Capítulo 308
Si había algo que Esteban detestaba más que nada, era que alguien intentara colarse por la puerta trasera, incluso si ese alguien era Isabel.
Mathieu se masajeó las sienes mientras hablaba:
-Pero ella se metió con tu hermana… con la que nadie debe meterse.
El solo mencionarlo le provocaba una migraña.
Isabel frunció el ceño, confundida.
“De cualquier forma vamos a salir perdiendo“, pensó. “Ya sea por Esteban o por Vanesa, el resultado será el mismo desastre.”
-¿Y cómo exactamente se metió con mi hermana?
-Aceptó un favor de Vanesa y luego se dio a la fuga.
Isabel parpadeó varias veces, procesando la información.
“Esto no es normal en Céline“, reflexionó. Aceptar un favor de Vanesa, no cumplir su parte y encima huir… Si bien hacer enojar a Esteban podría haber sido peor, Vanesa tampoco era alguien con quien se pudiera jugar.
-¿Entonces Céline ya no piensa poner un pie en Francia o qué?
Isabel elevó una silenciosa plegaria por ella. ¿Por qué, de todas las personas, tenía que meterse con Vanesa? ¿Ya se le había olvidado cómo terminó la última vez? Cada enfrentamiento entre ellas dos era un completo caos, y Céline siempre salía perdiendo.
-Mejor ya ni hablemos de eso -murmuró Mathieu, pensando que su hermana había actuado demasiado impulsivamente esta vez.
-¿Pero por qué tenía que buscar problemas con alguien? -Isabel negó con la cabeza-. Cuando me dijeron que había traído a la gente de Vanesa a Puerto San Rafael, pensé que estaba decidida a bailar en el campo minado de Esteban. Pero esto… esto sí que no me lo esperaba.
“El regreso a Francia va a ser un verdadero circo“, pensó.
De pronto, Mathieu cambió completamente el tema:
-Oye, ¿todavía le dices ‘hermano‘ a Esteban?
Isabel lo miró con exasperación.
-A ver… ¿podrías concentrarte en el problema de tu hermana?
-¡Solo preguntaba! -una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro-. Y ya que estamos en eso… ¿qué tal es Esteban en la cama?
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Capítulo 308
Isabel sintió que el calor le subía al rostro mientras Mathieu continuaba:
-¿Aguanta bien? Después de tantos años sin estar con nadie, me pregunto si sus habilidades…
-¡Cof, cof, cof!
Las palabras de Mathieu fueron tan inesperadas que Isabel se atragantó con su propia saliva, tosiendo violentamente.
En ese preciso momento, Esteban, que había regresado por algo olvidado, escuchó las últimas palabras de Mathieu. Al ver a Isabel ahogándose, su rostro se transformó. En dos zancadas llegó hasta Mathieu y le propinó una patada que casi lo tira de la silla.
-¡Oye! -Mathieu estaba a punto de protestar cuando vio quién lo había pateado. Las palabras murieron en su garganta mientras se sobaba la cintura-. ¿Y ahora qué hice?
Parecía haber olvidado por completo sus indiscretas preguntas y comentarios sobre Esteban.
-¿Tanto te interesa saber cómo soy en la cama? -la voz de Esteban destilaba desprecio.
Isabel, que apenas se recuperaba del ataque de tos, volvió a ahogarse al escucharlo. Su rostro ardía mientras tosía con más fuerza, la garganta irritada.
-Yo… este… -balbuceó Mathieu.
Esteban se acercó a Isabel y comenzó a darle suaves palmaditas en la espalda. Ella, aprovechando la oportunidad para desviar la atención, le lanzó una mirada significativa a
Mathieu:
-¿No se supone que ibas por medicina?
Tanto Mathieu como Esteban se quedaron en silencio. Mathieu miró alternativamente a uno y otro, una sonrisa torcida en sus labios.
-Vaya, Isa, qué bien sabes cambiar el tema.
Isabel enterró el rostro en el abdomen de Esteban cuando cayó en cuenta de lo que había dicho. La forma directa de Mathieu se le había contagiado.
Esteban le dedicó una mirada glacial a Mathieu, quien tragó saliva nerviosamente.
-Ya… ya me voy.
Con el asunto de Céline todavía fresco, mejor no provocar más al demonio. Mathieu optó por una retirada estratégica.
Isabel esperó a que se fuera para pellizcar con fuerza el costado de Esteban.
-Todo esto es tu culpa -murmuró. Les contaste a todos y ahora no paran de burlarse de mí.
Ésteban soltó un siseo de dolor y atrapó su traviesa mano entre las suyas.
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