Capítulo 288
El aire en la sala de seguridad se sentía denso, cargado de tensión. Isabel mantenía su mirada fija en un punto lejano de la pared, ignorando deliberadamente la presencia de Sebastián. Sus labios se curvaban en una casi imperceptible sonrisa de desprecio. Sebastián la observaba, desconcertado. Aquella mujer que había sido su prometida durante dos años era ahora una completa extraña. Los rumores sobre ella ni siquiera se acercaban a la realidad.
Valerio se movió intranquilo en su asiento. La mandíbula tensa delataba su creciente irritación. -Sebas–masculló entre dientes. Sus ojos se clavaron en Isabel con desprecio. La actitud de ella le revolvía el estómago; ni un centavo merecía esa mujer.
Sebastián hizo caso omiso a la advertencia de su amigo. Sus dedos tamborilearon nerviosamente sobre el escritorio mientras estudiaba el rostro impasible de Isabel.
-Si te doy el dinero… ¿podrías ayudar a que ella salga del país?
La desesperación teñía sutilmente su voz. Desde la noche anterior, habían agotado todos los recursos intentando sacar a Iris de Puerto San Rafael, sin éxito alguno. Era evidente que Esteban Allende había movido sus influencias, cerrando todas las salidas tanto para las familias Bernard y Galindo como para la propia Iris.
Isabel arqueó una ceja, un gesto que destilaba sarcasmo.
-Primero el dinero.
-Sabes que no puedo hacer eso.
La última vez que había confiado en ella, Isabel había vaciado su tarjeta comprando sets de cosméticos de más de diez mil pesos para cada empleado de su estudio. El recuerdo aún le provocaba un sabor amargo.
Los labios de Isabel se curvaron en una sonrisa juguetona.
-Bueno, si no quieres dar el dinero, por mí está bien -se encogió de hombros con estudiada indiferencia-. De todas formas, solo lo hacía por diversión.
Valerio se levantó de golpe, la silla chirriando contra el suelo.
-¡Ya basta de juegos! Dinos qué condiciones pones para dejar que Iris se vaya.
Isabel soltó una risa suave, casi musical.
-Si no están dispuestos a soltar un millón… ¿de verdad quieren oír mis condiciones? -su voz se volvió sedosa, peligrosa-. Los podría matar del susto.
El silencio que siguió fue espeso, pesado. Valerio y Sebastián intercambiaron miradas de incredulidad.
-¡Te estás pasando, Isabel! -explotó Valerio—. ¡Tienes que dejar que Iris salga del país!
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Capítulo 288
-Ah, eso no depende de mí -canturreó ella.
—¡Tú…..!
-Tendrías que hablar con mi hermano sobre eso.
La palabra “hermano” golpeó a Valerio como un puñetazo en el estómago. Por un momento, su mente viajó al pasado, a cuando él ocupaba ese lugar en la vida de Isabel. La conclusión de que ahora se refería a Esteban le provocó una punzada de algo que se negó a reconocer como
dolor.
Isabel se acercó a él con movimientos felinos. Sus dedos rozaron la corbata de Valerio, ajustándola con falsa dulzura.
-Me pregunto qué pensaría Maite Llorente si supiera que has estado ignorándola a ella y a su hijo por Iris -susurró-. ¿Crees que podría llevarse al pequeño y saltar desde la azotea de Grupo Galindo?
El rostro de Valerio perdió todo color. Sus dedos se cerraron como garras alrededor de la
muñeca de Isabel.
-¿Qué… qué has descubierto?
-Eres muy valiente, ¿eh? -la sonrisa de Isabel era dulce como veneno-. Manteniendo a Camila Vázquez esperando mientras tienes un hijo de más de dos años.
Valerio sintió que le faltaba el aire. Su mirada se desvió instintivamente hacia Sebastián, quien permanecía petrificado en su silla, los ojos desorbitados por la sorpresa. En el reducido espacio de la sala de seguridad, cada palabra de Isabel había resonado con claridad cristalina.
-¿Me… me has estado investigando? -la voz de Valerio temblaba.
Isabel se pasó un dedo por el labio inferior, pensativa.
-Maite todavía no lo sabe -comentó con fingida preocupación-. De verdad que te importa mucho esta hermana que ni siquiera comparte tu sangre, ¿no? Tanto que la prefieres sobre el hijo que ella te dio -sus ojos brillaron con malicia-. ¿Crees que como madre podría aceptar algo así?
El rostro de Valerio se contorsionó. Conocía bien a Maite; si se enteraba de que había tenido un hijo con una mujer de un club nocturno… El solo pensamiento le provocó náuseas.
Isabel liberó su muñeca del agarre de Valerio. La piel había quedado enrojecida, marcada por los dedos de él. Sin más que agregar, giró sobre sus talones.
-Si te atreves a decirle algo a Maite, te juro que te voy a hacer pedazos -gruñó Valerio con los puños apretados.
Justo en ese momento, una sombra se proyectó desde la entrada. Esteban Allende apareció en el marco de la puerta, su presencia llenando instantáneamente el espacio. Sus ojos, fríos como el hielo, se clavaron en Valerio.
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Capitulo 288
-¿Cómo exactamente planeas hacerlo? -su voz era suave, pero cargada de amenaza.
Isabel ya había llegado junto a él. Con un movimiento fluido, Esteban la atrajo hacia sí, tomando su muñeca con delicadeza para examinar las marcas rojas que Valerio había dejado.
La mirada de Esteban se tornó letal.
-¿Esto lo hiciste tú?
Toda la furia de Valerio se evaporó en un instante. Bajo la mirada amenazante de Esteban, tragó saliva con dificultad. Su cuerpo entero pareció encogerse, como una flor marchitándose bajo el sol inclemente del desierto.