Capítulo 215
La mandíbula de Sebastián se tensó al escuchar el apellido Allende. Una sombra cruzó por su rostro mientras su mano derecha jugueteaba inconscientemente con el reloj de diseñador en su muñeca, un gesto que delataba su nerviosismo.
Sus ojos se oscurecieron y su voz adoptó un filo cortante.
-¿Qué hace Isabel aquí? -El desprecio goteaba de cada palabra mientras giraba para enfrentar a José Alejandro.
José Alejandro se pasó una mano por el cuello, incómodo ante la intensidad en la mirada de su jefe.
-Debe ser casualidad, jefe. Nadie sabía que vendríamos, la visita fue de último momento. A lo mejor vino acompañando al señor Vázquez.
La tensión en el ambiente era palpable. José Alejandro sabía bien que no revelaría la ubicación de Sebastián a nadie, mucho menos a Isabel Allende.
Un músculo palpitó en la mandíbula de Sebastián al escuchar la mención de Ander. La temperatura pareció descender varios grados.
-Ve a averiguar con quién vino -ordenó Sebastián secamente.
José Alejandro vaciló, el conflicto evidente en su rostro.
-Señor, con todo respeto… comenzó, pero Sebastián lo interrumpió.
-Lo más urgente es encontrar al heredero Blanchet, lo sé. Si no resolvemos esto hoy mismo,
no solo el viejo Marcelo saldrá perjudicado. El Grupo Bernard también se verá afectado…
-Hizo una pausa, sus dedos apretando el puente de su nariz-. Y ni hablar de las
consecuencias para Iris.
Sebastián se masajeó las sienes, el dolor de cabeza amenazando con empeorar.
-No tomará mucho tiempo. Ve.
José Alejandro asintió resignado.
-Como ordene.
Isabel terminaba de ajustarse la bata en el vestuario, la tela suave envolviéndola en un abrazo cálido. Las palabras de Esteban resonaban en su mente mientras se aseguraba de abrigarse bien para el trayecto hacia las aguas termales.
Al cruzar el umbral del vestuario, su cuerpo chocó con una figura envuelta en una toalla. La mujer trastabilló y cayó directamente en el lavabo de la entrada, el agua empapando por completo la tela que la cubría.
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-¡Fíjate por dónde vas, estúpida! ¿O qué, estás ciega? -La mujer escupió las palabras con
veneno.
Isabel arqueó una ceja, su voz glacial.
-No sé si yo estaré ciega, pero tú claramente necesitas lentes.
La mujer se limpió el agua del rostro con movimientos bruscos y se incorporó. Al reconocer a Isabel, su expresión se transformó en una máscara de odio.
-Vaya, vaya… pero si es la ex prometida abandonada.
Isabel sintió que una sonrisa sarcástica se dibujaba en sus labios.
-Ah, Noelia Béringer. Con razón la falta de clase y modales.
El reconocimiento fue instantáneo. Noelia, la inseparable amiga de Iris. Se habían encontrado por primera vez en la mansión Galindo, donde Iris la trataba como a una mascota fiel. Después hubo otros encuentros desagradables durante algunas compras, donde Noelia siempre saltaba a defender a Iris y atacar a Isabel.
Noelia se arrancó la toalla mojada y la arrojó al suelo. Sus ojos brillaban con furia mientras se plantaba frente a Isabel.
-¿Tú me hablas de modales? ¿Tú?
Isabel mantuvo su postura relajada, aunque sus músculos se tensaron imperceptiblemente, lista para cualquier movimiento.
-Si el zapato te queda… -respondió con una sonrisa burlona.
El rostro de Noelia se contorsionó de rabia. Su mano se alzó como un relámpago, buscando el
rostro de Isabel.
Pero Isabel no era una damisela indefensa. Sus reflejos, afilados por años de estar alerta, le permitieron atrapar la muñeca de Noelia en el aire. Estaba lista para contraatacar cuando una fuerza desde atrás empujó a Noelia, haciéndola caer nuevamente en el lavabo.
Al mismo tiempo, unos brazos familiares arrastraron a Isabel hacia atrás, envolviéndola en un abrazo protector. El aroma a tabaco fino y sándalo la envolvió, reconfortante y familiar.
Isabel giró el rostro, encontrándose con la mirada tormentosa de Esteban. Sus ojos, normalmente cálidos cuando la miraban a ella, eran ahora dos trozos de obsidiana mientras
taladraban a Noelia.
-¿Estás bien? -La voz de Esteban era suave pero tensa-. ¿Te lastimó?
Isabel negó con la cabeza, su cuerpo relajándose instintivamente en el abrazo de su hermano,
-No, pero la muy pendeja intentó golpearme.
Mathieu llegó en ese momento, jadeando ligeramente. Sus ojos evaluaron rápidamente la situación antes de posarse en la forma en que Esteban protegía a Isabel. No pudo evitar una
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sonrisa mental al recordar cómo Esteban había salido disparado al primer indicio de
problemas, incluso desde tan lejos. La princesa de Puerto San Rafael nunca había sufrido un revés bajo la vigilancia de su hermano mayor.
Noelia se levantó del lavabo por segunda vez, el agua goteando de su cabello y su ropa. Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios mientras miraba la forma en que Esteban sostenía a
Isabel.
-Vaya, vaya, Isabel… ahora entiendo por qué tuviste el valor de romper tu compromiso con Sebastián. -Su voz destilaba veneno- ¿Encontraste consuelo en otros brazos tan rápido? ¿0
es que también quieres jugar a la pobrecita abandonada?
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