Capítulo 258
peso de tantos años la había abrumado, y ahora, de golpe, lo dejaba caer sobre los hombros de Esteban. El tiempo había fluido inexorable, arrastrando consigo preguntas sin respuesta. Nadie comprendía cómo había logrado sobrevivir todos esos años después de abandonar Francia, sin una fecha de retorno en el horizonte. La incertidumbre de no saber cuándo podría volver a su lado, ni cuánta influencia mantenía aún la familia Méndez sobre él, la carcomía por dentro como un veneno lento.
Isabel sintió que sus ojos se humedecían. Todo el dolor que había contenido durante tanto tiempo finalmente se desbordaba como un río furioso, arrastrando consigo años de angustia contenida.
Esteban deslizó su mano por la espalda de Isabel con una ternura que reservaba solo para ella. -No llores, pequeña. Yo me haré cargo de todo.
Isabel hundió el rostro en la camisa de Esteban, empapándola con sus lágrimas.
-De todas formas tenías que hacerlo -murmuró contra su pecho.
Los dedos de Esteban se detuvieron en su mejilla con suavidad.
-Mira nada más cómo me dejaste la camisa, traviesa.
Isabel alzó la mirada, sus ojos aún brillantes por las lágrimas.
-También es tuya.
El timbre del celular de Lorenzo interrumpió el momento antes de que Esteban pudiera responder. Por la expresión que cruzó su rostro, Isabel supo que era algo urgente. Tras cortar la llamada, Esteban se incorporó con reluctancia.
-Todavía no amanece. Deberías dormir un poco más.
-¿Vas a salir? -La voz de Isabel tembló ligeramente.
Esteban asintió en silencio. Se inclinó para depositar un beso en su frente, pero antes de que pudiera alejarse, Isabel lo sujetó por la camisa. La imagen de aquella bufanda manchada con sangre, algunas gotas que no eran suyas, atravesó su mente como un relámpago.
-¿Es peligroso? -Sus dedos se aferraron con más fuerza a la tela.
Conocía demasiado bien los negocios de la familia Blanchet, los peligros que acechaban a Esteban en cada esquina de ese mundo. A pesar de su fuerza, el miedo se arrastraba por su pecho como una serpiente.
Esteban se giró hacia ella. La preocupación en los ojos de Isabel derritió algo dentro de él.
-Todo estará bien.
Con delicadeza, liberó su camisa de los dedos temblorosos de Isabel. La arropó con cuidado
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antes de dirigirse a la puerta.
Cuando la puerta se cerró tras él, Isabel se hundió entre las cobijas. Su corazón aún latía desbocado. Esteban había prometido asumir la responsabilidad, pero ¿cómo lo haría? ¿Se casaría con ella? En sus fantasías más secretas, había imaginado su boda con Esteban incontables veces, pero jamás creyó que podría volverse realidad. ¿Realmente podría casarse con ella? ¿Las circunstancias lo permitirían?
El tiempo se deslizó como arena entre sus dedos mientras daba vueltas en la cama, su mente un torbellino de posibilidades. Afuera, la nieve caía copiosamente, contrastando con el calor acogedor del interior. Finalmente, el agotamiento la venció.
Isabel durmió hasta que el insistente sonido de su teléfono la arrancó del sueño. El reloj marcaba las diez de la mañana.
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-¿Bueno?-contestó con voz adormilada.
-¡lsalsa! La voz exaltada de Paulina Torres resonó en su oído.
-Mmm… murmuró Isabel, aún medio dormida.
-¿Cómo es que sigues en la cama a esta hora? Y además suenas como si te hubieran dado una revolcada.
Isabel se tensó al escuchar esas palabras. Si Paulina supiera lo cerca que estaba de la verdad…
-Tengo un chisme buenísimo, ¿quieres oírlo?
Isabel sonrió para sí misma. ¿Qué podría ser más emocionante que su noche con Esteban?
-¿Qué tan bueno?
-Espérate, me voy a acercar para que escuches tú misma.
-¿Qué cosa?
A través del teléfono, se filtraron los sollozos dramáticos de Iris y los gritos histéricos de
Carmen.
-¡No pueden darle el alta así! ¡Está delicada! ¿Quieren que se muera o qué? -La voz de
Carmen vibraba de furia.
-Señora Galindo, lamentamos no poder hacer más por la señorita Galindo -respondió una voz masculina con tono profesional-. De verdad lo sentimos.
-¿Cómo que no pueden hacer más? -Carmen estalló-. ¡He gastado una fortuna en traer especialistas! ¿Dónde están? ¿Por qué no están aquí?
-¡Ya se fueron!
Isabel procesó rápidamente la información que llegaba a través del teléfono: el hospital quería
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Capitulo 258
dar de alta a Iris.
-¿Escuchaste? -La voz de Paulina regresó, vibrando de emoción. ¿Qué te parece? ¿A poco no está buenísimo?
Isabel se incorporó en la cama, ahora completamente despierta.
-Está increíble, pero ¿qué pasó exactamente? ¿Por qué la quieren dar de alta?
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