en una mueca de asco mientras miraba el lugar donde Iris la había tocado.
Iris trastabilló hacia atrás, dejándose caer al suelo con un gemido teatral.
-¡lris! -el grito de Carmen resonó por el pasillo mientras corría hacia su hija adoptiva. El doctor había sido claro: en su delicado estado de salud, cualquier caída podía ser peligrosa-. ¡Mi niña! ¿Estás bien?
Iris, pálida como un papel, dejó que Carmen la ayudara a incorporarse.
-No culpes a Isa, mamá -murmuró con voz débil-. Yo soy la que le falló…
Isabel observaba la escena con una mezcla de fastidio e incredulidad. ¿Hasta cuándo pensaba Iris mantener esta farsa? Ya fuera por Sebastián o por la familia Galindo, todo estaba terminado. ¿Qué sentido tenía seguir con este teatro?
-Si no quieres que de verdad te dé una razón para quejarte, mejor ya párele a tu numerito -advirtió Isabel, cruzándose de brazos.
Carmen, sosteniendo a una Iris que parecía a punto de desmayarse, fulminó a Isabel con la mirada.
-¡Lárgate! -rugió. ¡Lárgate de Puerto San Rafael!
Con manos temblorosas de rabia, Carmen sacó su celular y marcó el número de Valerio. Nunca había sentido un arrepentimiento tan profundo como en ese momento. Jamás debió permitir que Isabel regresara.
-¿Mamá? -la voz adormilada de Valerio resonó al otro lado de la línea.
2/2duri