Capítulo 226
El teléfono temblaba entre los dedos de Iris mientras intentaba controlar su respiración entrecortada. Con el corazón latiendo desbocado, marcó el número de Sebastián. La llamada apenas duró un tono antes de ser rechazada.
Sus ojos se humedecieron ante este nuevo rechazo. La actitud distante de Sebastián le retorcía las entrañas, pero ya no se atrevía a intentar contactarlo de nuevo.
Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios mientras sus pensamientos se dirigían hacia Isabel. “¿Acaso ella lo sabía desde el principio?” La rabia comenzó a burbujear en su interior. “Esa maldita Isabel…”
Apretó los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos. Cuanto más pensaba en ella, más intenso se volvía su odio.
En la sala médica de la Sierra de los Géisers, Isabel se agitaba inquieta sobre la camilla. Sus dedos se aferraban con fuerza a la tela del asiento.
Los músculos de su cuerpo se tensaron al ver la aguja acercándose a su rodilla.
-¡Ay! ¡Con cuidado, me duele! -chilló, cerrando los ojos con fuerza.
Esteban, de pie junto a ella, dejó escapar una suave risa.
-Ni siquiera te he tocado -murmuró con ternura.
Isabel abrió los ojos de golpe.
-¿Qué? -Sus mejillas se tiñeron de rojo al ver que, efectivamente, Mathieu sostenía la aguja a varios centímetros de su piel.
El médico la observaba con una mezcla de diversión y exasperación.
-No he pinchado nada todavía. -Lanzó una mirada cautelosa hacia Esteban-. Mejor explícale. No quiero que después me culpen si gritas así.
Isabel se mordió el labio inferior, avergonzada.
-Si no vas a pinchar, ¿por qué andas apuntando con esa cosa? -protestó.
-Tengo que encontrar el punto exacto para la acupuntura -explicó Mathieu con paciencia-. Necesito ubicar dónde será más efectivo.
-Pues busca, pero aleja esa aguja de mí. -Isabel se estremeció visiblemente.
Mathieu contuvo un suspiro.
-Ya encontré el lugar. No grites, esto no duele.
-¡Ay! -El grito de Isabel resonó en la pequeña sala.
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Capitulo
Mathieu se quedó inmóvil, contemplándola con incredulidad.
-Ya está, deja de gritar. Terminamos -intervino Esteban, su voz teñida de diversión.
Isabel parpadeó confundida.
-¿Qué? -Sus ojos se abrieron con horror al ver a Mathieu preparando una segunda aguja.
Esta era exactamente la razón por la que detestaba la acupuntura. Un suero era una sola aguja, incluso un análisis de sangre. Pero esto… esto era una tortura con múltiples agujas, una tras
otra.
-No tengas miedo, cierra los ojos -susurró Esteban.
La amplia palma de su hermano cubrió suavemente sus ojos, girando con delicadeza su cabeza hasta apoyarla contra su pecho.
-Pero… -La voz de Isabel salió amortiguada contra la tela de su camisa-. ¿No hay otra opción? Puedo tomar medicinas…
-Ya casi terminamos -respondió él con suavidad-. Ya llevas varias agujas puestas.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Isabel. Ella, que no dudaba en enfrentarse a cualquiera, temblaba como una hoja ante unas simples agujas.
-No te muevas -advirtió Mathieu.
El sonido de la puerta abriéndose precedió a la entrada de Lorenzo.
-Señor.
-¿Ya firmaste? -preguntó Esteban sin soltar a Isabel.
-Sí, todo está en orden -confirmó Lorenzo-. Ander resultó ser bastante razonable. Corrigió de inmediato todos los puntos que señalamos.
Isabel alzó la mirada hacia su hermano.
-¿Qué le dijiste a Marcelo cuando lo viste?
Aunque no había presenciado el encuentro, ardía en curiosidad por saber cómo había quedado Sebastián.
Esteban pellizcó suavemente su oreja.
-Sebastián debe estar buscando una salida en este momento.
-¿Una salida? -El rostro de Isabel se iluminó con comprensión-. ¿Te refieres a que está buscando a Iris?
“Por supuesto“, pensó. “Ahora que sabe que Esteban es el heredero de los Blanchet y dueño del Chalet Eco del Bosque, debe estar aterrado por cómo lo ofendió antes.”
-¿Entonces Marcelo ya está enterado de tu historia con Sebastián?
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Capitulo 226
-Como padre, debe estar al tanto de las tonterías que hacen sus hijos -respondió Esteban con una sonrisa enigmática.
Isabel guardó silencio, imaginando la presión que Marcelo debía estar ejerciendo sobre Sebastián en ese momento.
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