Capítulo 385
La piel de Isabel se erizó al contacto con los labios de Esteban. Amar, cuidar, proteger… todo eso se fundía en un solo sentimiento que la envolvía por completo cuando estaba con él.
Justo cuando intentaba apartarse, los brazos de Esteban la rodearon con firmeza, profundizando el beso. Un escalofrío recorrió su espina dorsal.
-¡Espera! -protestó Isabel, con la respiración entrecortada.
Como si captara una señal invisible, Lorenzo activó discretamente la división del auto.
Isabel forcejeaba suavemente entre los brazos de Esteban, su corazón latiendo desbocado contra su pecho.
-Por favor, detente -susurró con voz temblorosa.
Una sonrisa traviesa se dibujó en los labios de Esteban mientras aflojaba su agarre.
-Por ahora, me contendré de devorarte por completo.
Las mejillas de Isabel se tiñeron de carmín, mientras el calor se extendía por todo su rostro.
Esteban apoyó su frente contra la de ella, sus ojos escudriñando los suyos.
-¿Pensabas en los Galindo hace un momento?
-No intencionalmente -murmuró Isabel.
No valía la pena desperdiciar pensamientos en ellos, pero las heridas que le habían causado a lo largo de los años dejaban cicatrices imposibles de ignorar.
-Hermano… ¿siempre estarás de mi lado?
-¿A qué te refieres?
-Si lastimo a mi hermana… ¿me apoyarías incluso entonces?
La pregunta quedó suspendida en el aire mientras Esteban tensaba ligeramente su abrazo, comprendiendo el verdadero significado tras sus palabras. Los Galindo siempre habían favorecido a su hija adoptiva… Y en la familia Allende, ¿no ocupaba ella una posición similar a la de Iris?
Esteban se apartó un poco y le dio un golpecito en la frente.
-¡Ay! -Isabel se cubrió la zona afectada, mirándolo con ojos brillantes y dolidos.
“Pequeña bruja“, pensó Esteban. ¿Qué hombre podría resistirse a esa mirada?
-¿Crees que en la familia Allende seríamos tan ciegos como para criarte igual que a Iris?
-¡Oh! -Los ojos de Isabel se abrieron con súbita comprensión.
Era cierto. Esteban y su madre nunca habían sido injustamente parciales entre ella y Vanesa. El
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cariño era genuino, pero también lo eran las reprimendas cuando se equivocaban. Ni siquiera el afecto cotidiano servía de escudo cuando cometían errores.
Se acurrucó contra el pecho de Esteban, rodeando su cintura con los brazos.
-Es increíble cómo pueden ser tan diferentes los corazones de las personas.
Durante los últimos dos años, los Galindo se habían puesto incondicionalmente del lado de Iris. Quienes conocían la situación decían que era por el amor que le tenían después de haberla criado. Los que no, especulaban sobre qué tipo de control tendría Iris sobre ellos.
…
La mansión de los Galindo se alzaba imponente cuando Andrea cruzó el umbral. En la sala, Maite descansaba con aire despreocupado mientras comía semillas de girasol,
comportándose como si fuera la dueña del lugar. Carmen observaba la escena con evidente irritación.
La presencia de aquella extraña que intentaba usurpar su autoridad como señora de la casa era insoportable. El recuerdo de Iris, golpeada y en peor estado por culpa de esta mujer, solo aumentaba su furia.
Carmen recorría la sala con la mirada, notando las cáscaras esparcidas por doquier. De no ser por Andrea, ya habría puesto a Maite en su lugar.
-Por aquí, señorita Marín -indicó Carmen, apartando deliberadamente la mirada de Maite.
Mientras se dirigían hacia las escaleras, la voz burlona de Maite las detuvo.
-¿A quién verá primero la doctora? ¿A tu hijo biológico o a tu hija adoptiva?
Carmen se tensó visiblemente.
-La doctora Marín es ginecóloga y obstetra.
-Vaya, qué conveniente excusa para atender primero a la adoptiva -se mofó Maite.
-Tú… -Carmen temblaba de rabia.
Era como golpear contra un muro. Cada palabra, cada acción frente a Maite parecía incorrecta. Si la ignoraba, atacaba. Si respondía, también.
-Qué madre tan ejemplar -continuó Maite con sarcasmo-. Tu propio hijo podría estar muriendo y tú solo piensas en tu hija adoptiva.
-Si al menos fuera una buena persona… pero ya has visto cómo es.
-¡Cállate! La respiración de Carmen se volvía pesada.
-¿Callarme? Al contrario. Todo Puerto San Rafael conoce a la prestigiosa hija adoptiva de los Galindo. Cualquiera pensaría que es fruto de una aventura tuya, por cómo la proteges.
Carmen sintió que le faltaba el aire.
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-En fin -Maite cruzó los brazos-, si la doctora no atiende primero a Valerio, seguiré causando problemas. Veamos cuánto puede soportar Iris mi presencia.
-Tú… Carmen se contuvo, tragándose las palabras.
-Esta familia es una verdadera desgracia. Si hubiera sabido…
“Que viene una ginecóloga“, pensó Andrea sintiendo un escalofrío. Definitivamente habría sido mejor no mencionarlo.
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