Capítulo 213
El teléfono de Esteban vibró justo cuando estaban por partir. La pantalla se iluminó con un nombre que hizo que su rostro se endureciera instantáneamente, como si una sombra hubiera caído sobre él.
Sus dedos se deslizaron suavemente por el cabello de Isabel, su voz manteniendo ese tono cálido que reservaba solo para ella.
-Adelántate, princesa.
Isabel notó la tensión en sus hombros, ese cambio sutil que conocía tan bien.
-Va, no hay problema.
El sonido de sus pasos alejándose por las escaleras se desvaneció gradualmente. Solo entonces Esteban respondió la llamada, su mandíbula tensa.
-¿Ya encontraste a Isa?
La voz al otro lado del teléfono era seductora, casi musical, pero destilaba arrogancia en cada sílaba. Esteban apretó el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos.
-¿Y a ti qué te importa? -Un aura oscura emanaba de él mientras hablaba.
-Pues claro que me importa. Después de todo, Isa…
-Yeray -La voz de Esteban cortó el aire como una navaja-. Te sugiero que valores tu vida.
Yeray Méndez, el hermano de Flora, era el poder detrás del trono, la razón por la que Isabel se había visto forzada a abandonar Francia. En aquel entonces, tanto la madre de Isabel como Vanesa Allende estaban bajo su control, y el miedo a que pudieran salir lastimadas había sido real. La amenaza que Yeray representaba para Esteban también había pesado en la decisión de
Isabel.
Se había ido para desviar la atención de Yeray, para darle a Esteban espacio para respirar. Y ese respiro se convertiría en el mayor arrepentimiento de Yeray. Durante los últimos dos años, Esteban había desmantelado sistemáticamente el imperio de los Méndez, pieza por pieza.
Una risa despectiva escapó de los labios de Esteban.
-Vaya que tienes valor para llamarme.
-No es cuestión de valor -La voz de Yeray mantenía ese tono juguetón que tanto irritaba a Esteban-. Es que me preocupo por Isa, ¿sabes?
-Mejor preocupate por ti mismo. A Eoin O’Connor le gusta morder hasta a los suyos.
La mención de Eoin cayó como un balde de agua fría. Toda pretensión de juego se evaporó de la voz de Yeray, dejando solo un peligroso vacío.
-¡Saca a tus hombres de mi territorio!
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Capítulo 213
Los hombres de Esteban lo tenían acorralado, sin darle un respiro. Incluso habían descubierto su alianza con Eoin. La idea de que Esteban no descansaría hasta verlo muerto comenzaba a parecer una realidad muy tangible.
Isabel caminaba envuelta en una gruesa bata hacia las aguas termales, siguiendo el sendero marcado entre la vegetación. El vapor que se elevaba de las piscinas naturales creaba una neblina etérea en el aire fresco de la montaña.
-¿Señorita Allende?
La voz de José Alejandro rompió la paz del momento. Isabel se detuvo, girándose hacia la voz. Ahí estaban Sebastián y José Alejandro, como apariciones inesperadas en medio del vapor.
Los ojos de Sebastián se abrieron con sorpresa por un instante antes de que su rostro se endureciera. Se acercó a ella con pasos rápidos y decididos.
-¿Qué haces aquí? -Sus ojos se entrecerraron con sospecha-. ¿Quién te dijo que vendría?
Sebastián lanzó una mirada acusadora a José Alejandro, quien se estremeció visiblemente.
-La señorita Allende no me contactó en ningún momento se apresuró a aclarar.
La expresión de Sebastián se tornó más severa mientras escrutaba el rostro de Isabel.
-¿Cómo supiste que estaría aquí?
Isabel lo miró con una mezcla de incredulidad y diversión.
-¿De qué rayos hablas? ¿Crees que vine por ti?
“¿Todavía tan pagado de sí mismo después de todo este tiempo?“, pensó Isabel, conteniendo una carcajada. En ese momento, no solo cuestionaba la cordura de Sebastián, sino que comenzaba a preguntarse si había algo fundamentalmente mal en su cabeza.
-Deberías estar cuidando a tu adorada Iris, ¿no? -Una sonrisa sarcástica se dibujó en sus
labios.
-No evadas la pregunta. ¿Cómo te enteraste? ¿Viniste a buscarme?
El rostro de Sebastián se ensombreció, su mirada volviéndose más intensa y amenazadora.
José Alejandro, observando desde atrás, no pudo evitar una mueca incómoda. La lengua afilada de la señorita Allende era legendaria, y claramente no se dejaba intimidar por nadie.
Sebastián apretó la mandíbula, sus siguientes palabras saliendo entre dientes.
-Mira, Isabel, ya sé que eres astuta, pero vamos a hablar claro: si me dices quién es el dueño del Chalet Eco del Bosque, tal vez podría considerar…
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