Capítulo 291
La preocupación carcomía a Isabel por dentro. No era por Valerio – su vida le importaba tanto como una hoja seca en el viento. Lo que realmente le angustiaba era que Esteban pudiera meterse en problemas innecesarios aquí en Puerto San Rafael. Las cosas funcionaban muy diferente que en Francia.
La inquietud le recorría el cuerpo como electricidad estática. Incapaz de permanecer quieta un segundo más, se levantó de un salto y se dirigió hacia la puerta de seguridad. El frío le mordió la piel apenas puso un pie en el exterior.
En ese preciso momento, Esteban regresó acompañado de Lorenzo. El guardaespaldas, envuelto en un grueso abrigo negro, se quedó inmóvil sobre la nieve. Su presencia emanaba una dignidad gélida que parecía fundirse con la inclemente noche invernal.
Esteban frunció el ceño al ver a Isabel parada ahí con sus esponjosas pantuflas, completamente inadecuadas para el clima.
Isabel se apresuró hacia él. La nieve crujía bajo sus pies con cada paso apresurado, como si protestara por su imprudencia. Sus dedos se aferraron a la manga del abrigo de Esteban.
Sus ojos escudriñaron el rostro de su hermano, buscando señales de lo ocurrido.
-¿Qué le hiciste? -susurró, con la voz tensa por la preocupación.
Una chispa de diversión brilló en los ojos de Esteban.
-¿Te preocupa lo que le pase?
Isabel negó con la cabeza, sus dedos aún aferrados a la tela del abrigo.
-Sabes que no. Solo… no quiero que tengas problemas aquí.
La usual máscara de frialdad de Esteban se derritió ante las palabras de su hermana. Sin previo aviso, la levantó en brazos como si no pesara más que una pluma. Sus pasos firmes dejaban profundas huellas en la nieve mientras se dirigía al interior.
-La próxima vez que salgas sin abrigarte apropiadamente, te vas a arrepentir -le advirtió, aunque su tono carecía de verdadera severidad.
-Entonces… ¿qué pasó con…? -Isabel dejó la pregunta flotando en el aire.
-Para esa gente, la muerte sería demasiado misericordiosa.
Isabel guardó silencio, procesando el significado detrás de esas palabras. “¿Demasiado misericordiosa?” Una sonrisa sombría se dibujó en sus labios. Así que Esteban planeaba hacerles vivir un infierno en vida.
Tal como Esteban había insinuado, Valerio estaba experimentando un dolor indescriptible. Los gemidos y quejidos que escapaban de su garganta llenaban el interior del vehículo mientras
Capítulo 291
José Alejandro Serrano conducía hacia el hospital.
José Alejandro había acudido al escuchar el disparo. Al salir, se encontró con Sebastián. prácticamente cargando a un Valerio malherido.
-Ugh… ah… -Los gemidos de dolor de Valerio resonaban en el interior del auto como una
macabra sinfonía.
La sangre manaba de las heridas en ambas manos: un disparo limpio en el brazo derecho y un agujero sangriento que atravesaba la palma izquierda. Sebastián había improvisado un vendaje con trozos de tela, pero la sangre ya comenzaba a filtrarse a través de la tela.
-¿Cuánto falta para llegar? -La voz de Sebastián apenas ocultaba su nerviosismo.
El rostro de Valerio había perdido todo color. El dolor se extendía desde sus manos como ondas de agonía que parecían estrujarle el corazón mismo. Cada latido enviaba nuevas oleadas de sufrimiento por todo su cuerpo.
-El camino está congelado, tengo que ir despacio -respondió José Alejandro, sus nudillos blancos de tanto apretar el volante.
Un movimiento brusco del auto arrancó un nuevo grito de dolor de Valerio.
-¡Apúrate, carajo! ¡Ya no aguanto!
El terror se reflejaba en el rostro de José Alejandro mientras intentaba mantener el control del vehículo. La carretera serpenteaba peligrosamente junto al mar. Un solo error, un derrape en el hielo, y terminarían en las heladas aguas donde no habría esperanza de supervivencia.
-Este camino es complicado. Aguanta un poco más -murmuró Sebastián, intentando mantener la calma.
-¿No se supone que pusieron cadenas antideslizantes? -gruñó Valerio entre dientes apretados.
Sebastián optó por el silencio. Habían ido juntos con la intención de resolver el asunto del viaje de Iris al extranjero para su tratamiento. No solo habían fracasado en su objetivo, sino que ahora Valerio estaba gravemente herido.
En el hospital, Carmen Ruiz y Patricio llegaron apenas recibieron la noticia. El pánico deformaba las facciones de Carmen mientras bombardeaba a Sebastián con preguntas.
-¿Qué pasó, Sebas? ¿No iban a ver a Isabel? ¿Qué le pasó?
Sebastián relató lo sucedido, aunque un escalofrío le recorría la espalda al recordar. La certeza de que Esteban no habría dudado en dispararle a él también si hubiera dicho una palabra más le helaba la sangre en las venas.
El rostro de Carmen perdió todo color al escuchar la extensión de las heridas de su hijo. Sus piernas flaquearon y tuvo que sostenerse de una pared para no caer.
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22:08
Capitulo 291
-Isabel… ella… -Las palabras se le atoraron en la garganta como si fueran piedras, la furia y el horror luchando por dominar su voz.
¿Ella qué?
Carmen boqueaba como pez fuera del agua, incapaz de articular la magnitud de su rabia y su impotencia.