La Heredera 206

La Heredera 206

Capítulo 206 

Lorenzo guardó silencio, su rostro una máscara de preocupación

Isabel dejó escapar una risita traviesa

-Para la próxima que quieras grabarme a escondidas, mejor hazlo cuando me estén molestando, ¿no? Así mi hermano tendría una razón real para preocuparse

Lorenzo casi se ahoga con su propia saliva. ¡Como si eso fuera posible!“, pensó. Nadie se atrevía a molestar a la señorita cuando él estaba cerca. Con ese carácter de tigresa que se cargaba, era prácticamente imposible. Además, si le mostrara al señor Esteban un video de alguien molestando a su hermanaun escalofrío le recorrió la espalda. Puerto San Rafael se convertiría en un baño de sangre

En el hospital, Carmen observaba con terror cómo un equipo de doctores rodeaba a Iris, intentando reanimarla. Sus manos temblaban mientras marcaba primero el número de Valerio, quien al escuchar que Isabel había provocado el desmayo de Iris, prometió llegar de inmediato. Con dedos temblorosos, marcó el siguiente número. Apenas había pronunciado un débil Sebascuando una mano surgió de la nada y le arrebató el teléfono

Carmen se gíró, la furia brillando en sus ojos, pero el aire se le escapó de los pulmones al encontrarse cara a cara con Daniela Sánchez. La matriarca de los Bernard examinó el número en la pantalla con ojos gélidos antes de terminar la llamada

Un silencio denso y opresivo se instaló entre ellas

Daniela le devolvió el teléfono con un gesto brusco. Carmen, con los nervios destrozados, no logró atraparlo y el aparato cayó al suelo con un ruido sordo

-¿No te dejé bien claro que no molestaras a Sebas estos días? -la voz de Daniela era 

amenazante

-Pero es que Iris-Carmen se retorció las manos

-¿Iris qué? -Daniela la interrumpió con un tono que podría congelar el infierno. ¿Qué es ella para que tengas que estar corriendo con Sebas por cada cosa que le pasa

Esas palabras, ¿Qué es ella?, se clavaron en el pecho de Carmen como dagas mientras observaba a Iris luchando por respirar. Ver a Daniela, quien había visto crecer a Iris desde pequeña, hablar así de ellasintió una profunda tristeza

-Señora Daniela -la voz de Carmen temblaba-, antes de que Isabel regresara, Iris siempre estaba con Sebas, hasta iba a su casa. Usted la vio crecer, ¿cómo puede ser tan insensible

Los ojos de Daniela se entrecerraron peligrosamente ante la palabra insensible. Una risa amarga escapó de sus labios

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Capítulo 206 

-¿Insensible? No me hagas reír, Carmen. ¿De verdad no sabes qué clase de víbora has criado? ¿O prefieres ignorar cómo se la pasó estos dos años en el extranjero

El veneno en la voz de Daniela era palpable. Los Bernard podían ser muchas cosas, pero no tontos. Con su hijo tan obsesionado con Iris y la salud de esta tan frágil, por supuesto que había investigado. Y lo que encontrósus labios se curvaron con desprecio

-¿Qué está insinuando? -Carmen se irguió, defensiva-. ¿Quiere manchar el nombre de Iris

-¿Manchar? -Daniela soltó una carcajada sin humor-. Si ya está más que enlodada, ¿qué más podría ensuciarla yo? Dime, Carmen, ¿alguna vez le preguntaste cuántos novios tuvo estos dos años? ¿O prefieres seguir fingiendo que no lo sabes

-¡Ya basta! -el rostro de Carmen enrojeció de furia

Sus voces resonaban por el pasillo del hospital, atrayendo miradas curiosas. Isabel, que regresaba de jugar ajedrez con Montserrat, se detuvo en seco al escuchar la discusión

Daniela temblaba de rabia

-A lo mejor hasta es un desecho de los Blanchet, haciéndose la mosquita muerta con mi hijo

Sus ojos relampaguearon con furia contenida

-¡Vaya educación la tuya! Criar a una niña para que le quite el prometido a su propia hermana¡Qué bárbara

Carmen se tambaleó como si la hubieran abofeteado

-¿Cómo se atreve? Iris ha estado completamente limpia en el extranjero, ella… 

-¿Limpia? -Daniela escupió la palabra como si fuera veneno-. ¿Ya se te olvidó por qué se largó de Puerto San Rafael hace dos años? ¿No fue porque casi mata a Isabel? Tuvieron que mandarla lejos cuando se destapó todo el asunto

El aire pareció abandonar los pulmones de Carmen

-La hija que criaste casi mata a tu propia hija y todavía la defiendes -Daniela sacudió la cabeza con desprecio-, Pobre Isabel, tener una madre como le cayó la maldición de todos 

sus ancestros

Sus siguientes palabras fueron como puñales

-No me sorprende que no te reconozca como madre. Si lo hiciera, estaría loca

-Tú—Carmen se ahogaba con su propia rabia e impotencia

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