Capítulo 256
El silencio pesaba como plomo en la habitación mientras Isabel buscaba desesperadamente una salida.
-Me… me caí.
Las palabras sonaron huecas incluso para ella misma. Su mente, exhausta y sobrecargada, no podía fabricar una mentira más elaborada. “Por favor, que no pregunte más“, rogó en silencio. Si seguía presionándola, terminaría confesándolo todo. ¿Y entonces qué? ¿Podrían seguir siendo hermanos después de eso? No, ni siquiera se atrevía a contemplar esa posibilidad.
Esteban entrecerró los ojos, su mirada penetrante estudiando cada gesto de Isabel.
-¿Te caíste? -Su voz destilaba incredulidad-. ¿De verdad crees que voy a creer eso, Isa?
“¡No puede ser que siga insistiendo!“, pensó Isabel, el pánico creciendo en su interior. “¡Por Dios! ¡Que venga la policía y me arreste de una vez! Prefiero la cárcel a esto.”
-Isa…
La voz grave de Esteban, con ese tono que siempre la hacía temblar, golpeaba contra sus nervios
ya destrozados. No podía más. Sus pensamientos comenzaron a correr salvajemente: “Si ya no podemos ser hermanos… ¿y si intento conquistarlo?”
Justo cuando estaba a punto de arriesgarlo todo, el celular de Esteban vibró, cortando la
tensión del momento.
El cuerpo rígido de Isabel se relajó visiblemente, como si hubiera encontrado una tabla de salvación en medio de un naufragio.
-Te están llamando -señaló, la desesperación mal disimulada en su voz.
Esteban la observó un momento más antes de revisar la pantalla. Era Lorenzo. A esa hora de la noche… Sus cejas se fruncieron mientras se apartaba para contestar.
-¿Qué pasa? -Su tono había vuelto a ser distante y cortante.
El corazón de Isabel seguía latiendo desbocado. Algo le decía que esto no había terminado, que solo era una pausa en medio de la tormenta.
Un minuto después, Esteban regresó del balcón. Su expresión se había ensombrecido aún más. -¿No que tenías sueño? ¿Por qué no te duermes de una vez?
-¡Sí, sí, ya me duermo! -Isabel prácticamente se zambulló bajo las cobijas. “Mejor no preguntar nada“, pensó. “Que ya no diga más“. Pero una nueva preocupación la asaltó: ¿qué haría mañana? Las marcas en su cuello no desaparecerían en una semana.
Al verla hecha un ovillo bajo las sábanas, la expresión de Esteban se suavizó levemente, un destello de resignación cruzando su rostro. Se acercó y la acomodó con gentileza.
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-Te he dicho mil veces que no duermas asi Es malo para tu corazón
Solo quiero desaparecer un ratito penso Isabel No se supone que debo darme la vuelta cuando te vavas? Pero no se atrevió a decirlo en voz alta
Mientras ajustaba las cobijas, los dedos de Esteban rozaron las marcas en su cuello Isabel
contuvo la respiración
-Con tantos moretones. no se van a quitar en una semana -murmurő el, su voz cargada de un significado que hizo que el estómago de Isabel diera un vuelco
¿Por qué tiene que ponerme más nerviosa?”, pensó ella. ¿Qué significa eso?” Una horrible sospecha comenzó a crecer en su mente: ¿y si Esteban recordaba todo?
Cuando él hizo ademán de levantarse, Isabel, en un impulso desesperado, agarro el borde de su bata El movimiento brusco hizo que sus uñas arañaran el pecho de Esteban, justo sobre las
marcas que ya tenía.
El aire se congeló en sus pulmones
Esteban bajó la mirada hacia la nueva marca.
-Isa
Las palabras se atoraron en su garganta. ¿Qué podía decir?
-Fuiste tú quien me hizo estas marcas?
-¡No -La respuesta salió disparada de sus labios. Estaba acorralada, ya no sabia como explicarse, pero al menos esas hendas anteriores no habían sido cosa suya.
La mirada de Esteban se clavó en ella, tan intensa que parecia quemarla. Isabel sintió que se le
acababa el aire.
-Hermano -Su voz temblo- ¿De verdad es imperdonable enamorarse de alguien?
“Especialmente de ti, añadió en silencio. Ya no podía más con el peso del secreto. ¿Qué más
daba si to confesaba ahora o despues? El resultado seria el mismo