Capítulo 260
Isabel guardó silencio, las piezas del rompecabezas encajando en su mente. Si Sebastián mencionaba a las familias Galindo y Bernard, el asunto de Iris tenía que estar conectado con Esteban. Recordó la furia en los ojos de su hermano cuando se enteró del accidente.
Una sonrisa mordaz se dibujó en sus labios.
-De verdad que tienes cara, Sebastián. Me impresionas.
El descaro de este hombre la asombraba. Aun sabiendo que todo esto tenía que ver con ella, se atrevía a hablarle así por teléfono.
La voz de Isabel adquirió un filo peligroso.
-Te voy a refrescar la memoria. Hace dos años, tu querida Iris casi me mata. Y fíjate que tengo un defecto: cuando alguien me debe algo, no descanso hasta cobrar con intereses.
“¿Así que ahora soy la villana? Qué conveniente. Cuando ellos abusan de su poder son los nobles, pero cuando alguien les responde…”
Una risa amarga escapó de sus labios.
-Una vida vale el doble. Me parece justo.
-¡lsabel! -La voz de Sebastián retumbó con furia contenida.
Antes de que pudiera continuar, Isabel cortó la llamada.
“¿Habrá sido Esteban?” Una sonrisa satisfecha se dibujó en su rostro. No importaba quién hubiera sido, Iris se lo tenía bien merecido. Cuando Andrea confirmó las enfermedades de Iris, Isabel había decidido no intervenir. Pero después de lo que había hecho Esteban…
Los recuerdos de su infancia la inundaron: Esteban protegiéndola, cuidándola, siendo su refugio cuando el mundo se volvía demasiado hostil. Una calidez familiar se expandió en su pecho, mientras se preguntaba hacia dónde los llevaría todo esto.
El cuerpo le pesaba como plomo. Se llevó una mano a la frente; ardía. Intentó levantarse para buscar agua, pero apenas sus pies tocaron el suelo, sus piernas cedieron.
Un dolor agudo le recorrió las extremidades, haciéndole imposible incorporarse.
El sonido de la puerta abriéndose la hizo girar la cabeza. Esteban estaba ahí, con copos de nieve aún sin derretir sobre su abrigo negro y en su cabello oscuro.
-Hermano… -Su voz salió como un susurro suplicante.
Esteban se acercó con pasos rápidos y la levantó del suelo como si no pesara nada.
-¿Qué pasó, pequeña?
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Capítulo 260
Las lágrimas comenzaron a brotar sin control.
-Me duele mucho… No tengo fuerzas.
Nunca había sentido una debilidad así, un dolor tan intenso. Esteban notó el calor que emanaba de su cuerpo mientras la sostenía.
La depositó con suavidad en la cama y tocó su frente. Estaba ardiendo.
Diez minutos después, Mathieu llegó presuroso. Al tomar su temperatura, frunció el ceño.
-Treinta y nueve grados. ¿Cómo subió tanto? ¿Estás lastimada?
о
Isabel guardó silencio. Su cuerpo se tensó involuntariamente ante la pregunta, y un rubor intenso cubrió sus mejillas. Más que una herida, era una situación… delicada.
La irritación se filtró en la voz de Mathieu.
-Te pregunté si estás lastimada.
Sus ojos la escudriñaban con desaprobación, como si Isabel hubiera hecho algo para lastimar
a Esteban.
Isabel tragó saliva y asintió levemente.
-Creo que sí… pero no estoy segura.
Le dolía, y mucho, pero no sabía cómo explicarlo sin morir de vergüenza.
Mathieu y Esteban intercambiaron una mirada cargada de tensión. Isabel se encogió bajo el escrutinio de ambos, especialmente bajo la mirada penetrante de Esteban, que parecía poder ver a través de ella.
-Sal un momento -ordenó Esteban a Mathieu.
-¿Eh? -Mathieu parpadeó confundido. ¿Por qué tenía que salir? Él era el médico, ¿qué podría haber que no pudiera saber?
La mirada de Esteban no dejaba lugar a discusión. Mathieu salió en silencio, cerrando la puerta tras de sí.
Esteban se sentó al borde de la cama y extendió la mano hacia las cobijas.
-Déjame ver.
-¿Qué? -Los ojos de Isabel se abrieron como platos. “¿Ver qué? Hermano, ¿qué estás intentando hacer?”
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