La Heredera 31

La Heredera 31

Capítulo 31 

La ansiedad carcomía a Isabel por dentro. Todo su cuerpo gritaba que huyera de allí. Pensaba que le había explicado claramente a Esteban la situación con Sebastián, pero ahora, mientras el aire se volvía denso con la amenaza silenciosa que emanaba de su hermano, se daba cuenta de que quizás no había sido lo suficientemente específica

Sus pasos resonaron contra el piso mientras daba un paso al frente. Sus ojos, normalmente cálidos, se habían transformado en dos dagas al enfrentar a Sebastián

-¿Qué haces aquí? ¡Largate de una vez

Una risa escapó de los labios de Sebastián. Sus dedos tamborileaban nerviosamente contra su muslo mientras la tensión se acumulaba en su mandíbula

-¿Que qué hago aquí? Vaya, Isabel, si no hubiera venido, jamás me habría enterado de la clase de mujer que eres

Con cada palabra, su voz se elevaba más, hasta que la ira finalmente explotó como una olla

presión

-¡Lo divulgaste todo sobre Iris y yo, solo para encubrir tus propios escándalos! -Su rostro se había tornado de un rojo intenso-. ¡Eres una

Un golpe seco cortó el aire como un látigo

Esteban había movido su puño con la velocidad de una serpiente. Sus nudillos, duros como el acero, se estrellaron contra el rostro de Sebastián con una precisión brutal

La furia en los ojos de Sebastián se intensificó. Para él, Esteban no era más que un salvaje, y el hecho de que un animal así se atreviera a golpearlo solo alimentó más su rabia

Isabel ni siquiera tuvo tiempo de parpadear antes de que ambos hombres se enzarzaran en una pelea. La diferencia de habilidad era evidente: mientras Sebastián apenas mantenia su rutina de gimnasio entre reuniones de oficina, Esteban vivía constantemente al filo del peligro

En dos movimientos precisos, Esteban había sometido a Sebastián contra el sofá. El contraste era casi cómico: Sebastian jadeaba y forcejeaba como un pez fuera del agua, mientras Esteban ni siquiera había perdido el agarre de su toalla 

Por favor que no se le caiga la toalla, por favor que no se le caiga la toalla, rezaba Isabel mentalmente mientras observaba la escena 

-jisabel! -Los ojos de Sebastián llameaban de furia mientras la miraba. En su mente, ella era tan culpable como ese salvaje, quizás más ¿Cómo se atrevía a permitir que un tipo asi la defendiera con violencia

incapaz de descargar su ira contra Esteban, Sebastián volcó toda su frustración hacia isabel

Con movimientos rápidos, Isabel tomó un abrigo cercano

-Toma, mejor pontelo -Se lo lanzó a Esteban, quien soltó a Sebastián para vestirse sin apartar 

Capitulo 31 

ni un segundo su mirada depredadora de él

Incluso después de que todo se calmó, la electricidad en el aire seguía siendo palpable

-Mejor vete ya -Isabel intentó que su voz sonara firme a pesar del temblor en sus manos

Si no se larga ahora mismo, no sale vivo de aquí, pensó con una mezcla de preocupación y exasperación

La sangre de Sebastian hervía. Ver que Isabel le pedía a él que se marchara, en lugar de a ese intruso, fue la gota que derramó el vaso

-Isabel, … 

-Si te atreves a insultarla una vez más -La voz de Esteban cortó el aire como una navaja, te juro que no sales vivo de aquí

Con un movimiento fluido, Esteban extrajo una pequeña pistola del bolsillo interior. El cañón negro apuntaba directamente al pecho de Sebastián, cuyas pupilas se contrajeron y su respiración se congeló en su garganta

La mente de Sebastián trabajaba a toda velocidad. ¿Un arma? ¿En qué clase de locura se había metido Isabel con este tipo

-¿Quieres ver si hablo en serio? -El tono de Esteban era suave, casi casual, lo que lo hacía aún más aterrador

El desafío era claro: que se atreviera a insultar a Isabel una vez más

La sangre de Isabel se heló en sus venas. Durante toda su vida en París, nadie se había atrevido a tratarla así. Y ahora, en este lugarUna risa amarga amenazaba con escapar de sus labios

El peligro emanaba de Esteban en oleadas. Sebastián, que jamás había enfrentado tal nivel de amenaza en Puerto San Rafael, mantuvo la mirada fija en los ojos del otra hombre

-¿Qué más quieres probar? -El desprecio en la voz de Sebastián era palpable- ¿Por qué no te largas

-¡Ya basta! -isabel sentia que la cabeza le iba a estallar, ¿Se volvió loco? ¿No ve lo que Esteban tiene en la mano? ¿Tanto desea morir aquí?” 

Por muy detestable que fuera Sebastián, ella no deseaba su muerte. Al final del día, no existía entre ellos un odio tan profundo como para justificar algo así

La mirada que Sebastián le lanzó hizo que Isabel perdiera la paciencia

-¡Lárgate de una vez! -Su voz se quebró por la desesperación

-Si te quedas aquí parada -Las palabras de Sebastián goteaban veneno-, terminarás siendo solo una lápida en medio del campo

2/2 

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Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
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