Capítulo 384
El silencio se apoderó de Andrea mientras procesaba las palabras de Isabel. La astucia de aquella chica nunca dejaba de sorprenderla. ¿Un plan bajo la manga? La intriga cosquilleaba en su mente como un insecto persistente.
-¿Y después de darlo todo? -preguntó Andrea, genuinamente curiosa por descubrir la estrategia que Isabel había tejido para enfrentarse a Iris.
-Pues claro, darlo todo para negociar -respondió Isabel con un tono que destilaba malicia.
La sorpresa atravesó a Andrea como un relámpago. Sus labios se entreabrieron, pero tardaron un momento en formar las palabras.
-¿Quieres dinero?
-Por favor, sabes que esto no es una obra de caridad -la voz de Isabel sonaba como terciopelo sobre acero-. Pide lo que quieras, sin miedo, y que sea una cantidad astronómica.
-Pero si la familia Galindo apenas si tiene dinero ahora -comentó Andrea, recordando los rumores que circulaban por los círculos sociales de Puerto San Rafael. La situación era un desastre total; la mansión Galindo, otrora símbolo de opulencia, ahora era apenas una fachada de su antiguo esplendor. En estos días, pocos de sus habitantes podrían reunir cinco millones sin previo aviso.
-Lo sé el tono de Isabel resonaba con una satisfacción casi palpable.
-¿Ah? Entonces tú…
-Es precisamente porque no tienen dinero, por lo que tienes que apretarlos con todo.
La comprensión golpeó a Andrea como una ola. El plan era brillante en su crueldad: ofrecer un rayo de esperanza solo para después hundirlos más profundo en el abismo de la
desesperación.
-Seguro aprendiste eso de Paulina, ¿no? Solo ella podría disfrutar de la desgracia ajena -observó Andrea, reconociendo la firma de aquella maestra de la manipulación. No bastaba con observar el sufrimiento desde lejos; había que saborearlo con pequeños toques de maldad calculada.
-De todos modos, ve y hazlo. En cada paso, da todo de ti -la voz de Isabel era suave pero implacable.
Andrea terminó la llamada, sus pensamientos derivando hacia su propia historia con Iris. No era solo la enemistad entre Isabel e Iris; Andrea también tenía sus propias cuentas pendientes. En aquellos días, cuando Iris dudaba de los sentimientos de Sebastián, había lanzado sus redes como una araña meticulosa, tejiendo una red de posibilidades. Y como era de esperarse de alguien tan calculadora, sus objetivos siempre fueron hombres de alto perfil: atractivos, ricos, poderosos. Fabio Espinosa había sido uno de ellos, y por eso Andrea guardaba esé rencor particular hacia ella.
Capítulo 384
Las damas jóvenes de Puerto San Rafael fantaseaban con destruir a Iris, pero la protección de la familia Galindo la había hecho intocable. Ahora, sin embargo, había caído en las garras de Isabel, y para colmo, había venido a buscar la ayuda de Andrea.
En el automóvil, Esteban observaba a Isabel con una sonrisa conocedora.
-¿Tan feliz? -preguntó, notando el brillo en sus ojos.
-Contenta, no tienes idea -respondió Isabel, saboreando el momento. La retribución de Iris…
en todo Puerto San Rafael no sabes cuántas personas están felices, y no solo yo.
Esteban curvó sus labios en una sonrisa sutil.
-¿Por qué no acabar con esto directamente? ¿Para qué complicarse tanto?
Isabel le dedicó una mirada cargada de intención.
-Con el estado en que se encuentra ahora, ¿qué diferencia haría? -su voz destilaba desprecio-. Sería un desperdicio de balas.
Esteban deslizó sus dedos por su cabello en un gesto pensativo, decidiendo no argumentar más. La situación de la familia Galindo era tan precaria que cualquier intervención adicional parecía redundante. Su sufrimiento actual era suficiente castigo.
De pronto, Isabel se aferró al brazo de Esteban con un gesto casi infantil.
-Hermano, ¿no crees que soy muy mala?
-¿Por qué preguntas eso? -Esteban arqueó una ceja, intrigado por el súbito cambio en su
tono.
-Cuando estaba en París, no era así -murmuró Isabel, un atisbo de nostalgia en su voz.
Esteban asintió, recordando. La Isabel de París había sido una criatura diferente: despreocupada, de espíritu ligero y corazón bondadoso. Pero el incidente con la familia Allende, cuando Yeray la obligó a abandonar París, había transformado esa inocencia en un deseo implacable de venganza.
Con ternura, Esteban pellizcó su pequeña nariz.
-Así está bien, eres adorable.
Isabel sintió una calidez reconfortante expandiéndose en su pecho. Por su mente desfilaron fragmentos de memorias con la familia Galindo. “Incluso si Iris te empujó, no deberías tratarla así“.
-¿Por qué te quedas sin palabras? ¿Eh? -la voz de Esteban la trajo de vuelta al presente.
-Estaba pensando si para ti, no importa cómo sea, siempre estaré bien -reflexionó Isabel, vulnerable por un instante.
Esteban respondió con un murmullo de asentimiento.
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Capítulo 384
Una sonrisa iluminó el rostro de Isabel mientras rodeaba el cuello de Esteban con sus brazos, depositando un beso juguetón en su mejilla.
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