Capítulo 302
Isabel recordaba vívidamente a Dan Ward: cabello corto y pulcramente recortado, labios finos que solía apretar en un gesto característico, y esos ojos expresivos que parecían contar historias por sí mismos. Su personalidad orgullosa y rebelde contrastaba dramáticamente con la seriedad de Esteban, lo que había dejado una marca indeleble en su memoria.
Solo lo había visto tres veces en total. La cuarta vez no fue un encuentro, sino la devastadora noticia de su muerte, la misma que había destrozado el corazón de Vanesa.
-No necesariamente tiene que ser él -murmuró Esteban, su voz teñida de una suavidad
inusual.
Isabel se mordió el labio inferior, pensando en el dolor de Vanesa.
-Ojalá fuera verdad… ojalá fuera un milagro.
Le dolía en el alma ver cómo Vanesa se había entregado por completo a ese hombre. Los recuerdos de su hermana llorando en silencio durante noches interminables aún la perseguían. Esteban jugueteó con las manos frías de Isabel, sus dedos entrelazándose con los de ella.
-¿Tienes frío, pequeña?
-Para nada.
A pesar de su respuesta, Esteban se levantó y regresó con un abrigo esponjoso. Conocía perfectamente los gustos de Isabel: no le agradaba abrigarse demasiado en invierno, prefería tener libertad de movimiento en los brazos. Por eso su armario estaba repleto de abrigos ligeros pero cálidos.
-De verdad no tengo frío insistió ella, aunque una sonrisa traicionera se dibujaba en sus
labios.
-Anda, póntelo por mí–susurró él con ese tono cariñoso que reservaba solo para ella.
Isabel cedió sin más protestas, dejando que el suave tejido la envolviera.
…
La intensa nevada había creado el ambiente perfecto para la cena que a Isabel más le gustaba preparar: guisos reconfortantes que llenaban la casa con su aroma. El caldo burbujeaba alegremente en la olla sobre la mesa. Aunque no llevaba chile, cada bocado era un deleite para
ella.
Mientras Esteban se ocupaba de servirle, Isabel lo miraba con cariño.
-Tú también come -le insistió, empujando suavemente el plato hacia él.
-¿Por qué te gusta tanto comer así? -preguntó él, arrugando ligeramente la nariz ante la
abundancia de caldo.
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Capítulo 302
-Está calientito -respondió ella con una sonrisa traviesa.
-¿Entonces sí tienes frío?
-No, no es eso -sus ojos brillaron mientras observaba los copos de nieve caer al otro lado de la ventana-. Es que ver la nieve caer mientras comes algo así de reconfortante… tiene algo especial.
Una sonrisa divertida se dibujó en el rostro de Esteban.
-Ahora resulta que eres toda una conocedora de sensaciones.
Isabel ignoró su tono burlón y miró alrededor, notando las ausencias.
-¿Y Mathieu y el hermano Carlos? ¿Dónde andan?
-Mathieu fue a buscar a Céline -respondió Esteban mientras masticaba un trozo de rábano-.
De Carlos no sé nada.
-Hoy asustaste bastante a Mathieu comentó ella, recordando los eventos del día.
“Y a mí también“, pensó. Después de todo, con lo que había pasado con Valerio en Bahía del Oro, ¿quién se atrevería a provocar a Esteban ahora?
-¿Asustar? —Esteban arqueó una ceja-. Solo le dije a Lorenzo que la sacara de Puerto San
Rafael.
Isabel frunció el ceño.
-No me gusta cómo suena eso —sus ojos se clavaron en él con preocupación. ¿Qué pretendes? ¿Que Lorenzo la golpee hasta dejarla irreconocible? Mira, Céline podrá ser lo que sea, pero sigue siendo una mujer.
-¿Céline, una mujer? ¿Desde cuándo? -el tono de Esteban destilaba sarcasmo.
Isabel se quedó sin palabras por un momento. Era cierto que con la forma de vestir de Céline en los últimos años, a veces costaba distinguirla de un hombre. Incluso cuando estaba junto a Vanesa, parecían hacer una pareja bastante creíble.
-Aun así -insistió-, dile a Lorenzo que no se pase. Por más que no lo parezca, sigue siendo
mujer.
-Con que le deje la nariz morada y la cara hinchada será suficiente.
-Ah, ¿solo eso? -Isabel sintió cierto alivio, pero entonces recordó algo-. Espera… con esa piel que tiene Céline, no va a ser tan fácil, ¿o sí?
En sus recuerdos, Céline era una adicta al sol. Pasaba horas tomando el sol en la playa durante el verano, y en invierno se instalaba en el balcón. Si no recibía su dosis diaria de sol, parecía que algo le faltaba. Como resultado de esa obsesión y su costumbre de hacer ejercicio al aire libre, su piel había adquirido un tono bronceado profundo. No tanto como una persona africana, pero lo suficiente para que dejarle marcas visibles fuera todo un desafío.
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Capitulo 302
Sus reflexiones fueron interrumpidas por la llegada de Lorenzo.
-Señor -su voz grave resonó en la habitación.
-¿Y bien? -Esteban apenas separó los labios al hablar.
-Encontramos a toda la gente de la señorita, pero la señorita Céline no estaba con ellos.
Esteban arqueó una ceja, su mirada fija en Lorenzo.
-Dicen que la señorita Céline los dejó plantados apenas bajó del avión.
En ese preciso momento, Mathieu entró sacudiéndose la nieve del abrigo. Al escuchar las palabras de Lorenzo, un escalofrío le recorrió la espalda. “¿Que abandonó a la gente de Vanesa? ¿Qué demonios está planeando?”
Mientras maldecía mentalmente a los ancestros de Céline, Mathieu sintió que algo no cuadraba en toda esta situación, pero no lograba identificar qué era.
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