Capítulo 316
Un músculo se tensó en la comisura de los labios de Isabel mientras procesaba las palabras
de Paulina.
-No digas que esa es mi madre de verdad.
Solo mencionar ese vínculo sanguíneo hacía que sus sienes palpitaran con fuerza. Los recuerdos de años de desprecios y manipulaciones se agolpaban en su mente como una
marea oscura.
-Entonces considéralo tu último gesto de cariño hacia ella insistió Paulina-. Ayúdala una
última vez.
Isabel guardó silencio. Si Paulina no lo hubiera mencionado, jamás habría pensado que la palabra “cariño” podría usarse de una manera tan irónica.
Después de una larga conversación, finalmente colgaron.
Al salir de su descanso, Isabel se encontró con que Mathieu seguía ahí, recargado contra la pared como si la hubiera estado esperando. Su sola presencia le provocó una punzada de dolor en las sienes. No tenía el menor deseo de escuchar una sola palabra más de su parte.
Intentó rodearlo y seguir su camino, pero la voz de Mathieu la alcanzó.
-Eh, Isa, tengo algo importante que decirte.
Isabel aceleró el paso, sus tacones resonando contra el piso. Lo último que necesitaba era otra de las “conversaciones” de Mathieu.
Sin embargo, él la alcanzó con facilidad.
-Oye, niña, esto es por tu propio bien.
Un espasmo de irritación contrajo la comisura de sus labios. “¿Por mi bien? ¿O para hundirme más?”
Mathieu le extendió una caja.
-Toma esto.
-¿Qué es?
Isabel bajó la mirada hacia el objeto: una caja rosada con letras en inglés. Aunque jamás había tenido uno en sus manos, al leer la descripción sintió que su cerebro hacía cortocircuito.
¿Mathieu le estaba dando… productos para adultos?
-Oye, ¿en qué demonios estás pensando? -sus mejillas se encendieron de golpe.
“¿Acaso no le preocupa que Esteban lo despedace?”
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Capitulo 316
-No me agradezcas -respondió él con aire profesional-. Solo cumplo mi deber como médico. Tú y Esteban volverán a Francia y probablemente necesiten un período de adaptación. No querrás recurrir a trucos bajos para ascender, ¿verdad?
Hizo una pausa y añadió:
-Te lo digo porque la señora Blanchet te considera como su propia hija. No uses ese método para arruinar tu vida.
Otro espasmo sacudió la comisura de sus labios mientras miraba a Mathieu,
momentáneamente sin palabras.
“Por todos los cielos, ¿alguien puede salvarme de esta situación?”
-Eres médico, pero también eres hombre -logró articular finalmente.
Mathieu la miró sin comprender.
-Si tanto querías dar esto… ¿no deberías dárselo a Esteban en vez de a mí?
Isabel no podía creerlo. Ahora entendía perfectamente por qué ninguna chica en Francia quería salir con él. Era guapo y un excelente médico, pero esa boca suya y su nula inteligencia emocional…
-¿Dárselo a Esteban? -Mathieu palideció-. ¿Quieres que me haga picadillo? Isabel, no seas malagradecida, esto es por tu bien.
-Eh…
-¿Qué significa ‘eh‘? ¿De verdad no vas a reconocer un buen gesto?
-Te lo agradezco, de verdad -respondió ella, deseando que la tierra se la tragara.
-No tienes que agradecer. Te conozco desde hace años y te he visto crecer, solo es un recordatorio amistoso -hizo una pausa y añadió-: Espera, ¿estás tomando anticonceptivos?
Isabel se quedó paralizada. Si ya entregarle aquello había sido suficientemente incómodo, la mención de los anticonceptivos la dejó completamente desconcertada. Su mirada se perdió en el vacío.
-¿No los estás tomando? -insistió él.
-¡No! -exclamó ella.
Después de aquel incidente había regresado directamente de la Sierra de los Géisers y ni siquiera había salido. ¿Realmente podría tener tan mala suerte?
Mathieu se golpeó la frente con la palma.
-Esto es un desastre, un verdadero desastre.
-¿Quién queda embarazada en el primer intento? -protestó ella.
-Muchas. Si pueden tener hijos, básicamente sucede en el primer intento.
Capitulo 316
Isabel sintió que le iba a estallar la cabeza. ¿Qué había hecho para merecer esta conversación? -¿Qué es eso de ‘quedar embarazada‘?
La voz de Esteban, baja y cargada de un peligroso desagrado, llegó desde las escaleras.
Isabel, con el corazón desbocado, escondió rápidamente la caja tras su espalda. Mathieu, al ver a Esteban en el descanso de la escalera, sintió que su alma abandonaba su cuerpo.
-Yo…
… yo no dije nada -balbuceó, y sin más, emprendió la huida.
Isabel lo observó alejarse, atónita. Quiso alcanzarlo y arrastrarlo de vuelta; si iba a escapar, al menos debería haberse llevado las cosas que le había dado.
Cuando solo quedaron ella y Esteban, el silencio se volvió espeso como la miel. Los pasos de él resonaron mientras bajaba las escaleras con una calma que solo auguraba tormenta.
Se detuvo frente a ella y extendió la mano.
-Dámelo.
-¿Eh? ¿Qué… qué cosa? -tartamudeó ella, aunque sabía perfectamente a qué se refería.
-Lo que escondes detrás de ti.
Isabel guardó silencio, su mente trabajando a toda velocidad buscando una salida que sabía que no existía.
“Mathieu, si salgo viva de esta, juro que me vengaré.”