Capítulo 313
Capítulo 313
Los rasgos detallados de Carlos, perfectamente delineados, se acentuaban sin sus habituales gafas. La frialdad en sus ojos profundos, ahora descubiertos, helaba la sangre. El tatuaje que se asomaba por su cuello, serpenteante y oscuro, solo intensificaba su aura amenazante. No era casualidad – entre los allegados a Esteban, la bondad y la sencillez eran cualidades casi
extintas.
Paulina se quedó paralizada, con el corazón martilleando contra su pecho. Sus dedos aferraban con fuerza involuntaria el cinturón de Carlos, mientras su mente se negaba a procesar la
situación.
Mathieu entrecerró los ojos con malicia. Se inclinó hacia adelante y sujetó la muñeca de Paulina con brusquedad.
-¡Órale! Ni tan tímida saliste, ¿eh? Mira que agarrarle el cinturón a un hombre apenas conociéndolo… -soltó una risa burlona-. Ya mejor dile que le quieres bajar los pantalones de una vez, pa‘ qué tanto rollo.
El rostro de Paulina ardía de vergüenza. Sus ojos se abrieron como platos mientras intentaba
encontrar su voz.
-Yo… yo no… -balbuceó, incapaz de articular una defensa coherente.
Marina observaba la escena petrificada, especialmente al ver que su amiga aún no soltaba el cinturón de Carlos. El pánico se reflejaba en su mirada.
Paulina alzó sus ojos suplicantes hacia Carlos, encontrándose con aquella mirada punzante que la atravesaba como cuchillas.
-De verdad, fue sin querer… lo siento muchísimo -susurró con voz temblorosa.
-¿Y entonces por qué sigues agarrando? -espetó Mathieu, incrédulo ante la situación.
“¿Esta chica perdió la cabeza? Dice que fue sin querer pero ni suelta el agarre“, pensó mientras negaba con la cabeza.
El terror paralizó a Paulina cuando sus ojos se encontraron con los de Carlos. Su mente quedó en blanco, incapaz de procesar otra cosa que no fuera el miedo que la invadía.
-Perdón… -murmuró apenas audiblemente.
Marina finalmente reaccionó. Con movimientos rápidos pero cautelosos, se acercó y tomó la mano de su amiga.
-Ya, ya se disculpó varias veces. Suéltalo, Pauli -dijo con voz suave pero firme.
-¿Qué? -Paulina parpadeó confundida, como despertando de un trance.
Isabel, que había notado el auto de Esteban detenido en la entrada sin avanzar, salió a investigar. La escena que encontró la dejó perpleja: Carlos arrodillado en el suelo mojado, y los
delicados dedos de Paulina aferrados a su cinturón con una fuerza sorprendente.
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Capítulo 313
-¿Qué está pasando aquí? -su voz cortó el aire tenso. ¿Pauli?
La aparición de Isabel actuó como un interruptor. Paulina soltó el cinturón como si quemara, su rostro adquiriendo un tono escarlata intenso.
-No fue a propósito -musitó, deseando que la tierra se la tragara.
Carlos se incorporó con movimientos controlados, alisando su ropa desarreglada. Sin dignarse a mirar a nadie, dio media vuelta y entró a la casa, su rostro una máscara de disgusto apenas
contenido.
Esteban frunció el ceño al ver a Isabel.
-¿Por qué saliste así de desabrigada? -la reprendió con preocupación.
-Vi que no entrabas y vine a ver qué pasaba -respondió Isabel, antes de dirigirse hacia su amiga-. Pauli, ¿qué sucedió?
El rostro de Paulina ardía de vergüenza. Se levantó de un salto y, evitando la mirada de Isabel, balbuceó:
-Yo… mejor me voy. Adiós.
Sin dar más explicaciones, se alejó prácticamente corriendo.
-¿Qué? -Isabel apenas alcanzó a pronunciar, desconcertada.
Marina salió tras Paulina inmediatamente. La gente cercana al jefe siempre resultaba
peligrosa, y ese hombre tenía una mirada que prometía muerte.
Mathieu se volvió hacia Isabel con una sonrisa traviesa bailando en sus labios.
-Oye Isa, tu amiga salió bien aventada.
-¿De qué hablas?
-Nomás le faltó bajarle los pantalones a Carlos -soltó una carcajada-. ¡Jajaja!
-¡¿QUÉ?! -exclamó Isabel, incrédula.
Paulina, que no había llegado muy lejos, trastabilló al escuchar el comentario.
Carlos giró la cabeza hacia Mathieu con una mirada tan afilada que podría haber cortado diamantes. Era la primera vez que mostraba tal ferocidad, especialmente considerando que solía ser tan despreocupado como el mismo Mathieu.
Isabel frunció el ceño, mirando alternativamente a su amiga que huía y a Esteban.
-Ella no es así -defendió con firmeza.
Esteban le acarició el cabello con ternura.
-¿Le vas a creer a Mathieu?
Isabel le lanzó una mirada fulminante al bromista.
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Capítulo 313
-Con esa bocota que tienes, te vas a quedar más solo que un hongo -sentenció-. Nunca había conocido a alguien tan imprudente.
-¡Eh! Yo solo dije la verdad -se defendió Mathieu-. ¿0 no fue tu amiga la que casi deja a Carlos en cueros frente a todos?
-Se resbaló porque el piso estaba mojado y Carlos estaba cerca, ¿qué no es obvio? -explicó Isabel con exasperación-. Cuando alguien se cae, agarra lo primero que encuentra para no
irse de boca.
Aunque no había presenciado el incidente, podía imaginarlo perfectamente. El problema fuel que lo
que Paulina alcanzó a agarrar resultó ser… particular.
Mathieu abrió la boca para replicar, pero Esteban lo silenció con una mirada glacial.
-¿Te atreves a bromear sobre Carlos? -su voz contenía una advertencia implícita.
En Francia, todos sabían que Carlos era quien hacía las bromas, no quien las recibía. Cualquiera que se atreviera a burlarse de él podía prepararse para una visita nocturna
indeseada.
Mathieu hizo un mohín.
-Yo no dije nada, ¿eh?
-Como si no hubieras dicho suficiente -replicó Isabel.
“Mejor me callo“, pensó Mathieu. “Una sola frase mía puede hacer que alguien quiera que se lo trague la tierra“.
Le dirigió una última mirada extraña a Isabel antes de guardar silencio definitivamente. Nunca debió haber abierto la boca.
Ya dentro de la casa, Isabel notó sus chanclas mojadas. Esteban observó al mayordomo con
severidad.
-¿Por qué no se ha limpiado bien la entrada? -su tono no admitía excusas.
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