Capítulo 286
La angustia se dibujó en el rostro de Mathieu mientras procesaba las palabras de Lorenzo. Sus manos se crisparon involuntariamente, y un sudor frío le recorrió la espalda.
-Lorenzo, espera… -Su voz salió entrecortada, apenas un susurro.
La preocupación le carcomía las entrañas. Pero muy en el fondo, sabía que Lorenzo tenía razón. Durante los últimos dos años, Vanesa se había obsesionado enfermizamente con
encontrar a Isabel, actuando como una cazadora implacable tras su presa.
Mathieu inhaló profundamente, intentando controlar el temblor en su voz. Sus ojos buscaron la mirada de Esteban, encontrándose con ese muro de hielo que tanto le aterraba.
-Hermano, debe haber un malentendido -Sus palabras salieron atropelladas-. Déjame ir a
buscarla, yo me encargo.
La frustración bullía en su interior. Su hermana siempre había sido un imán para los problemas, pero esto… esto era diferente. A pesar de su enojo, no podía ignorar los lazos de sangre que los unían. ¿Qué alternativa tenía? ¿Dejar que su imprudencia la llevara a una muerte segura a manos de Esteban?
El simple pensamiento de que Isabel pudiera haber sido secuestrada le helaba la sangre. Las consecuencias serían… No, ni siquiera se atrevía a imaginarlas.
Cuando Mathieu se disponía a dar media vuelta, la voz de Esteban interrumpió con brusquedad:
-Llévatela ordenó con una frialdad que heló el ambiente.
-Entendido -respondió Lorenzo.
Un escalofrío recorrió la espalda de Mathieu.
-No, hermano, por favor -suplicó, el pánico filtrándose en su voz-. Déjame resolverlo, te juro
que yo me encargo.
El silencio de Esteban fue más aterrador que cualquier respuesta.
-Sabes que a Isa le afecta mucho verte… así -continuó Mathieu, eligiendo cuidadosamente sus palabras-. Aquella vez que te vio… ya sabes… casi se nos pierde por completo.
Lo que Mathieu ignoraba era que Isabel había presenciado otra escena similar apenas la noche anterior. Pero esta vez, algo había cambiado en ella. No había huido despavorida ni se había encerrado en su mundo interior.
Esteban, con las manos apoyadas en el respaldo de su silla de cuero italiano, clavó su mirada en Mathieu. El peso de esos ojos oscuros bastó para que Mathieu sintiera que las piernas le flaqueaban.
-Céline necesita aprender una lección -declaró Esteban, cada palabra cargada de amenaza,
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Capítulo 286
Mathieu sintió que el alma se le iba a los pies. Las “lecciones” de Esteban no eran precisamente sutiles advertencias; eran el tipo de experiencias que dejaban cicatrices permanentes, tanto físicas como mentales.
“¡Por todos los santos!” pensó Mathieu. “¿En qué lío te metiste esta vez, Céline?”
Cuando Lorenzo se disponía a retirarse, Mathieu lo sujetó del brazo con desesperación.
-Espérate, Lorenzo -Su voz temblaba-. ¿Qué tipo de lección estamos hablando?
-Nada del otro mundo -respondió Lorenzo con una sonrisa que no auguraba nada bueno- Solo dejarle la cara como mapa, por respeto a ti.
Mathieu tragó saliva con dificultad.
-¿Solo eso? -preguntó, la incredulidad tiñendo su voz.
-Por ser tu hermana, seré… considerado.
Un escalofrío le recorrió la espina dorsal a Mathieu. Había algo profundamente perturbador en esa respuesta.
-Oye, pero con lo morena que está Céline… -intentó bromear, aunque el humor no llegó a sus ojos. ¿¿No va a estar difícil dejarle moretones visibles?
La idea de que su hermana pudiera terminar necesitando cirugía reconstructiva en otro país después de su “encuentro” con la gente de Esteban le revolvió el estómago.
-No, no, espérate suplicó. No seas tan brusco, es mi única hermana. Déjame hablar con ella, te juro que esta vez sí la pongo en cintura.
Lorenzo se liberó de su agarre con un movimiento fluido.
-El doctor Lambert ni siquiera contesta el teléfono -señaló con ironía-. ¿Cómo piensas
controlarla?
Mathieu se quedó sin argumentos.
“Esta chamaca problemática“, pensó mientras veía a Lorenzo alejarse.
Con dedos temblorosos, sacó su celular e intentó contactar a Céline. Tal como Lorenzo había
advertido, ambos números estaban fuera de servicio.
-¿En qué momento esta princesita hizo las paces con Vanesa? -murmuró para sí mismo, dando vueltas como león enjaulado-. ¿Cómo terminó metida en semejante lío?
Las preguntas se acumulaban en su mente. ¿Qué había sucedido entre Vanesa y Céline
durante su ausencia de Francia?
El sol de la tarde se filtraba por las cortinas cuando Isabel regresó a su habitación. El suave golpeteo de unos pasos familiares le anunció la llegada de Esteban. Al girarse para mirarlo, el rubor que había provocado el incidente con Mathieu aún teñía sus mejillas.
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Capitulo 288
Esteban se apoyó con elegancia estudiada contra el marco de la puerta, cruzando los brazos sobre su pecho. Una sonrisa apenas perceptible jugaba en las comisuras de sus labios.
-¿Tanto te asustó? -preguntó con voz aterciopelada.
Isabel lo miró con sus grandes ojos castaños, el silencio más elocuente que cualquier respuesta.
Esteban dejó escapar un suspiro que mezclaba ternura y resignación. En dos zancadas atravesó la habitación y la atrajo hacia su pecho con un movimiento fluido.
-Ay, chiquita -murmuró contra su cabello.
Con la gracia de un bailarín, giró sobre sus talones y se sentó, acomodándola sobre sus piernas. Sus miradas se encontraron en esa danza silenciosa que compartían desde siempre. Inclinándose suavemente, rozó sus labios con los de ella en una caricia apenas perceptible.
-Ya no hay que escondernos, ¿eh? -susurró contra sus labios.
Isabel permaneció en silencio, pero su cuerpo se relajó contra el de él, encontrando ese refugio que solo Esteban podía ofrecerle.