La Heredera 240

La Heredera 240

Capítulo 240 

La voz de Isabel temblaba con el esfuerzo de contener las lágrimas

Los labios de Esteban se curvaron en una sonrisa suave, casi traviesa

-¿De verdad no te acuerdas de nada

Isabel alzó la mirada, sus ojos vidriosos por el llanto contenido reflejando confusión

¿De qué habla? ¿Qué se supone que debo recordar?” 

Con movimientos calculadamente lentos, Esteban tomó la pequeña mano de Isabel entre las suyas. Sus dedos largos y elegantes la guiaron hasta rozar el punto lastimado en sus labios

-Aquíme mordiste

El rostro de Isabel se congeló

-¿Qué

¿Lo mordí? ¿Yo? No, no puede ser” 

-¿En serio no recuerdas nada

El cerebro de Isabel comenzó a dar vueltas como un trompo, mientras el calor le subía por el cuello hasta teñirle las mejillas de un rojo intenso

-¡Yo no fui

Las palabras brotaron instintivamente de su boca, aunque ni ella misma estaba segura. ¿De verdad lo hice? ¿O solo está jugando conmigo?” 

Con un movimiento repentino, Esteban le pellizcó suavemente los labios

-¡Oye! ¿Qué haces? -protestó Isabel, abriendo la boca por reflejo

-Nomás quiero ver cuál es el colmillito travieso

Isabel se retorció, intentando liberarse mientras cerraba la boca con fuerza. Sus ojos, aún brillantes por las lágrimas contenidas, lo miraron con una mezcla de vergüenza y duda

-¿De verdad fui yo

-¿Y quién más iba a ser

Isabel guardó silencio, su mente dando vueltas. ¿Quién más podría ser?. Hacía años que no estaba cerca de Esteban, limitándose a seguir sus movimientos a través de noticias dispersas. Francia por aquí, negocios por allápero sobre su vida privada, sobre mujeres, nadie se atrevía siquiera a murmurar

La garganta se le cerró mientras tragaba saliva, el rubor extendiéndose hasta la punta de sus orejas

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16:20 

Capitulo 240 

Esteban, notando su turbación, suavizó su expresión

-Ándale, vamos a cenar

No dijo más, y ella tampoco se atrevió a insistir

La brisa fresca de Sierra de los Géiseres les dio la bienvenida. A pesar de la hora, Esteban la condujo directamente al restaurante. El comedor ya estaba vacío, pero eso no importaba si Isabel quería comer, Esteban se aseguraría de que cocinaran lo que ella deseara

Isabel no podía evitar lanzar miradas furtivas hacia Esteban, sus ojos regresando una y otra vez a la herida en sus labios. ¿Qué tanto hice? ¿Solo fue una mordida? O tal vezUn 

pensamiento más atrevido la asaltó. ¿Me le habré lanzado encima?” 

Sus ojos escudriñaban el rostro de Esteban, buscando alguna pista

-¿Qué tanto me ves

La voz de Esteban la sobresaltó. Isabel se frotó las manos nerviosamente

-Nomáschecando si estás enojado

¿Qué hice? ¿Habré arruinado nuestra relación de hermanos?Durante años había mantenido sus sentimientos bajo llave, pero ahora¡Lo eché todo a perder!” 

Isabel se castigaba mentalmente cuando la voz profunda de Esteban la interrumpió. Él tomó un sorbo de agua, sus movimientos deliberadamente pausados

-¿Y crees que debería estar enojado

Su tono era indescifrable, como aguas profundas

-Es queyono fue con intencióno sea… 

Las palabras se le atoraron en la garganta al notar la frialdad en los ojos de Esteban. Las lágrimas amenazaban con desbordarse nuevamente

-De verdad no fue a propósito… 

Una risa baja y oscura escapó de los labios de Esteban mientras dejaba su vaso sobre la mesa. -Entonces dime, Isa, ¿cómo piensas arreglar esto

Isabel sintió que se le helaba la sangre. El tono de Esteban sugería que no había sido solo una mordida inocente. ¡Dios mío! ¿Qué hice? ¿Por qué tuve que tomar?” 

La mirada penetrante de Esteban la atravesaba, y ella era incapaz de descifrar la emoción que brillaba en sus ojos. Con la culpa pesándole en el corazón, bajó la cabeza

-Tú dirás, hermano¿cómo lo arreglamos

Ya nada volverá a ser igual entre nosotros, pensó con amargura

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