Capítulo 234
La tensión se acumulaba en el rostro de Ander mientras las preguntas se amontonaban una tras otra, como piedras cayendo sobre sus hombros. Sus ojos se entrecerraron, revelando una mezcla de decepción e irritación que había estado conteniendo.
Una vena palpitó en su sien mientras apretaba el teléfono con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. Su respiración se volvió pesada, como si el aire se hubiera congelado en sus pulmones.
-¿Así que eso aprendiste de Iris en todo este tiempo? ¿A andar difamando a la gente? -Su voz era hiriente.
La voz de Camila tembló al otro lado de la línea.
-No, espera, yo no…
-Es la hermana adoptiva de Esteban -la interrumpió Ander con un tono cortante.
-¿Qué? ¿Cómo que…? -El asombro en la voz de Camila era palpable, la noticia la había impactado.
Un silencio incómodo se instaló entre ambos. Ander se masajeó las sienes, preguntándose en qué momento las conversaciones con Camila se habían vuelto tan agotadoras. “Todo empezó desde que comenzó a juntarse con Valerio y con Iris“, pensó con amargura. La influencia de la familia Galindo había sido como un veneno lento, transformando cada palabra que salía de su boca en malicia pura.
La furia burbujeaba dentro de él, amenazando con desbordarse. Lo que había comenzado como un buen día se había convertido en una pesadilla por culpa de Camila.
-¡Te vas a quedar encerrada! -rugió Ander, su voz retumbando en la habitación.
“Con esa lengua viperina que se carga, solo va a causar problemas“, reflexionó mientras su mandíbula se tensaba. La decisión estaba tomada: mantendría a Camila bajo llave hasta que
el señor Allende e Isabel abandonaran Puerto San Rafael.
A pesar de que el contrato ya estaba firmado, la preocupación le carcomía las entrañas. Si Esteban llegaba a arrepentirse… No, no podía permitirse ni siquiera considerar esa posibilidad. No le daría la más mínima oportunidad de echarse para atrás.
Tras colgar con Camila, sus dedos volaron sobre el teclado para marcar otro número.
-Si le permites tener un teléfono otra vez, considérate despedido -El tono seco en su voz no dejaba lugar a dudas sobre su seriedad.
-Sí, sí, señor -La voz temblorosa del mayordomo resonó al otro lado de la línea, cargada de temor y respeto.
Ander terminó la llamada y dirigió su mirada hacia Susana. El silencio se extendió por varios segundos mientras consideraba cuidadosamente sus siguientes palabras.
16:36
Capítulo 234
-Mejor olvídate de lo del regalo -dijo finalmente, su tono más suave pero igualmente firme-. Una mujer criada por el señor Allende ha visto lo mejor de lo mejor. Si no le gusta lo que elijas, solo conseguirás irritar al señor Allende.
-Está bien–respondió Susana, y el alivio en su voz era casi palpable. Por fin podía respirar tranquila.
La luz tenue de la noche bañaba la habitación en Sierra de los Géisers. Isabel se agitaba inquieta entre las sábanas, su sueño intranquilo evidenciaba los efectos del alcohol. Esteban, preocupado por su estado después de beber, había decidido quedarse a vigilarla.
Sentado en el sofá con su laptop sobre las piernas, alternaba su atención entre los documentos de trabajo y la figura durmiente de Isabel. La cobija se deslizó cuando ella se movió, y Esteban se levantó para acomodarla.
Isabel se aferró a la cobija con fuerza inesperada, obligándolo a levantarla suavemente para poder ajustarla. El movimiento la despertó.
Sus ojos se abrieron lentamente, nublados por el sueño y el alcohol.
-Hermano -murmuró con voz adormilada. El aroma dulzón del vino aún persistía en su aliento, señal de que la sopa para la resaca no había surtido efecto.
Esteban respondió con un suave sonido de reconocimiento mientras terminaba de cubrirla. Cuando intentó incorporarse, Isabel lo sorprendió rodeando su cuello con sus brazos.
-¿Mmm? -musitó él, arqueando una ceja.
-¿Me quieres o no me quieres?
La mirada de Esteban se suavizó, aunque un destello de diversión brilló en sus ojos.
-¿Todavía sigues borracha?
-¿Me quieres o no me quieres? -insistió ella.
-Sí, te quiero -respondió él con voz aterciopelada.
-¿Cuánto me quieres?
Esteban guardó silencio por un momento. “Isabel borracha es más difícil de manejar que de costumbre“, pensó con una mezcla de ternura y diversión.
Se inclinó hacia ella, su voz convertida en un susurro profundo y magnético.
-¿Y tú, Isa? ¿Cuánto me quieres tú?
-Mucho, muchísimo -respondió ella con voz suave y adormilada.
Algo en la inocencia de su respuesta, en la vulnerabilidad de su voz, logró derretir las últimas capas de hielo que protegían el corazón de Esteban.