Capítulo 295
El aire tenso en la mansión se cortó cuando Carlos Esparza cruzó el umbral de la puerta. Sus ojos se posaron inmediatamente en Mathieu, quien se paseaba como león enjaulado mientras hablaba con Isabel. El rostro de Esteban, sentado en su sillón favorito, se había ensombrecido
tanto como una noche sin luna.
Carlos se desenredó la bufanda del cuello con movimientos precisos y elegantes.
-Si sigues dale y dale con lo mismo, te juro que te coso la boca -soltó con desenfado, arrojando su abrigo al sirviente más cercano.
A pesar de su apariencia refinada -rostro de facciones perfiladas, lentes de armazón dorado porte distinguido-, sus palabras desentonaban con esa fachada seria y sobria.
Mathieu torció el gesto al verlo.
-Lárgate de aquí. Como no es tu hermana, pues claro que te vale.
Carlos arqueó una ceja con interés.
-¿Tu hermana?
Mathieu apretó los labios, quedándose mudo.
-Ah, Céline… esa niña nomás da problemas.
Carlos estaba al tanto de todo. Sabía que Céline había llegado a Puerto San Rafael y que no venía sola: la acompañaba gente de Vanesa. La coincidencia era demasiado obvia: justo cuando la gente de Esteban había mandado a Vanesa de regreso a Francia, Céline aparecía
con sus secuaces.
El corazón de Mathieu dio un vuelco. La ansiedad le carcomía las entrañas.
Carlos se acercó y le dio una palmada en el hombro, una sonrisa burlona bailando en sus
labios.
-¿Qué no es mejor que sean rivales en vez de tan cercanas?
-No, para nada… ellas definitivamente no son tan cercanas.
-Oye, ¿entonces por qué Céline se trajo a la gente de Vanesa hasta acá?
y
El silencio de Mathieu fue elocuente. ¿Cómo iba a saberlo? Él había estado todo este tiempo en Puerto San Rafael con Esteban, completamente ajeno a lo que pasaba en Francia. ¿En qué momento Céline y Vanesa habían hecho las paces? Si antes no podían ni verse…
Mathieu sentía que la cabeza le iba a estallar.
-Isa…
No le quedaba más remedio que voltear hacia ella, suplicante. Con Esteban, Isabel era la única que podía interceder.
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Capítulo 295
Isabel observó la desesperación de Mathieu y, conmovida, jaló suavemente la manga de
Esteban.
Él bajó la mirada hacia ella, su expresión suavizándose imperceptiblemente.
-¿Qué pasa, princesa?
-Cuando encuentren a Céline, ¿por qué no mejor mandas a alguien para que la regrese a
Francia?
Después de tantos años de conocer a Mathieu, a Isabel le dolía verlo tan angustiado.
El alivio inundó el rostro de Mathieu al escuchar que Isabel por fin decía algo sensato.
Esteban arqueó una ceja y se inclinó hacia ella, susurrando cerca de su oído:
-Isa, ¿sabes que pedir favores por otros significa que hay que dar algo a cambio?
-¿Qué? -Los ojos de Isabel se abrieron con sorpresa.
El tono sugestivo de Esteban al mencionar ese “algo a cambio” hizo que las mejillas de Isabel
se tiñeran de rosa.
Mathieu y Carlos, a unos metros de distancia, no alcanzaron a escuchar el intercambio susurrado. Pero ese gesto de complicidad…
Mathieu frunció el ceño, preguntándose qué tanto le estaría diciendo Esteban a Isabel. Y más extraño aún, ¿por qué Isabel se sonrojaba al hablar de Céline?
Isabel le lanzó una mirada de reproche a Esteban, aunque para Mathieu parecía más bien un regaño cariñoso.
-De… de todos modos -tartamudeó Isabel-, no lastimes a nadie, ¿sí?
El recuerdo de lo sucedido con Valerio le provocó un escalofrío. No quería que Esteban tratara así a su gente cercana. A los Galindo podía hacerles lo que quisiera, ella no movería un dedo para defenderlos, pero con los suyos era diferente.
Sin embargo, sus preocupaciones eran infundadas. Si algún día Esteban se volvía contra los suyos, sería únicamente porque ellos mismos habían cruzado una línea.
Antes de que Esteban pudiera responder, el celular de Isabel comenzó a sonar. Era un número desconocido. Rechazó la llamada, pero el teléfono volvió a sonar insistentemente.
Isabel se levantó del sillón, aliviada por la interrupción.
-Voy a contestar, ahorita regreso.
La tensión en el ambiente era sofocante. Aprovechó la excusa de la llamada para escabullirse
escaleras arriba.
Esteban clavó su mirada en Mathieu y, sin mediar palabra, sacó su teléfono para llamar a
Vanesa.
212
La respuesta fue immediana
-30 -cometo ela
-¿Por qué Celine trajo a tu gente a Puerto San Rafael? -El tono gelido de Estaban no admitia
-You–La voz de Vanesa se quebró en el silencio.
La seriedad mortal en la voz de su hermano hizo que su respiración se volviera entática Desde pequeña, Vanesa siempre había sido el dolor de cabeza de Esteban. Como un torbelino incontrolable, siempre metiéndose en problemas.