Capítulo 235
El teléfono vibró en el silencio de la noche. La llamada de Lorenzo.
Esteban lanzó una última mirada a Isabel, quien yacía en la cama como un gatito ebrio, con las mejillas sonrosadas por el alcohol y la respiración suave y acompasada del sueño profundo.
-Habla -su voz apenas un susurro en la penumbra.
-Señor, tenía razón. Conor Gallagher ha estado escondido aquí en Puerto San Rafael.
-¿Ya dieron con él?
-Todavía no, pero hoy detectamos a Marc Lavoie merodeando por la zona.
En la oscuridad de la habitación, los ojos de Esteban, habitualmente impasibles, destellaron con un brillo peligroso. Su mandíbula se tensó imperceptiblemente.
-Manténganlo vigilado -ordenó con voz tajante.
-¡Como ordene!
Esteban hizo una pausa, sus ojos volviendo instintivamente hacia la cama donde Isabel dormía. La luz de la luna se filtraba por la ventana, dibujando sombras suaves sobre su rostro
sereno.
-Y una cosa más… -su voz se suavizó casi imperceptiblemente-. Quiero que aumenten la vigilancia de Isabel. Discretamente.
Lorenzo guardó silencio por un momento, sopesando sus siguientes palabras.
-¿Quiere que le sugiramos a la señorita que no vaya al estudio por un tiempo?
-No es necesario.
-Entendido.
Lorenzo comprendía perfectamente: Esteban quería mantener a Isabel en una burbuja de normalidad, protegida de cualquier sombra de peligro. El recuerdo de aquel incidente, años atrás, cuando Isabel presenció cómo Esteban acababa con la vida de alguien, seguía fresco en la memoria de todos. La forma en que ella se había encerrado en sí misma, como una flor marchitándose, había marcado un antes y un después. Desde entonces, Esteban la mantuvo alejada de los asuntos más oscuros de la familia… hasta el incidente con Flora y Yeray.
Tras colgar, Esteban salió al balcón. El aire fresco de la noche acarició su rostro mientras encendía un cigarrillo. La primera calada trajo consigo un momento de reflexión, interrumpido por la vibración insistente de su teléfono.
Miró la pantalla brevemente.
-Madre.
-¿Ya te enteraste de la alianza entre Yeray y Eoin? -la voz de Charlotte Blanchet sonaba
ค
Capítulo 235
tensa.
-Sí.
-Sabes que tiene interés en Isa. Cuídala bien, la niña es tímida
Esteban arqueó una ceja.
-¿Timida? -Una sonrisa indulgente se dibujó en sus labios mientras miraba a través de la puerta de cristal hacia la figura durmiente de Isabel. La pequeña fiera que conocía ahora distaba mucho de ser timida-. Entendido.
-Me informaron que Yeray va rumbo a Puerto San Rafael. ¿Tienes suficiente personal contigo?
-Por supuesto.
-¿Quieres que mande a Vanesa para que acompañe a Isa?
Un escalofrío recorrió la espalda de Charlotte al recordar lo sucedido tres años atrás, cuando encontraron esa brecha en la seguridad e Isabel tuvo que alejarse de la familia Allende.
-No será necesario.
“Ni Yeray ni Vanesa son de fiar“, pensó Esteban, recordando las habilidades de ambos para hacer desaparecer gente. Si Vanesa lograba llevarse a Isabel sin que nadie lo notara… El recuerdo de la última vez que Vanesa “entrenó” a Isabel, cuando nadie pudo encontrarla y regresó prácticamente irreconocible, bastaba para helarle la sangre.
-Tienes razón, esa niña es un dolor de cabeza -suspiró la señora Blanchet-. Una muchacha que podría ser tan refinada, y mírale nada más, actuando como un muchachito. ¡Y ese bronceado! Nada que ver con nuestra Isa, tan dulce con sus vestiditos, tan bien portada.
La frustración era evidente en su voz. Había soñado con vestir a su hija como una muñequita, pero la realidad había sido muy diferente: la chica detestaba los vestidos y rechazaba toda la ropa que su madre compraba.
-Cuídamela bien, y en cuanto termines allá, tráela de vuelta. Ese Puerto San Rafael no tiene nada bueno… Ya investigamos a los Galindo, y sus verdaderos padres… -dejó la frase en el aire, cargada de significado.
Charlotte había ordenado una investigación exhaustiva de la familia Galindo. Los problemas que enfrentaba el Grupo Galindo no solo venían de Esteban, sino también de la mano implacable de la señora Blanchet.
-Entendido.
Tras intercambiar algunas palabras más, terminaron la llamada. Esteban volvió a entrar en la habitación y encontró a Isabel destapada nuevamente. Su rostro, sonrojado por el alcohol, brillaba suavemente bajo la luz de la luna que se colaba por la ventana.
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