Capítulo 227
Lorenzo terminó de reportar los avances del Grupo Vázquez y atendió una llamada que interrumpió el silencio de la oficina. Sus ojos se desviaron hacia donde estaba Isabel. Mathieu, con movimientos precisos, retiraba la última aguja del tratamiento mientras ella mantenía los ojos fuertemente cerrados, su cuerpo tenso como una cuerda de violín.
La mano de Esteban, cálida y protectora, seguía cubriendo los ojos de su hermana. A pesar de este escudo improvisado, pequeños quejidos escapaban de los labios temblorosos de Isabel.
-Ya pasó todo, pequeña. No hay nada más que temer -susurró Esteban con ternura, su aliento rozando suavemente el cabello de Isabel.
El labio inferior de Isabel tembló ligeramente.
-¿Ya terminamos con esto, verdad? -Su voz salió como un hilo de esperanza.
Mathieu, con la franqueza característica de su profesión, negó con la cabeza.
-Ni lo sueñes. Con tu condición actual, necesitas seguir con, el tratamiento por lo menos un
mes, tres veces por semana.
Los ojos de Isabel se cristalizaron al instante. Esteban lanzó una mirada glacial hacia Mathieu, una advertencia silenciosa para que guardara silencio.
Mathieu alzó una ceja, imperturbable ante la amenaza velada.
-Solo digo la verdad. Es mejor que se vaya haciendo a la idea.
-¿Realmente lo necesita? -La voz de Esteban era tajante y amenazadora.
Mathieu contuvo un suspiro exasperado. “¿Así que este es tu plan? ¿Consolarla cada vez que necesite una aguja? Qué pérdida de tiempo“, pensó mientras comenzaba a guardar su equipo con movimientos bruscos.
Lorenzo se acercó discretamente al grupo.
-Señorita, la señora Ruiz está aquí. Solicita verla.
El ambiente en la habitación se congeló instantáneamente. Isabel y Esteban intercambiaron una mirada cargada de significado. ¿Carmen Ruiz? Su presencia solo podía significar una cosa: la situación con el Grupo Galindo había llegado a un punto crítico.
Una sonrisa irónica se dibujó en los labios de Esteban. Resultaba casi cómico que la familia Galindo hubiera descubierto en días lo que Sebastián no había logrado en semanas investigando sobre el Chalet Eco del Bosque.
Los dedos de Esteban se deslizaron suavemente por el cabello de Isabel.
-¿Quieres recibirla?
Isabel negó con determinación.
03:40
Capitulo 227
-No tiene caso. El acuerdo de separación ya está firmado, todo Puerto San Rafael sabe que rompi lazos con los Galindo. ¿Para qué prolongar algo que ya está muerto?
Una mirada de Esteban fue suficiente para que Lorenzo entendiera la instrucción silenciosa. Con un asentimiento discreto, se retiró para manejar la situación.
Mathieu, sintiendo la intimidad del momento entre los hermanos, recogió sus instrumentos y se escabulló de la habitación, dejándolos solos.
Esteban tomó la mano de Isabel entre las suyas, notando su delicadeza y fragilidad.
-¿Siempre te trataron mal? -Su voz contenía un matiz peligroso.
Isabel esbozó una sonrisa torcida.
-No exactamente –“Para sentirse maltratado, uno debe ser la única víctima, ¿no? Y ese no fue mi caso“, pensó con amargura.
La tensión en el rostro de Esteban se suavizó imperceptiblemente. Con un movimiento fluido, llevó la palma de Isabel hacia sus labios, depositando un beso suave como una pluma.
El contacto despertó en Isabel recuerdos de su infancia. Cuando era pequeña, Esteban siempre besaba sus manos en los momentos más tiernos de sus juegos. Ahora, ese mismo gesto enviaba ondas de calor por todo su cuerpo.
Instintivamente, intentó retirar su mano, pero él la soltó primero. Con un toque juguetón en su nariz, la trajo de vuelta al presente.
El rostro de Isabel se tiñó de un rosa suave.
-Ya no soy una niña -murmuró, evitando su mirada.
-Ah, has crecido. Te has convertido en toda una mujercita.
Isabel se estremeció imperceptiblemente. Había algo en la forma en que pronunció “mujercita” que sonaba diferente, casi peligroso.
-¿Qué se te antoja cenar? -preguntó él, cambiando el tema.
-Algo de aquí -respondió ella sin pensarlo-. Escuché que el carne al vapor con verduras encurtidas es exquisito. Dicen que lo ahúman con hojas de alcanfor.
Sus ojos se iluminaron con un nuevo pensamiento.
-¡Ah! Y también el pato bañado en bebida de alcanfor. Muchas empresas lo compran como regalo de fin de año, debe ser delicioso.
Esteban asintió complaciente.
-Lo que tú quieras.
En la recepción, Carmen hervía de rabia al ser rechazada por el mismo hombre que había
312