Capítulo 212
Carmen apretó los labios mientras observaba el celular de Iris sobre la mesita del hospital. La pregunta flotaba en el aire como una sombra: si Sebastián e Iris terminaban, ¿qué sería de su hija adoptiva? El hecho de que él le hubiera colgado el teléfono a Iris hacía que esa posibilidad pareciera cada vez más real.
-¿Cómo que te colgó así nada más? -Carmen se inclinó hacia adelante en su silla, sus ojos escudriñando el rostro de Iris-. ¿Se pelearon? ¿No será que lo presionaste demasiado con lo
del Chalet?
El Chalet Eco del Bosque era una propiedad invaluable, especialmente considerando que estaba destinado para la recuperación de Iris. Carmen sabía que la familia Bernard tendría sus objeciones. La cancelación de la boda con Isabel ya había causado suficiente controversia entre los miembros más antiguos de la familia. Sin duda ejercerían más presión sobre Sebastián por esto.
Iris jugueteó nerviosamente con un mechón de su cabello, sus ojos brillando con lágrimas
contenidas.
-¡Yo ni siquiera se lo pedí! Él fue quien me lo prometió.
La rabia burbujeaba en su interior. Todo había sido una promesa de Sebastián, ¿y ahora resultaba que él era quien estaba molesto? Su mente voló hacia Isabel, imaginando la forma en que la ridiculizaría después. Y luego estaba el asunto del millón… Cuando Isabel apostó con tanta seguridad, ¿ya sabría que Iris nunca podría mudarse ahí?
El rostro de Iris se oscureció con cada pensamiento, su respiración volviéndose cada vez más trabajosa.
Los días en el hospital se habían vuelto insoportablemente silenciosos. Ni Sebastián ni Valerio habían aparecido últimamente, cuando antes al menos uno de ellos siempre visitaba la habitación de Iris. Sin embargo, ellos no podían imaginar la tormenta que se estaba gestando.
En las oficinas del Grupo Galindo, la tensión era palpable. Valerio acababa de regresar de una visita a Iniciativas Boreal, y la revelación que traía consigo pesaba como plomo en su
estómago.
Sus zapatos resonaron contra el piso de mármol mientras se dirigía a la oficina de Patricio. Al entrar, su expresión era sombría.
-Es WanderLuxe Travels.
Patricio levantó la vista de sus documentos, sus gafas reflejando la luz del mediodía.
-¿WanderLuxe Travels?
-Si -Valerio se dejó caer en una de las sillas frente al escritorio-. El director general, un viejo compañero de la universidad, me preguntó directamente si habíamos ofendido a WanderLuxe.
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Capitulo 212
Patricio se quitó las gafas, frotándose el puente de la nariz.
-¿Cuándo los ofendimos nosotros?
En la memoria de Patricio, las interacciones con WanderLuxe Travels habían sido mínimas. A pesar de su corta existencia de apenas dos años, la compañía había crecido hasta alcanzar dimensiones que el Grupo Galindo ni siquiera podía soñar con igualar.
Valerio se inclinó hacia adelante, su voz cargada de amargura.
-No los ofendimos directamente, pero hemos tenido problemas con Isabel últimamente.
Los recuerdos de sus intentos por cerrar el estudio de Isabel le provocaron un sabor amargo en la boca. Habían investigado a todos sus socios, y ninguno cedió ante sus peticiones. La respuesta de WanderLuxe Travels había sido particularmente cortante.
-¿A qué te refieres? -Patricio entrecerró los ojos.
-Isabel y WanderLuxe Travels están conectados. Prácticamente todo su diseño pasa por ella.
Si WanderLuxe Travels estaba saboteando al Grupo Galindo entre las sombras, Valerio no tenía duda de quién estaba detrás de todo.
-¿Estás diciendo que Isabel está detrás de esto?
-No tengo la menor duda.
La oficina quedó en silencio mientras Patricio procesaba la información. Se quitó las gafas y se masajeó las sienes, intentando aliviar el dolor de cabeza que comenzaba a formarse.
Mientras tanto, en la Sierra de los Géiseres, el aire olía a minerales y vapor. Isabel había esperado sumergirse en las aguas termales apenas llegaran, pero Esteban, siempre protector, insistió en que almorzaran primero. Incluso la obligó a descansar una hora antes de permitirle acercarse a los manantiales.
Al salir del vestidor, Esteban le tendió una bata gruesa y afelpada.
-Póntela cuando salgas. No quiero que te vayas a resfriar.
Isabel rodó los ojos con fingida exasperación.
-Son como dos pasos.
El camino del vestidor a las aguas termales era ridículamente corto.
-Aun así -insistió Esteban, su tono no admitía discusión.
-Ya, está bien.
Isabel aceptó la bata, una pequeña sonrisa jugando en sus labios. Esteban la observó con ternura, sus ojos suavizándose ante su docilidad. Extendió la mano y le pellizcó cariñosamente la nariz.
Capítulo 212
-Eres un encanto cuando te portas bien.