Capítulo 21
Sebastián observó la postura rígida de Isabel, su rostro desprovisto de cualquier calidez. La frustración le hizo dar una calada profunda a su cigarrillo, el humo escapando entre sus labios apretados.
-Ya sé que puedes manejar, pero necesito hablar contigo.
Los ojos de Isabel se clavaron en él con frialdad.
-No tenemos nada de qué hablar.
Se dio la vuelta y se dirigió a su auto, sus tacones resonando contra el pavimento como pequeños martillazos de determinación. Pero antes de que pudiera cerrar la puerta, Sebastián se movió con la rapidez de un depredador, su mano aferrándose al metal.
Isabel lo miró como si fuera una alimaña.
-Suelta la puerta.
En lugar de obedecer, Sebastián la tomó del brazo y la jaló hacia afuera. La diferencia de fuerza era abismal; por más que Isabel intentó resistirse, fue inútil. La rabia encendió sus ojos como brasas.
-¡Suéltame! ¡¿Qué te pasa?!
Sebastián la arrastró hacia su Rolls–Royce mientras le arrebataba las llaves de su auto, lanzándolas con un movimiento fluido hacia José Alejandro. El chofer las atrapó en el aire y, sin perder un segundo, se subió al auto de Isabel y se lo llevó.
Los puños de Isabel se cerraron con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos.
-¡Eres un…!
Sebastián finalmente la soltó, satisfecho de haber frustrado su escape.
-¡Dile a José que regrese ahora mismo!
Sebastián ya se había deslizado tras el volante de su auto y lo había encendido. La miró a través de la ventanilla bajada.
-¿Te subes o qué?
La furia burbujeó en el pecho de Isabel. Con un movimiento rápido, su pie conectó con el neumático del auto en una patada furiosa. Sin otras opciones, finalmente se subió al asiento trasero, manteniendo la mayor distancia posible.
-Vente adelante -ordenó él.
-¿Vas a arrancar o no?
-¡lsabel! -Su voz se había vuelto un látigo de autoridad.
1/2
Capítulo 21
-Pues vámonos ya.
“Ni loca me siento junto a él“, pensó Isabel. No era de las que se dejaban mangonear por ningún hombre, mucho menos por Sebastián.
La mandíbula de Sebastián se tensó visiblemente, una vena palpitando en su sien. Sin más remedio, puso el auto en marcha.
Salieron de la villa Bernard y tomaron rumbo hacia los Apartamentos Petit. Isabel, con los brazos cruzados sobre el pecho, miraba obstinadamente por la ventana.
-Mejor vamos a Torre Orion.
Sebastián la miró por el retrovisor, sus cejas fruncidas en un gesto de desprecio apenas disimulado.
-¿Y tú qué tienes que hacer allá?
El tono lo decía todo: ¿qué hace alguien como tú, una mantenida, en un lugar para ejecutivos de
élite?
-No es asunto tuyo.
Sebastián sintió que la sangre le hervía en las venas. Todo esto porque Iris había vuelto, ¿y ahora ni siquiera podía tener una conversación civilizada?
Frenó bruscamente a un lado del camino. Isabel lo miró con confusión.
-¿Y ahora qué?
Sebastián apretó el volante con una mano mientras daba otra calada furiosa a su cigarrillo.
-Haz que Iris regrese, y te juro que no la vuelvo a ver.
Isabel arqueó una ceja, estudiándolo en silencio. Sin esperar respuesta, Sebastián sacó su billetera y extrajo una tarjeta negra.
-¿Y eso qué es?
“¿En serio? ¿Está tratando de comprarme por la enfermedad de Iris? Qué bajo ha caído“, pensó Isabel con desprecio.
-Como los Galindo andan ocupados con lo de Iris, seguro no han tenido tiempo de abrirte una
cuenta. Toma esta.
No era la primera vez que se la ofrecía, pero ella siempre la había rechazado. Esta vez, sin embargo, Isabel extendió instintivamente la mano. ¿Dinero gratis? ¿Por qué no?
Pero antes de que pudiera tomarla, Sebastián la retiró con un movimiento rápido.
-¿La boda sigue en pie?
Isabel retrajo su mano como si la hubiera quemado. El dinero era una cosa, ¿pero la boda? ¡Ni
loca!
2/3
03:32
Capítulo 21
Sus labios se curvaron en una sonrisa sarcástica.
-¿No tienes cosas más importantes de qué preocuparte que de una boda?
“Seguro los viejos de la familia Bernard lo están presionando“, pensó. “Especialmente ahora que su abuelo está en el hospital. Lo único que él quiere es estar con Iris. Pobrecito.”
-Si Iris regresa y se une a su equipo médico, te prometo que no la volveré a ver.
Otra vez con lo mismo. La boda, Iris, la boda, Iris.
-Todo es para beneficiarla a ella, ¿verdad? -El veneno goteaba de cada palabra.
La frustración estalló en el rostro de Sebastián.
-¿Qué beneficio tiene ella? ¡Te lo he dado todo!
Isabel lo miró con desprecio.
-Se irá al extranjero en cuanto mejore. ¿No es eso lo que querías?
-¿Y cuánto tiempo va a pasar hasta que “mejore“?
La pregunta flotó entre ellos como un cuchillo.
Isabel sabía que lo que realmente quería era no volver a ver a Iris jamás, pero ¿realmente se iría al extranjero tan pronto?
Observó cómo el rostro de Sebastián se ensombrecía.
-Además, ¿quién me garantiza que vas a cumplir tu palabra de no verla?
Hablaba como si estuviera haciendo un gran sacrificio, pero Isabel sabía mejor. Probablemente eran puras promesas vacías, y a medianoche estarían juntos de nuevo.
“Con hombres así, mejor no hacerse ilusiones“, pensó. “Ni darles una sola oportunidad más.”
3/3