La Heredera 325

La Heredera 325

Capítulo 325 

Una risa suave y cruel cortó el aire helado

-Isa, ¿por qué sigues siendo tan traviesa

Apenas terminó de pronunciar esas palabras, la mano del hombre se movió con la velocidad de una serpiente, asestando un golpe preciso en la nuca de Isabel. Su resistencia se desvaneció al instante, como una vela apagada por el viento. La oscuridad la envolvió mientras sus músculos se aflojaban, convirtiéndola en una muñeca de trapo

Lo último que alcanzó a escuchar fue el rugido furioso de Esteban, resonando como el trueno en la noche

-¡Yeray Méndez, hijo de puta

No estaban lejos, pero la distancia pareció estirarse como una eternidad. Yeray murmuró algo ininteligible en su celular y, en respuesta, el aire se llenó con el estruendo ensordecedor de cristales rompiéndose

En cuestión de segundos, Bahía del Oro se convirtió en un campo de batalla. Las detonaciones resonaban por todas partes, convirtiendo la tranquila noche en un infierno de pólvora y plomo

Esteban, con la furia ardiendo en sus venas, llevó su mano a la cintura. El metal frío de su arma respondió a su tacto como una extensión natural de su cuerpo. En un movimiento fluido, apuntó directamente a Yeray, quien sostenía a Isabel bajo su brazo como un vulgar trofeo

-Suéltala

Yeray, lejos de intimidarse, colocó el cuerpo inconsciente de Isabel frente a él como escudo humano. Sus labios se curvaron en una sonrisa desafiante

-¿Por qué no pruebas si tu bala es más dura que su cuerpo

Un destello asesino cruzó los ojos de Esteban. Su aparente calma apenas contenía el deseo visceral de despedazar a Yeray miembro por miembro. Las venas en el dorso de su mano sobresalían como cuerdas tensas, evidenciando la furia que amenazaba con desbordarse

La sonrisa de Yeray se ensanchó, saboreando la impotencia de su rival

¿Ya se te olvidó que tu viejo me la prometió cuando vivía? Solo vengo por mi prometida, ¿qué tiene eso de malo

-Suéltala

Cada palabra salió entre dientes apretados, como si masticara vidrio

Lorenzo también mantenía su arma apuntada hacia Yeray, sus ojos moviéndose instintivamente hacia Esteban, buscando una señal. El siempre calculador Esteban ahora parecía paralizado, con la vida de Isabel pendiendo de un hilo. Sus ojos se habían convertido en dos pozos de vacío abismal

El caos exterior aumentaba su intensidad. Con un movimiento rápido, Yeray lanzó una granada de humo. El dispositivo explotó con un bamsordo, creando una cortina gris que le permitió escapar con Isabel en brazos

Esteban y Lorenzo se lanzaron en su persecución, pero la densa neblina artificial los cegaba. El miedo a herir a Isabel los obligaba a contener sus disparos

El sonido de las aspas de un helicóptero comenzó a resonar sobre Bahía del Oro, como un gigantesco insecto metálico 

acechando desde el cielo nocturno

La furia de Esteban alcanzó niveles apocalípticos cuando Benito Cuevas, el encargado de seguridad, se presentó ante él

-Señor… 

La respuesta fue una patada brutal que casi lo derriba

-¿No te diste cuenta de nada

Benito, quien había servido fielmente a Esteban en Francia y siempre había demostrado su competencia, esta noche había permitido que Yeray se infiltrara sin ser detectado. Lorenzo también estaba en shock; jamás imaginó que Yeray aparecería en Puerto San Rafael, mucho menos que los tomaría tan desprevenidos

La mirada que Lorenzo le lanzó a Benito fue suficiente para silenciar cualquier intento de justificación. Con Isabel en manos de Yeray, cualquier explicación sería buscar una muerte segura

17:56 

capitold 825 

Esteban cerró los ojos, su voz goteando veneno

¿Qué esperas para organizarlo todo

Si, señor

Lorenzo se movilizó de inmediato, con Benito siguiéndolo de cerca, ansioso por remediar su error. Los hombres de Yeray, verdaderos kamikazes, mantenían ocupada a la seguridad de Bahía del Oro en una batalla sin cuartel

Diez minutos después, el silencio volvió a reinar

-Señor -informó Lorenzo al regresar-, está hecho. Los hombres de Yeray fueron eliminados. No quedó ninguno. Esteban no perdió un segundo más y se lanzó tras el rastro de Yeray. La idea de Isabel en manos de ese hombre, que la había codiciado durante años, hacía que su sangre hirviera. Un destello homicida cruzó su mirada

El zumbido de las hélices arrancó a Isabel de su inconsciencia. Al abrir los ojos, desorientada, se encontró tendida en el suelo de un helicóptero. Yeray estaba sentado a poca distancia, reclinado con una pierna cruzada sobre la otra, sosteniendo una copa de vino tinto mientras un médico vendaba una herida en su escápula. La sangre manchaba el vendaje blanco, creando un contraste perturbador

Al notar que Isabel había despertado, Yeray le dedicó una sonrisa torcida

-Vaya, tienes buena resistencia. Solo media hora y ya estás de vuelta

Isabel, todavía aturdida por el golpe y el constante rugido de las hélices, sentía que su cabeza iba a estallar. Pero al encontrarse con la mirada de Yeray, la furia comenzó a hervir en sus venas

-¿A dónde diablos me llevas

-¿Tú qué crees, futura esposa

-Tu futurani madres

La mención de futura esposahizo que Isabel perdiera todo rastro de prudencia. A pesar del espacio reducido de la cabina, se levantó de un salto y en tres zancadas estaba frente a Yeray, lanzándole una patada directa

Yeray apenas alzó una ceja, imperturbable. Antes de que pudiera decir algo, uno de sus guardaespaldas ya había sometido a Isabel 

de hierro. con un agarre 

-¡Suéltame, imbécil! ¡Déjame ir

Pero los delicados brazos y piernas de Isabel eran insignificantes contra la fuerza bruta del guardia. Yeray la observaba debatirse, una sonrisa depredadora jugando en sus labios

Capitala 826 

La Heredera

La Heredera

Score 9.9
Status: Ongoing Type: Native Language: Spanish
La Heredera

Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Options

not work with dark mode
Reset