Capítulo 233
Ander había regresado al centro de la ciudad. Acababa de salir de una reunión cuando el timbre de su celular interrumpió sus pensamientos. Al ver el nombre en la pantalla, una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro.
Susana entró a la oficina justo a tiempo para notar ese brillo travieso en los ojos de su jefe.
-Presidente Vázquez, aquí están los documentos que necesitan su firma.
El teléfono volvió a sonar. La sonrisa de Ander se ensanchó al reconocer el número de
Sebastián.
-Dime–contestó con tono despreocupado.
La voz tensa de Sebastián resonó al otro lado de la línea.
-¿Ya firmaste el contrato con la familia Blanchet?
Ander casi podía saborear la frustración en la voz de Sebastián. Una risa burlona escapó de
sus labios.
-¿Qué esperabas? ¿Que me quedara esperando a ver si llegabas a un acuerdo para después yo firmar? No, mi estimado. Es que yo no ando enredado en dramas amorosos. Tú podrás darte el lujo de perder el tiempo, pero yo no tengo tanta paciencia.
El silencio al otro lado de la línea fue casi palpable. Sebastián tomó una respiración profunda,
sus dientes rechinando de rabia.
-¿Por qué la familia Blanchet te eligió precisamente a ti?
-Pues porque yo no ando metido en líos de faldas.
El rostro de Susana se contrajo en una mueca. “Vaya manera más irritante de restregárselo en la cara“, pensó.
La furia de Sebastián era casi tangible a través del teléfono, pero Ander no había terminado de provocarlo.
-Yo que tú ni me preocuparía por la colaboración con la familia Blanchet. Al fin y al cabo, la vida de Iris es más importante, ¿no? -el sarcasmo goteaba de cada palabra.
El sonido cortante de la llamada terminada fue toda la respuesta que recibió. Ander se encogió de hombros con indiferencia.
-Así son las cosas.
“Mira que llevar tanto tiempo el señor Allende en Puerto San Rafael y no saber quién era“, pensó. “Se peleó con él, lo lastimó y encima lo insultó. ¡Vaya manera de buscarse problemas!”
Sus ojos se posaron en Susana.
-Busca alguna joya que le pueda gustar a una chica.
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Capitulo 233
Susana se tensó visiblemente.
-¿Es para la señorita Allende?
Ander comenzó a revisar los documentos sobre su escritorio con aire distraído.
-Es la hermana del señor Allende. Hay que tratarla como se merece.
No era ningún secreto para Ander que Isabel ocupaba un lugar privilegiado en el corazón de
Esteban.
-¿Otro regalo? -el nerviosismo en la voz de Susana era evidente mientras recordaba lo incómodo que había sido el episodio anterior.
-Por eso te digo que elijas bien. Algo que no se pueda malinterpretar.
Antes de que Susana pudiera expresar su preocupación sobre cómo cualquier regalo de un hombre a una mujer podría malinterpretarse, el teléfono de Ander volvió a sonar. Esta vez era
Camila.
-¿De dónde sacaste mi número? -el tono de Ander se volvió cortante.
Estos días eran cruciales para la colaboración con el señor Allende, y lo último que necesitaba era que Camila, con su imprudencia habitual, provocara problemas con Isabel. Por eso la había mantenido encerrada y sin teléfono.
-Hermano, por favor -suplicó Camila-. Déjame salir. Ya entendí que la regué.
La admisión de culpa no pareció conmover a Ander en lo más mínimo.
-Te juro que no voy a molestar a Isabel. De verdad.
Después de descubrir quién era realmente Isabel, el resentimiento carcomía a Camila por dentro. No podía digerir que aquella que todos consideraban una don nadie ahora estuviera tan por encima de ella. A pesar de que la familia Galindo la había tratado peor que a un perro, ¿cómo había logrado…?
-Oye, hermano, ¿te puedo preguntar algo? ¿Qué tipo de relación tienen Isabel y el señor Allende?
Ander guardó silencio un momento, sopesando su respuesta.
-No seas metiche. Esto no son juegos de niños.
-¿Entonces es tu novia?
-Tú…
-Vaya que sabe jugar sus cartas, ¿no? Mira que enganchar a alguien como el señor Allende… ¿Qué le habrá visto? ¿Qué trucos habrá usado?
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