Capítulo 278
Iris contemplaba el atardecer desde su ventana, mientras una sonrisa amarga se dibujaba en sus labios. Jamás habría imaginado el alcance del poder de Isabel. En cuestión de días, había logrado acorralar a toda la familia Galindo, dejándolos sin opciones, como ratas en una trampa. Valerio se pasaba la mano por el cabello, un gesto que delataba su frustración.
-Ya arreglé todo para que te vayas del país cuanto antes. Podrás internarte directamente en el hospital.
Los ojos de Iris se abrieron de par en par, reflejando una mezcla de sorpresa y temor.
-¿Al extranjero? -su voz tembló ligeramente.
Valerio apretó los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos.
-Sí, aquí en Puerto San Rafael la situación está imposible. Mamá llamó a todos los médicos que conoce, pero ninguno quiere venir.
Iris jugueteaba nerviosamente con un mechón de su cabello.
-¿La familia Blanchet hizo todo esto por Isabel? Pero si ella solo es… -se detuvo abruptamente, mordiendo su labio inferior.
“No, este no es el momento para que empiecen a dudar de Isabel“, pensó. “Si van tras ella ahora, los únicos que saldrán perdiendo seremos nosotros“.
Sin embargo, la semilla de la duda ya había germinado en la mente de Valerio. ¿Cómo era posible que una simple hija adoptiva tuviera tanto poder? ¿Qué clase de influencia ejercía sobre el señor Allende?
Después de reflexionar sobre su situación en Puerto San Rafael, Iris dejó caer los hombros en señal de derrota.
-Está bien, me iré al extranjero.
“Isabel, disfruta tu victoria por ahora. Cuando me recupere, me encargaré de ti personalmente“, pensó mientras sus ojos destellaban con una frialdad calculadora.
Valerio asintió secamente.
-Empezaré los preparativos de inmediato.
Cuando Valerio abandonó la habitación, el rostro angelical de Iris se transformó. Sus facciones delicadas se contorsionaron en una máscara de odio puro.
-Bien jugado, Isabel, bien jugado–susurró con veneno en cada palabra-. Si no estuviera enferma, jamás habrías podido hacerme esto. Pero espera… cuando me recupere, me aseguraré de que pagues por cada humillación.
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Capitulo 278
La Sierra de los Géisers se alzaba majestuosa bajo el cielo estrellado. En una de las habitaciones más exclusivas, Isabel miraba a Esteban con ojos suplicantes mientras terminaba de aplicarse la medicina. Su rostro, estaba tan rojo como las amapolas del jardín.
-¿Qué haces todavía aquí? -murmuró, evitando su mirada.
Su voz salió más débil de lo que pretendía. En ese momento, solo quería desaparecer bajo las sábanas y no enfrentar esos ojos que parecían ver a través de su alma.
Para su sorpresa, Esteban, lejos de marcharse, comenzó a desabotonarse la bata exterior, quedándose solo con la pijama de seda. Con movimientos deliberadamente lentos, se deslizó bajo las sábanas.
-A dormir–declaró con naturalidad.
Isabel parpadeó varias veces, procesando la situación.
-No, espera, esto… -las palabras se atropellaban en su boca.
-¿Alguna objeción? -el tono de Esteban era suave pero firme.
Isabel se retorció las manos, nerviosa. La cercanía de Esteban, el calor que emanaba de su cuerpo, todo era demasiado intenso.
-¿No crees que deberíamos pensarlo mejor? -susurró-. Después de lo que pasó en la sala de billar, frente a todos… nuestra relación…
Esteban extendió la mano y le pellizcó la nariz con suavidad.
-¿En qué tanto piensas, pequeña?
-Me pregunto si esto está bien para nosotros -confesó Isabel, frotándose las manos-. Con todo Puerto San Rafael creyendo que somos hermanos…
No púdo terminar la frase. La noche anterior y esta madrugada se había dejado llevar por sus sentimientos, pero ahora, la realidad caía sobre ella como una losa. Aunque no compartieran lazos de sangre, la posición de Esteban, su reputación…
Durante dos años había vivido sin ataduras en Puerto San Rafael, ignorando los chismes y las calumnias de Iris. Nada de eso le importaba. Pero Esteban… él sí tenía que preocuparse por su imagen, por las habladurías, por las palabras hirientes que podrían dirigirse hacia él.
-Isa.
La voz de Esteban, profunda y cálida como el terciopelo, interrumpió sus pensamientos. Con un movimiento fluido, la atrajo hacia su pecho, enterrando los dedos en su cabello.
-¿No eras tú la que esta mañana exigía que me hiciera responsable? -su voz tenía un toque de diversión. ¿Qué pasó con esa valentía?
Isabel hundió el rostro en su pecho, inhalando su aroma familiar.
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Capítulo 278
-Hermano, ¿has oído que las palabras pueden destruir reputaciones? -su voz salió amortiguada y tensa.
Frente a Esteban, era incapaz de mantener sus máscaras. Él siempre había podido leer a través de sus defensas como si fueran de cristal.