Capítulo 298
El dolor se filtraba en cada palabra de Carmen. Isabel, recostada en su silla ejecutiva, dejó escapar una risa seca mientras jugaba distraídamente con un bolígrafo entre sus dedos.
-Claro, en tu cabeza siempre he sido yo la del problema, ¿no? La piedrita en el zapato–su voz destilaba un sarcasmo helado.
Carmen contuvo el aliento, como si cada palabra de Isabel fuera una daga clavándose en su pecho.
-Yo… yo solo quería… -su voz se quebró-. Siempre he querido que se lleven bien, ¿por qué me tratas así? He intentado con toda mi alma que su relación funcione.
La mujer mayor tomó una bocanada de aire temblorosa antes de continuar.
-Mira cómo están las cosas: Iris no puede recibir su tratamiento, tu hermano perdió el uso de sus manos, y la empresa está al borde de la quiebra -su voz se elevó con cada palabra-. ¿Este es el precio que tenemos que pagar por haberte traído de vuelta? ¡Dime, Isabel! ¿Qué más piensas hacernos?
El grito histérico de Carmen resonó a través del auricular. Isabel observó su reflejo en la ventana del despacho, sus labios curvándose en una sonrisa amarga. Incluso ahora, después de todo, Carmen seguía pintándola como la villana de la historia.
“Qué irónico“, pensó Isabel. “Mi propia madre…”
Un músculo se tensó en su mandíbula mientras apretaba el teléfono.
-¿La que pagó el precio primero no fui yo? -su voz era tan fría como el hielo-. ¿O ya se te olvidó cuántas veces estuve a punto de morir por culpa de ustedes?
Isabel se levantó de su asiento, caminando hacia la ventana mientras los recuerdos la
invadían.
-Primero fue Iris. Luego Valerio, que intentó lastimarme tres veces -sus nudillos se tornaron blancos alrededor del teléfono. Hasta que le rompí una mano… solo así entendió que debía dejarme en paz.
Una pausa pesada llenó el aire antes de que continuara.
-No soy una experta en muchas cosas, pero si alguien intenta hacerme daño… -se detuvo frente a su reflejo-. Si tanto te importan Iris y Valerio, mantenlos lejos de mí. Y ya deja de fingir lazos familiares que nunca existieron.
Su voz se volvió más dura.
-Desde el principio nunca fuimos cercanos. Todo terminó en conspiraciones contra mí, y cuando me defendí, ¿quién era la mala? Yo, siempre yo.
“Qué irónico…”, el pensamiento resonó en su mente mientras recordaba cada encuentro con Iris. Siempre acercándose con esa máscara de cariño, ocultando sus verdaderas intenciones.
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Capitulo 298
Y aún después de ser descubierta tantas veces, seguía con el mismo juego.
-Tú, tú… Carmen balbuceó.
Isabel, agotada de la misma rutina, cortó la llamada sin más ceremonia. Los Galindo habían pagado su precio, las cuentas estaban saldadas. Pero sabía que al regresar, buscarían cualquier excusa para acercarse nuevamente.
Ya no tenía paciencia para sus juegos.
Con paso decidido, salió en busca de Lorenzo. Al encontrarse con esos ojos fríos, tan similares
a los de Esteban, un escalofrío involuntario recorrió su espalda. El recuerdo de Lorenzo
apuntándole con un arma seguía fresco en su memoria.
Sin embargo, al verla, la frialdad en su mirada se derritió instantáneamente.
-Señorita -inclinó levemente la cabeza.
-Lorenzo -Isabel se irguió, ocultando su incomodidad-. Cuando tengas un momento, necesito que me ayudes a cambiar la tarjeta SIM.
Ya no podía seguir así. Los Galindo se las habían arreglado para conseguir prestados más de cien teléfonos diferentes para contactarla. Bloquear números ya no era suficiente. Era hora de desaparecer por completo de su radar.
Esteban llegó justo cuando Isabel le explicaba a Lorenzo, que había subido por unos documentos, sobre el cambio de teléfono.
-Ve a la oficina y tráele un celular nuevo–ordenó Esteban con voz autoritaria.
Al escuchar la voz de su hermano, Isabel abandonó inmediatamente su conversación con
Lorenzo y se acercó a él.
-Hermano–su voz se suavizó notablemente.
Esteban extendió su mano, sus dedos deslizándose por el cabello de Isabel antes de atraerla hacia su pecho en un movimiento fluido.
-¿Hasta ahora se te ocurre cambiar de número? -su voz profunda, con ese toque seductor tan característico, provocó un cosquilleo en el estómago de Isabel.
Ella asintió contra su pecho, como un pollito buscando refugio.
-No es que apenas se me ocurriera -se defendió-. Es que he estado ocupada con la escuela y otros pendientes.
Después de todo, ese número también lo usaba para trabajo. Pero ahora que estaba delegando responsabilidades, era el momento perfecto para deshacerse de él.
Una risa suave escapó de los labios de Esteban.
-Claro, ahora eres toda una empresaria.
-Así es -Isabel irguió la cabeza con orgullo-. El año pasado hasta gané siete millones.
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Capitulo 298
La mención de esa cantidad provocó que Lorenzo, aún presente, tuviera que contener una carcajada. Ver a Esteban, el temido líder, consintiendo a su hermana como si fuera una gatita mimada, era un espectáculo que no sabía cuánto más podría aguantar sin reír.