Capítulo 276
Isabel interrumpió a Esteban antes de que terminara su sugerencia. El comentario había brotado de sus labios casi instintivamente, recordando todas aquellas tardes frías cuando ella y Paulina buscaban refugio en un buen plato de barbacoa humeante.
Esteban le dio un golpecito juguetón en la frente.
-¿De verdad crees que puedes comer eso ahorita?
Isabel hizo un puchero, sus labios formando un mohín infantil que rara vez se permitía mostrar. -Ya, tienes razón -admitió con resignación.
Las heridas en su cuerpo, especialmente ubicadas como estaban, le impedían disfrutar de cualquier cosa picante por el momento. Ese pensamiento solo intensificó su frustración.
Esteban se inclinó, apoyando su frente contra la de ella para comprobar su temperatura.
-Todavía no te estabilizas del todo.
Isabel retrocedió por instinto. Sus manos, buscando apoyo, fallaron en encontrarlo y terminó cayendo de espaldas sobre la cama.
Una ceja de Esteban se arqueó con diversión.
-¿Y eso qué fue, Isa?
El rostro de Isabel se tensó instantáneamente, un rubor traicionero extendiéndose por sus
mejillas.
-Yo… este… fue sin querer.
“Ay, no… esto es una locura“, pensó frenéticamente. Acababa de tocarse la frente y caer directamente en la cama, ¿no parecía como si lo estuviera invitando? Pero de verdad no era su intención.
El rubor en su rostro se intensificó mientras los eventos desde la noche anterior comenzaban a reproducirse en su mente como una película en cámara lenta. Todo parecía tan irreal, como si estuviera atrapada en un sueño del que no terminaba de despertar. El cambio en su relación con Esteban era algo que su mente aún no lograba procesar por completo.
Con movimientos nerviosos, intentó alcanzar la cobija, pero Esteban se le adelantó. Se inclinó hacia ella con la gracia de un depredador, y en un movimiento fluido, capturó sus labios en un beso cargado de añoranza reprimida.
Era un beso que hablaba de años de deseo contenido, finalmente liberado. La forma en que la besaba revelaba cuánto la había deseado, cuánto la había añorado en silencio…
Justo cuando la situación amenazaba con descontrolarse por completo, Esteban se apartó
1/3
59.17
Capítulo 276
abruptamente.
Isabel, con el rostro encendido y la respiración agitada, lo miró desconcertada. Sus ojos, grandes y brillantes por la sorpresa, revelaban una inocencia que contrastaba con la intensidad del momento.
Los dedos de Esteban, cálidos y gentiles, rozaron su párpado.
-Esa mirada… guárdala solo para mí.
-¿Eh? -murmuró Isabel, aún aturdida por el beso.
Esteban dejó escapar un suspiro resignado antes de levantarse rápidamente. Salió de la habitación sin decir más, pero Isabel notó un detalle revelador: al incorporarse, había ajustado discretamente su camisa para que cayera suelta, como intentando ocultar algo…
Esa noche, sintiéndose considerablemente mejor, Isabel decidió bajar al comedor para la cena. Cuando descendió las escaleras, Esteban aún no había llegado. Apareció unos diez minutos después, vistiendo una bata de dormir, con el cabello todavía húmedo por la ducha.
Al verla, frunció el ceño con preocupación.
-¿Por qué bajaste? Podían haberte subido la cena a tu cuarto.
-Quería venir a comer acá -respondió con naturalidad.
La verdad era que detestaba comer en su habitación. Además, si le llevaban la cena arriba, Esteban seguramente ordenaría porciones medidas. Ahora que estaba herida, necesitaba más nutrición que nunca.
En cuanto se sentó a la mesa, Isabel comenzó a comer con evidente apetito. Esteban la observaba con una mirada serena pero penetrante.
-¿Por qué me ves así? -preguntó ella, notando su escrutinio.
-Ya vas por el segundo plato.
-Ah… Isabel hizo una pausa-. ¿Ya vas a empezar a controlar lo que como?
-Estando herida necesito mucha, muchísima nutrición. Es obvio que tengo que comer más.
La expresión de Esteban se suavizó, una sonrisa divertida jugando en sus labios.
-No está mal. Es una buena excusa.
-No es excusa, es la verdad -murmuró ella, mientras se servía un generoso trozo de carne.
Desde que Esteban había llegado a Puerto San Rafael, apenas había podido cenar tranquila. Aunque el menú de esa noche era ligero, no afectó en lo más mínimo su apetito.
Después de la cena, Esteban la acompañó de vuelta a su habitación. Se dirigió al armario para sacar las medicinas y se acercó a ella con paso decidido.
2/3
22.17
Capítulo 276
-¡No! -Isabel se tensó visiblemente-. Yo puedo sola.
Esteban arqueó una ceja.
-¿Tú sola?
-Sí, de verdad puedo hacerlo yo misma.
La sonrisa que se dibujó en el rostro de Esteban era una mezcla de indulgencia y picardía que Isabel nunca había visto antes. Un escalofrío de anticipación le recorrió la espalda. Esa sonrisa no presagiaba nada bueno.
22:17