Capítulo 296
Los recuerdos golpeaban a Esteban mientras sostenía el teléfono. Vanesa siempre había sido un torbellino de problemas. En la escuela, no pasaba un día sin que causara algún desastre. Su madre había llegado a temer las llamadas del colegio, y después, al igual que Mathieu, Esteban heredó la tarea de lidiar con su rebelde hermana.
Quizás por eso su relación con Isabel era tan especial. En medio de la feroz familia Allende, Isabel era como un remanso de paz. Tan diferente a Vanesa que parecían provenir de mundos opuestos. Durante aquellos años escolares, mientras Esteban se preocupaba por los problemas que Vanesa pudiera causar, también vivía con el temor constante de que alguien se atreviera a lastimar a Isabel.
El silencio de Vanesa al otro lado de la línea solo conseguía irritarlo más.
-Habla —La autoridad en su voz era indiscutible.
Sus nudillos se tornaron blancos mientras apretaba el teléfono. Quien se atreviera a robar a su gente merecía un castigo ejemplar. Ya tenía planeado cómo lidiar con Vanesa una vez que regresara a Francia.
-Es que yo… no… yo no… -La voz de Vanesa temblaba.
“¿Cómo se enteró mi hermano?“, pensaba ella frenéticamente. “¿Ya habrá encontrado Céline a Isabel? No, es imposible… si la hubiera encontrado me lo habría dicho, ¿no? Después de todo lo que he hecho por ella…”
-Vanesa -El tono de Esteban era glacial.
-¡Te juro que yo no fui! -La desesperación teñía cada palabra-. ¡Lo juro por lo más sagrado!
-¿Ah, sí?
-Es que… yo…
-Hace dos meses -la interrumpió Esteban-, cuando Lorenzo fue a hacer un encargo, se topó con alguien. Alguien idéntico a cierta persona… aunque no estamos seguros si era él.
El silencio que siguió fue denso, pesado. Mathieu y Carlos intercambiaron miradas de asombro. ¿A quién se refería Esteban? ¿A la persona que Vanesa había perdido, aquella que supuestamente estaba muerta?
-¿Dónde? -La voz de Vanesa era apenas un susurro ahogado.
-No quiero a Céline en Puerto San Rafael.
-Me pondré en contacto con ella ahora mismo.
La sumisión repentina de Vanesa confirmaba su participación en todo el asunto con Céline.
Cuando la llamada terminó, Mathieu dio un paso al frente. Su rostro había perdido todo color.
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Capítulo 296
-¿La manipulaste? ¿No te parece demasiado cruel?
Todos conocían el profundo significado que esa persona tenía para Vanesa. Su muerte casi la había destruido. Nadie se atrevía siquiera a mencionarla, y ahora Esteban usaba ese recuerdo como herramienta de manipulación.
Esteban encendió un cigarrillo con movimientos pausados. El humo se elevó en espirales antes de que respondiera:
-No es manipulación. La gente de Lorenzo realmente la vio.
-¡¿Qué?! -Mathieu inhaló bruscamente-. ¡Yo mismo realicé esa cirugía! ¡Lo vi morir!
El recuerdo de aquella operación para extraer la bala del corazón lo perseguía. El fracaso de esa cirugía no solo había devastado a Vanesa; también había marcado a Mathieu para siempre. Fue lo que lo impulsó a especializarse en cirugía cardíaca, convirtiéndose en ese primer y único fracaso que nunca pudo olvidar.
Esteban sacudió la ceniza de su cigarrillo con deliberada lentitud.
-¿Es posible que no estuviera completamente muerto?
-¡¿Qué estás insinuando?! -La indignación hizo temblar la voz de Mathieu-. ¡¿Estás cuestionando mi capacidad profesional?!
-Era idéntico -continuó Esteban imperturbable-. Solo que más viejo que entonces. Incluso el tipo de sangre coincidía.
El silencio cayó como una losa sobre Mathieu. Los recuerdos de aquella noche comenzaron a inundarlo. Recordaba querer hacer una revisión más exhaustiva, pero entonces Vanesa había irrumpido en el quirófano, histérica, llorando y gritando…
“¿Habré cometido un error?“, la duda comenzó a corroerlo por dentro. “No, es imposible… ¿o Esteban solo está jugando conmigo?”
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