Capítulo 257
El teléfono de Lorenzo volvió a sonar, rompiendo el silencio que envolvía la habitación.
Isabel notó que sus manos seguían aferradas a la de Esteban y las soltó instintivamente, como si el contacto le quemara la piel.
La tensión en el ambiente se volvía insoportable. Isabel sentía que cada segundo en su
presencia era una dulce tortura. “Vete, vete por favor“, suplicaba su mente mientras su corazón gritaba lo contrario.
Cuando intentó cubrirse hasta la cabeza con la cobija, buscando escapar de esa mirada que parecía atravesarla, Esteban se lo impidió con un movimiento firme pero gentil.
Sus ojos se detuvieron en las marcas del cuello de Isabel. El corazón se le encogió al verlas, como si cada una fuera un recordatorio de lo que había sucedido entre ellos.
Una sonrisa suave se dibujó en su rostro mientras depositaba un beso tierno en la frente de
Isabel.
-Pórtate bien y descansa un rato -murmuró con voz aterciopelada.
Se incorporó con movimientos deliberadamente lentos, como si cada paso que lo alejaba de ella le pesara en el alma.
El corazón de Isabel latía desbocado contra su pecho. Sus pensamientos corrían en todas direcciones, chocando entre sí, dejándola en un estado de vulnerabilidad que jamás había experimentado.
Dicen que cuando alcanzas el límite de tu vulnerabilidad, es cuando realmente puedes ser valiente. Y en ese momento, su valentía se disparó hasta tocar el cielo.
Justo cuando Esteban posó su mano sobre la manija de la puerta, Isabel encontró su voz:
-…Anoche me hiciste tuya.
El tiempo pareció congelarse. El aire se volvió denso, casi irrespirable.
Isabel sentía su propia respiración irregular, sus pupilas contraídas fijas en la espalda de Esteban. Aunque no podía ver su expresión, sabía que ya no había vuelta atrás. Las cartas estaban sobre la mesa.
Tantos años ocultando sus sentimientos la habían desgastado por dentro. Había sido una carga demasiado pesada de llevar.
Durante su tiempo en Francia, vivía con el constante temor de que alguien notara sus verdaderos sentimientos hacia Esteban. Cada vez que los amigos de su mundo oscuro comentaban sobre lo comprensiva que era su hermana, sobre lo linda que era al visitarlo, cada una de esas palabras era un recordatorio cruel de su papel en su vida: su hermana.
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Capítulo 257
A pesar de no compartir lazos de sangre, el mundo entero la veía como su hermana. Era una etiqueta que se sentía grabada a fuego en su piel, una que no estaba segura de poder borrar jamás.
Además estaba el tema de las familias, del estatus. La posición de Esteban en la sociedad exigía que quien estuviera a su lado fuera alguien de su nivel, tanto en poder como en conexiones familiares.
Estos pensamientos siempre le recordaban a Isabel que su amor era como la llama de una vela en medio de una tormenta: pequeña, vulnerable, insignificante.
El miedo a revelar sus sentimientos la había paralizado durante años. Y ese mismo miedo la había llevado a mantener una distancia prudente con Esteban.
Pero la noche anterior… esa distancia se había desvanecido por completo.
¿Tendría que seguir ocultando sus sentimientos toda la vida?
La relación de hermanos… hacía mucho tiempo que no quería mantenerla.
Los ojos de Isabel se humedecieron. Se limpió la nariz discretamente, notando que Esteban seguía sin voltear. Su voz sonó ronca, quebrada por la emoción contenida.
Ya estaba preparada para enfrentar cualquier tormenta que viniera.
Esteban se giró lentamente.
En la penumbra de la habitación, su expresión era indescifrable. Se acercó a la cama con pasos decididos, su presencia llenando cada rincón del espacio.
Isabel sintió el impulso de retroceder ante su cercanía abrumadora.
Pero antes de poder moverse, la mano de Esteban se deslizó bajo la cobija y la atrajo hacia él.
-¿Estás enojado? Pero si tú… tú fuiste quien… yo no te seduje, tú… -balbuceo Isabel, las palabras tropezando unas con otras en su nerviosismo.
En realidad, aunque no había tomado la iniciativa, tampoco se había resistido.
Los labios fríos de Esteban silenciaron sus palabras.
Isabel se quedó paralizada, su respiración entrecortada.
¡El aire abandonó sus pulmones una vez más!
Su mente se detuvo por completo mientras el beso se volvía más intenso, dominante, sin dejarle espacio para dudar o escapar.
La presencia de Esteban la envolvía por completo, junto con la suavidad de sus labios que contrastaba con la firmeza de su abrazo.
Las pupilas de Isabel se dilataron, su respiración cada vez más irregular.
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Capitulo 257
Su mente era un torbellino de pensamientos inconexos.
Después de lo que pareció una eternidad.
El teléfono de Esteban volvió a vibrar, obligándolo a separarse. Un destello de molestia cruzó por sus ojos.
Manteniendo sus frentes juntas, su voz sonó ronca:
-¿Así que te obligué? ¿Eso es lo que estás insinuando?
Isabel, todavía aturdida, asintió mecánicamente.
-Entonces, Isa, ¿qué piensas hacer? ¿Eh? -preguntó Esteban con un tono indescifrable.
El labio inferior de Isabel tembló.
¿Le estaba preguntando a ella qué pensaba hacer? ¿No debería ser él quien se hiciera cargo de
la situación?
¿Qué significaba esto exactamente?
¿Acaso intentaba echarle la culpa a ella?
Otros problemas podría cargar sobre sus hombros, pero este… ¡definitivamente no!
-Esto es algo de lo que tú tienes que hacerte cargo -declaró con voz temblorosa pero firme.
Un silencio pesado se instaló entre ambos.
-¿Y ahora qué? -La voz de Isabel se quebró, revelando toda su angustia.
Era evidente su desesperación.
El terror la consumía: temía que Esteban estuviera molesto, pero más aún, le aterraba la posibilidad de que después de todo, él quisiera mantener su relación fraternal intacta.
Si ese fuera el caso, definitivamente no podría soportarlo.
Al escuchar su tono ansioso, la sonrisa en los ojos de Esteban se profundizó: —¿Así que debería hacerme responsable?
-Claro que tienes que hacerte responsable -sus ojos se llenaron de lágrimas-. Te lo advierto,
si no lo haces, no te la vas a acabar.
Y con esas palabras, Isabel finalmente se quebró, dejando que los sollozos sacudieran s cuerpo sin control.
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