Capítulo 29
Isabel lo percibía con claridad: cada vez que el nombre “Sebastián” salía a colación, la voz de Esteban adquiría un filo glacial que hacía que se le erizara la piel.
Los dedos de Isabel jugueteaban nerviosamente con el dobladillo de su blusa mientras evitaba la mirada penetrante de su hermano.
-Ya no tengo nada que ver con esa gente -murmuró, refiriéndose a los Galindo.
A pesar de ser sus padres biológicos, en aquel entonces Flora la tenía acorralada. Regresar con los Galindo y aceptar el compromiso con Sebastián había sido su boleto de escape. La estrategia funcionó: después del compromiso, Flora desapareció de su vida.
Una ceja de Esteban se arqueó con escepticismo.
-¿De verdad no significa nada para ti?
Isabel se mordió el labio inferior, un gesto que delataba su nerviosismo.
-Flora me tenía amenazada. Me comprometí con Sebastián para que ella y Yeray bajaran la guardia.
Bajo la presión implacable de la mirada de Esteban, Isabel finalmente dejó salir toda la verdad. Ahora que Flora estaba tras las rejas, ya no había razón para seguir guardando secretos.
La tensión en el rostro de Esteban pareció suavizarse ligeramente ante esta revelación.
La moneda, sin embargo, tenía dos caras. En el hospital, Sebastián observaba impotente cómo Iris se debatía entre la vida y la muerte. El contraste era brutal: apenas ayer ella había estado en su oficina, vibrante y llena de vida. Ahora yacía postrada en una cama de hospital.
Carmen se paseaba por la habitación como una leona enjaulada, la angustia marcada en cada
línea de su rostro.
-Sebas, necesitamos resolver lo de la doctora Marín lo antes posible. Los especialistas dicen que lo más urgente son los problemas de hígado y útero.
La cirugía de hígado era inevitable, al igual que la intervención cardíaca. La posibilidad de que Andrea pudiera tratar el cáncer de útero sin cirugía era como un rayo de esperanza: una oportunidad de ahorrarle a Iris al menos una parte del dolor que le esperaba.
El agotamiento se reflejaba en cada gesto de Sebastián. Eran las tres de la madrugada y apenas habían logrado que Iris conciliara el sueño, después de horas de agonía. Mientras ella soportaba el tormento físico, quienes la rodeaban se consumían en su propio infierno emocional.
Carmen parecía al borde del colapso, y Sebastián no estaba mucho mejor.
-Entiendo murmuró, aunque Carmen no necesitaba explicar más. Sabía que tenían que hacer
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Capítulo 29
volver a Andrea como fuera.
Con dedos temblorosos, marcó el número de Isabel desde un teléfono desconocido.
En los Apartamentos Petit, Isabel seguía bajo el interrogatorio implacable de Esteban cuando su celular comenzó a vibrar. La pantalla mostraba un número desconocido. Su instinto le gritaba que lo ignorara, y así lo hizo, cortando la llamada sin pensarlo dos veces.
Pero el número volvió a aparecer, insistente.
-¿Por qué no contestas? -La voz de Esteban cortó el aire como un látigo.
Isabel se encogió ligeramente.
-No es nada importante -respondió automáticamente.
El escándalo del divorcio con Sebastián había alcanzado proporciones épicas, y ella había bloqueado sistemáticamente todas las llamadas de él y de los Galindo. Si alguien se tomaba la molestia de usar un número desconocido a estas horas, solo podían ser ellos. Y lo último que quería era lidiar con eso frente a Esteban.
Volvió a cortar la llamada, pero el teléfono insistió una vez más.
Cuando estaba a punto de rechazarla nuevamente, la mano de Esteban se extendió hacia ella.
Los ojos de Isabel se agrandaron con sorpresa.
-¿Qué… qué haces?
-¿Prefieres que conteste yo, o lo harás tú?
Isabel frunció el ceño, la molestia evidente en su rostro.
-Ya te dije que no es nada importante.
-Si no es importante -La voz de Esteban destilaba sarcasmo-, ¿por qué tanta insistencia?
Isabel guardó silencio, acorralada. Bajo la mirada implacable de su hermano, finalmente contestó la llamada, aunque cada fibra de su ser le gritaba que no lo hiciera.
La voz exhausta de Sebastián llenó el silencio.
-Dime qué necesitas.
El tono denotaba agotamiento y derrota. El volumen del altavoz permitía que tanto Isabel como Esteban escucharan cada palabra con perfecta claridad. Isabel alzó la mirada instintivamente hacia su hermano. Como era de esperarse, el hielo en sus ojos podría haber congelado el
infierno mismo.
Sus dedos temblaban alrededor del teléfono.
-No es… no es lo que piensas… tú…
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Capítulo 29
-Te gusta el dinero, ¿no? -La voz de Sebastián la interrumpió-. Ya activé la tarjeta. Puedes comprar lo que quieras.
La implicación era clara: todo a cambio de que Andrea regresara. Antes de que Sebastián pudiera terminar, Esteban le arrebató el teléfono a Isabel y terminó la llamada.
Sus miradas se encontraron por un instante antes de que Isabel bajara la vista, incapaz de sostener el peso de aquellos ojos que parecían atravesarla.
-Se porta muy bien contigo, ¿no? -El sarcasmo en la voz de Esteban podría cortar diamantes.
Una risa nerviosa escapó de los labios de Isabel.
-No es así.
-Te da todo lo que quieres.
Isabel permaneció en silencio. Era difícil argumentar contra las palabras exactas que Sebastián acababa de pronunciar.
-Todo tiene un precio -murmuró finalmente-. No es porque me quiera de verdad.
Por alguna razón, hablar de amor frente a Esteban siempre la hacía sentir especialmente vulnerable. Quizás porque durante sus años escolares, él había sido inflexible con una sola regla: ¡Nada de novios!
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