Capítulo 247
La sangre en la bufanda de Esteban brillaba bajo la luz de la noche. José Alejandro sintió que el aire se volvía denso, pesado, como si la muerte misma hubiera descendido sobre ellos. El aura que emanaba de Esteban era tan intensa que parecía distorsionar la realidad a su
alrededor.
Los ojos de Esteban, teñidos de un rojo inusual, se clavaron en Sebastián con saña.
-¿Viniste a molestar a Isabel? -Su voz resonó punzante.
Sebastián tragó saliva, intentando mantener la compostura, aunque su respiración lo
traicionaba.
-Solo quería preguntarle algunas cosas -respondió, luchando por mantener firme su voz.
Esteban avanzó con pasos medidos, cada uno resonando como un presagio de violencia. A pesar de su propio metro ochenta y cinco de estatura y su presencia normalmente imponente, Sebastián se encontró retrocediendo instintivamente ante los más de noventa de Esteban. El olor metálico a sangre mezclado con alcohol que emanaba de él solo intensificaba la
amenaza en el aire.
Sebastián levantó la vista, forzándose a mantener la mirada.
-Señor Allende, entre nosotros antes hubo algunos…
No pudo terminar. La mano de Esteban se cerró alrededor de su garganta como una garra de
acero.
-¡Señor! -El grito alarmado de José Alejandro cortó la noche.
Sebastián intentó contraatacar, pero algo en el agarre de Esteban pareció drenar toda su fuerza, como si su mera presencia absorbiera la voluntad de pelear.
-¿Quién te dio el derecho de estar molestándola una y otra vez? -La voz de Esteban era apenas un susurro, pero cargada de una violencia contenida que helaba la sangre.
José Alejandro, con el terror corriendo por sus venas al ver el brillo asesino en los ojos de Esteban, se lanzó hacia adelante.
-Señor Allende, todo fue un malentendido -suplicó, aferrándose a la muñeca de Esteban-. Un malentendido.
Los labios de Esteban se curvaron en una sonrisa que no llegó a sus ojos.
-¿Malentendido?
La palabra se sentía como ácido en la boca de Sebastián, quien jamás había sido humillado así en Puerto San Rafael.
-Sí… un malentendido -logró articular, sintiendo cómo el aire escapaba de sus pulmones.
1/2
20:15)
Capítulo 247
El agarre se intensificó. La visión de Sebastián comenzaba a nublarse cuando Carlos se acercó discretamente a Esteban.
-¿Qué tal si lo dejamos para después de ese asunto? -susurró, sabiendo que Marcelo Bernard no se quedaría de brazos cruzados si algo le pasaba a su único hijo.
Una risa despectiva escapó de los labios de Esteban.
-¿Y tú crees que la familia Bernard significa algo?
El desprecio en su voz hizo que José Alejandro sintiera que esa noche terminaría en tragedia. Sebastián, con el rostro ya morado, ardía de rabia e impotencia. Nadie en Puerto San Rafael se había atrevido a menospreciar así a su familia.
-La verdad es que no es gran cosa -intervino Carlos-, pero ese asunto sí que importa.
Los ojos de Esteban se entrecerraron ligeramente. Con un movimiento fluido, arrojó a Sebastián lejos de sí como si fuera un muñeco de trapo. Carlos tenía razón: tanto la familia Bernard como los Galindo eran insignificantes ahora, especialmente los Galindo, que se debatían inútilmente por sobrevivir.
Mientras Sebastián jadeaba en el suelo, tratando de recuperar el aliento, Esteban se ajustó los puños de la camisa con una calma escalofriante.
-Si te atreves a molestarla de nuevo, tu vida será mía.
La amenaza flotó en el aire como veneno. Sebastián, aún desde el suelo, tensó la mandíbula sabiendo que no era una advertencia vacía.
Esteban se giró hacia la casa con la misma elegancia letal de un depredador satisfecho. Lorenzo lo siguió de cerca, mientras Carlos se detuvo un momento junto a Sebastián, dándole unas palmadas en el hombro que parecían más una advertencia que un consuelo.
-Don Bernard, más te vale andarte con cuidado -murmuró antes de seguir a Esteban.
En la oscuridad, Sebastián permaneció en el suelo, temblando de rabia e impotencia, mientras José Alejandro se apresuraba a ayudarlo. Sus puños se cerraron con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos, pero ambos sabían que esa noche había estado a punto de ser la última de su vida.
20:15